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lunes, 25 de septiembre de 2017

LA MENTALIDAD DEL DEPREDADOR


Al principio, la palabra depredador aplicada a la personalidad de los narcisistas me sonaba extrema. En la medida en que fui comprendiendo el comportamiento de las personas que sufren este trastorno, me fui dando cuenta que este término, referido a aquellos animales que matan a otros para alimentarse, es algo más que una metáfora, es un verdadero descriptor de la personalidad narcisista.

Como buen cazador, el narcisista se confunde con el paisaje y estudia a su presa, la rodea sigilosamente, le tiende celadas y trampas, toma nota de sus vulnerabilidades y la acosa.

Su alimento no es la carne y la sangre de la víctima, sino el combustible que pueda proporcionarle ya sea en forma de atención y admiración, o a través de reacciones emocionales negativas: llanto, confusión, ansiedad, miedo, enojo.

El depredador busca, además, tomar el control de la vida de la otra persona, manipularla a su antojo, jugar miserablemente con ella: el gaslighting, la triangulación, el reforzamiento intermitente, el tratamiento silencioso. Eso le hace sentir que la domina y que es superior

En el camino, habrá explotado todos los beneficios que puede extraer de su presa: finanzas, amistades, relaciones laborales, el uso del automóvil, influencias, todo lo que pueda. Se creerá con derecho a ello, está convencido de que puede disponer de la otra persona a su antojo. Su apetito depredador es voraz y no conoce límites.
 
El depredador es frío, calculador, sabe esperar el momento, es capaz de mostrarse amable y condescendiente si le conviene, es un maestro consumado del engaño y el disfraz.

Carece de algunas emociones básicas: alegría, tristeza, compasión, ternura, etc. Sus sistemas de apego emocional no funcionan. No tiene conciencia de culpa ni reflexiona sobre las consecuencias de sus actos.

La depredación se completa cuando logra vaciar a la víctima de su autoestima. Literalmente se la roba para sí mismo. Como un vampiro succiona su energía vital, y luego lanza los despojos a la orilla del camino. Sabe perfectamente la destrucción que ha causado, pero no le importa, le es indiferente.

El narcisista ama a su presa tanto como un león puede amar al venado que le sirve de alimento. La ama para destruirla pues de eso vive, ese es su alimento.

En cierta ocasión, el narcisista me comentó sobre sus nuevos compañeros en un proyecto laboral. Me dijo que se les notaba que eran "débiles" y fácilmente "acosables". Me quedé pensando en su comentario: ¿Quién cuando entra en contacto con otras personas observa si los sujetos son fáciles de acosar y manipular? Evidentemente, un acosador de vocación, es decir, el depredador narcisista.

Uno de nuestros errores más frecuentes es juzgar la conducta del narcisista desde nuestra lógica empática, nuestros valores éticos y nuestro modo de percibir el mundo.

Para el narcisista, la vida es una cacería, cada mañana sale en busca de su presa, localiza víctimas que le ofrezcan ventajas que él pueda explotar, identifica sus vulnerabilidades, y las convierte en sus fuentes de combustible

Aunque nos choque, tenemos que meternos en la mente de un depredador, ver las cosas desde su perspectiva, eso nos ayudará a comprender lo que lo mueve y a protegernos de sus zarpazos.

Por supuesto, no todos los narcisistas tienen el mismo perfil depredador, ni el mismo grado de malignidad, los más peligrosos son, sin duda, los encubiertos, porque andan en medio de nosotros disfrazados de personas buenas, inteligentes y encantadoras, y son verdaderos lobos vestidos de ovejas.

Una cosa si les digo, el venado muere y el león se alimenta, pero en nuestro caso, cuando logramos escapar de las garras del depredador narcisista, volvemos a la vida y nos recuperamos. Esa es nuestra victoria. 

@libresdelnarcisista


sábado, 23 de septiembre de 2017

EL DESCARTE NARCISISTA: 8 claves para comprenderlo


El tiempo del descarte. La víctima, que ha sufrido los efectos de la manipulación y el engaño, típicos de la fase de devaluación, sin comprender muy bien lo que sucede, emocionalmente rota, es dejada a un lado, muchas veces en forma abrupta y sin explicaciones.

La experiencia, en la mayoría de los casos, es devastadora.

Durante esta fase del ciclo narcisista, el abusador abandona a la víctima intentando convencerla de que carece de valor. El objeto es degradarla hasta el punto de que sienta que no vale nada. Los medios que utiliza para ello son muy variados, pero todos apuntan al mismo fin: desvalorar completamente a esa persona que hasta ahora le había servido de fuente de suministro.

En realidad, todo sucede en la mente de estos trastornados. Ni la víctima ha dejado de ser valiosa, ni merece este tipo de maltrato.

Al decidir el descarte, el narcisista se desconecta inmediatamente de la víctima. Él necesita toda su energía a fin de obtener y asegurar nuevas fuentes de combustible. A partir de ese momento no empleará su precioso tiempo con una persona que considera inútil.

Las víctimas viven esta fase como si hubieran sido desechadas y arrojadas al estercolero. A través de sus actos el narcisista les muestra todo el odio que había permanecido oculto tras la máscara. Un odio que ha nacido de esa envidia que les corroe como un ácido, y que explica su ensañamiento y crueldad a la hora de deshacerse de sus víctimas.

Para comprender esta etapa del abuso narcisista, hay que tomar en cuenta 8 claves:

1. El descarte se produce cuando la fuente sustitutiva de combustible está en funcionamiento

El descarte sólo se produce, especialmente de la fuente primaria de suplemento narcisista, cuando la fuente sustitutiva está a punto y en pleno rendimiento. Hasta que llegue ese momento el narcisista jugará con ambas víctimas, idealizando a la nueva y devaluando a la antigua. El descarte es el punto de corte, la hora en que decide concentrarse en su nueva adquisición. Nunca se quedan sin fuente de combustible.

2. El narcisista nunca explica las razones reales del descarte

A la hora del descarte, la víctima es abandonada sin recibir mayores explicaciones. Sin comprender nada, desconcertada, la persona que ha sufrido el abuso se embarca en la tarea de analizar, una y otra vez, la relación, intentando encontrar los motivos reales que justifiquen el comportamiento del depredador. Esto no es casual, el narcisista logra así dejar colgada a la víctima, que queda necesitada de una aclaración, que nunca llega, de lo sucedido. Además, sabe que estará en su mente por mucho tiempo, lo que le sirve de combustible, aunque no tenga contacto directo con ella.

3.  Los narcisistas nunca cierran sus relaciones

Relacionado con el punto anterior, hay que saber que los narcisistas nunca cierran formalmente ninguna relación. No esperemos ninguna conversación sana de despedida ni nada parecido. Ni explicaciones ni cierre, eso sería tratar al otro como persona, él simplemente se desengancha, y listo. De esa manera deja la puerta abierta para regresar cuando así lo decida, y llegue el tiempo del hoover o la aspiradora.

4. El descarte no significa el fin del abuso

Al contrario de lo que cabría esperar, el descarte no significa necesariamente el fin del abuso. El narcisista se paseará con su nueva pareja para que el mundo se entere de lo feliz que es ahora, subirá fotos en las redes sociales, o iniciará una campaña de difamación en el entorno de la víctima y la presentará como una persona obsesionada y paranoica. Podrá también hacerle creer a la víctima que el descarte ha sido su culpa y que la otra persona posee mayores meritos y atractivos. Dado el caso, la ignorará por completo como si nunca hubiera existido o fuera un perfecto extraño. De una manera u otra, continuará maltratando a la víctima, denigrándola cruelmente, y obteniendo de ella el combustible negativo que tanto lo empodera e hincha.  

5. El descarte es planeado previamente por el narcisista

El descarte no sucede por casualidad, sino que es decidido y planeado por el abusador con antelación. Dependiendo del grado de malignidad del narcisista es posible que elija el peor momento para la víctima: una enfermedad, un duelo, un cambio de empleo, época de exámenes, etc. En su mente perversa busca hacer el mayor daño posible, y de esa manera “castigar” a la persona por no haber estado a la altura de sus exigencias y por decepcionarlo. Además, es una ocasión especial para extraer un combustible negativo que para él es de primerísima calidad. Una de sus formas preferidas de descarte es hacerle creer a la víctima, en los días previos, que son sus amigos o que les quieren, y luego, cuando la persona ha mordido el anzuelo y se traga la mentira, dar el zarpazo y descartarla brutalmente. El descarte, en realidad, funciona en su mente como una especie de juego o trampa que tienden a la víctima para extraer de ella el máximo posible de combustible, mientras la dejan tirada y rota a un lado del camino.

6. El descarte no significa el fin de la relación con la víctima

Desde el punto de vista del narcisista el descarte no significa necesariamente el fin de la relación con la víctima. Para él se trata, simplemente, del desenganche de un dispositivo que le proveía de combustible y del cual, por lo pronto, se desentiende. Se comporta como el niño que recibe un juguete nuevo, y que, de momento, deja a un lado el viejo a la espera de otra oportunidad, cuando vuelva a necesitarlo o se acuerde de su existencia. Sus víctimas le pertenecen para siempre, él se siente con derecho a disponer de ellas de nuevo si así lo desea. De hecho, lograr el re-enganche de una antigua víctima de sus abusos, se convierte en una fuente preciosa de combustible para él. Llegado el momento se empleará a fondo con todas sus armas para volverla a seducir, reiniciando así de nuevo todo el ciclo del abuso narcisista.

7. El descarte dependerá del tipo de fuente de combustible que seamos

Nuestra experiencia del descarte dependerá del tipo de fuente de combustible que seamos para el narcisista. Los amigos del círculo externo, que le sirven de fachada, es probable que vivan un prolongado período dorado y que nunca conozcan ni la devaluación ni el descarte. Los amigos más cercanos, los que le sirven de monos voladores, son castigados y expulsados de su corte de ipso facto cuando no son fieles o se insubordinan. Son las fuentes primarias, los socios íntimos o la pareja, los que conocerán todo el rigor del ciclo narcisista, incluyendo por supuesto el descarte.


8. La mayoría de las víctimas descubren el trastorno narcisista a partir del descarte

La experiencia del descarte narcisista suele marcar un punto de inflexión en la vida de la víctima. En medio de su desconcierto, descubre el verdadero rostro de la persona con quien, hasta ese momento, pensaba que tenía una relación. Los hechos le demuestran que esa persona, en realidad, no había desarrollado lazos afectivos con ella de ningún tipo. Contempla sorprendida como de la noche a la mañana es dejada y cambiada por otra sin que el narcisista manifieste ningún tipo de aflicción. Sus sistemas de apego emocional parecen fundidos. La frialdad, el odio, la ingratitud y la indiferencia con la que es tratada le demuestran que esa persona carece de empatía y sufre algún tipo de patología. A partir de estos datos, y de otros que va reuniendo aquí y allá, la victima comienza a identificar el trastorno narcisista del abusador y es entonces cuando todas las piezas del puzle empiezan a encajar.

Conclusión: El descarte narcisista es abuso

Amigo, amiga, si has sido víctima de esta fase de la relación narcisista, quiero que sepas que el descarte es ABUSO con todas las letras. Recibir este trato vejatorio por parte de una persona que se suponía que nos quería o que nos consideraba su amigo, atenta contra nuestra dignidad y no tiene justificación de ningún tipo.

Una cosa es poner fin a una relación entre dos personas sanas, una situación de por sí muchas veces dolorosa y difícil, y otra muy distinta el ser descartado de la manera tan brutal y abusiva que emplea el narcisista, sin ofrecer explicaciones, sin cerrar la relación, sin recibir ningún tipo de soporte emocional, sino procurando la destrucción de la autoestima de la otra persona.

No nos expongamos nunca más a vivir situaciones de este tipo. De hecho, el descarte forma parte de la estrategia del narcisista para destruirnos una y otra vez, cada vez que se reinicia el ciclo de la relación. Así es como ellos prosperan, vaciando a la víctima y denigrándola sistemáticamente.

Digamos NO al abuso del narcisista. Nadie tiene el derecho a descartarnos así. Defendamos siempre nuestra dignidad y plantemos cara al abusador ahora que lo hemos identificado. Podremos superar las secuelas de su maltrato, recuperarnos e incluso perdonar, pero lo que no debemos hacer nunca es olvidar como hemos sido tratados por estos trastornados. Nuestra MEMORIA es nuestra arma de defensa y prevención.

Nos quedan pendientes muchos temas en torno al descarte en el ciclo narcisista: los tipos de descarte, las secuelas, el post-descarte, etc., los iremos abordando más adelante. Entretanto seguimos reflexionando sobre estos asuntos.

De antemano, muchas gracias por sus aportes y comentarios

@libresdelnarcisista


lunes, 18 de septiembre de 2017

7 superpoderes que nos liberan del narcisista


La historia es conocida: caímos en las redes del narcisista. A través de insidiosas prácticas manipulativas como el love bombing o el reforzamiento intermitente, nos fue condicionando para que le sirviéramos de fuente de combustible o suplemento narcisista. La relación fue, de principio a fin, una trampa, una auténtica estafa. 

El narcisista se hizo poco a poco con el control de nuestra vida. Nos arrebató el poder sobre nuestras emociones y erosionó nuestro sentido de identidad. Nos rebajó a la condición de objetos, se aprovechó de nuestros rasgos empáticos, de nuestras vulnerabilidades, y nos explotó.  

Las secuelas de su paso por nuestra biografía han sido, sencillamente, devastadoras: depresión, baja autoestima, síndrome de estrés post-traumático, sentimiento de indefensión, ansiedad, etc.

Pero llega nuestra hora, la hora magna de la liberación. Cuando dejamos atrás nuestra condición de víctimas del abuso y nos convertimos en supervivientes. El tiempo en que le arrebatamos al narcisista lo que nos robó: el control sobre nuestra propia vida, nuestra libertad. 

Para hacernos con la victoria disponemos de 7 superpoderes


1. El poder clarificador de los hechos y la realidad

La experiencia con el narcisista nos hizo conocer la acción destructiva de las mentiras en las relaciones humanas. Él utilizó el lenguaje para seducirnos y engañarnos, para hacernos creer en una realidad ilusoria y manipularnos. 

Pero los hechos son los que cantan y dicen la verdad. Nos atenemos a los hechos, y ellos nos guían y nos revelan lo que realmente piensa y siente el narcisista. No es lo que dicen, sino lo que hacen. 

Amamos la realidad, nos aferramos a ella. Cuando prestamos atención al testimonio de los hechos, y nos dejamos guiar por ellos, estamos utilizando este poder y escapamos de la trampa del espejo, el engaño narcisista.

2. El poder energizante de la autoestima

El narcisista depende totalmente del combustible para mantenerse a flote. Carece de verdadera autoestima porque su autoconcepto es fabricado, un "falso yo" que tiene que alimentar constantemente a través de las reacciones emocionales que genera en los demás. 

Nuestra energía es diferente. Nosotros no dependemos de que nos validen externamente para confirmar nuestra existencia y nuestro valor. Disponemos de una fuerza interior, la autoestima, que nos nutre continuamente y nos convierte en seres íntegros y libres.

Recuperar nuestra autoestima es volver a esa fuente, de donde brota nuestro sentimiento personal de autovaloración,  el sentido de nuestra dignidad, lo que somos y sentimos. La verdad de nosotros mismos.

El yo inflado del narcisista se alimenta de la destrucción de nuestra autoestima. Esa es su agenda. Pero nosotros le desbaratamos los planes, porque cada vez que fortalecemos el amor hacia nosotros mismos, y nos valoramos en nuestra dignidad, y nos respetamos, estamos recuperando lo que nos arrebató a través de la manipulación y el engaño.

3. El poder atómico del Contacto 0 

Decretar, y mantener, el Contacto 0 es la muerte del narcisista, es privarle de su fuente de combustible y arrebatarle el control que ejercía sobre nosotros.

Es por eso que la mayor revancha frente al abuso es, sencillamente, cortar todo vínculo con estos seres trastornados y cerrar bien las puertas.

El Contacto 0 es la gran arma que los destruye, ellos lo saben y por eso harán todo lo posible por hacerlo fracasar.  Que salgamos de sus vidas les hace sentir rechazados e ignorados.  Eso les quema. Ellos están convencidos, en su mente enferma, que las víctimas son objetos que les pertenecen para siempre y que han de estar a su entera disposición. El No Contacto contradice estas creencias del narcisista.

Es un poder atómico porque es definitivo y eficaz, la estaca en el corazón del vampiro emocional.

4. El poder del conocimiento como arma de
defensa

El narcisista se ha aprovechado de nuestra ignorancia para perpetrar el abuso. Las víctimas comienzan a ver la luz y a salir del desconcierto cuando descubren la realidad patológica que se esconde detrás del patrón de comportamiento de estos depredadores emocionales.

Educarnos en el trastorno narcisista es clave para salir de la disonancia cognitiva.

El conocimiento es un gran poder de defensa, nos ayuda a comprender lo que sucede y nos guía en nuestra liberación. Es la forma cómo vamos ganando la batalla emocional que todas las víctimas hemos de librar. 

5. El poder de nuestro valores personales como escudo

El narcisista, al principio de la relación, nos hizo creer que era nuestra alma gemela, una copia de nosotros mismos. Se trata, en realidad, de un personaje fabricado para seducirnos y sin existencia real.

A través de su actuación, el narcisista manipula y tergiversa los valores humanos más sublimes: el amor, la amistad, la compasión, la sinceridad, la humildad, la sencillez, la fidelidad, la generosidad, etc. Todo es un disfraz, una simulación. Él es incapaz de vivir estos valores, que atentan contra su narcisismo. Es más, los considera sinónimo de debilidad, y, secretamente, los desprecia.

Nosotros en cambio sí somos capaces de identificar claramente nuestros valores personales y de vivirlos. Ese es nuestro poder, el que emana de nuestra ética.

Nuestro sistema de valores es el  mejor escudo defensivo frente a los antivalores del tóxico régimen narcisista.

6. El poder orientativo de ponerle nombre a las situaciones

Cuando somos capaces de ponerle nombre a la conducta del narcisista, descubrimos el poder de saber orientarnos para salir del laberinto de la relación tóxica en la que nos hemos enredado

En el mismo momento en que empezamos a identificar lo que sucede, y le ponemos el nombre que le corresponde, comprendemos. Saber que su trastorno posee unas características específicas, que la relación sigue un ciclo, que el maltratador emplea determinadas tácticas de manipulación y control, todo eso nos empodera, y nos sirve de mapa para saber cómo actuar.

Por cierto, al abuso hay que llamarlo por su nombre: abuso. No existe mejor forma de superarlo que reconocer, sin cortapisas, su realidad.

7. El poder liberador de la esperanza

Muchas víctimas tocan fondo en su relación con el narcisista, la experiencia repetida del abuso les ha arrebatado lo más sagrado de un ser humano: la esperanza. 

Cuando empieza a usar los superpoderes que tiene a su disposición, la víctima despierta, se da cuenta que sí, que es posible salir del pozo y romper los grilletes de la cárcel. Renace en ella ese fuego que parecía extinguido, el fuego de la esperanza.

La esperanza es algo más que un simple optimismo ingenuo, que en algunas circunstancias puede hacernos daño, se trata más bien de una virtud interior, de una fuerza que brota de nuestro espíritu y que nos hace mantenernos a flote, levantarnos si nos caemos y seguir en la batalla, cueste lo que cueste.

El hombre o la mujer que logra encender esta chispa de la esperanza es imbatible, por más túneles que tenga que atravesar sabe que a la final vencerá y será libre.

 
Amigos, amigas, ya están avisados, estos son los 7 superpoderes que hemos de utilizar para sacudirnos del yugo de los narcisos y las narcisas.

Es hora de levantarse, de plantar cara al abusador y de escribir una nueva página en nuestra historia. ¡Ánimo, compañeros, y adelante!

@libresdelnarcisista


miércoles, 13 de septiembre de 2017

10 signos de Gaslighting en una relación narcisista


Gaslighting. Llevo varios días intentando escribir sobre este tema.   

Después de investigar, aquí y allá, he ido comprendiendo el juego mortal que el narcisista practicaba conmigo: Gaslighting. Ponerle nombre a la trampa que me tendió me ha ayudado a salir de mi desconcierto y a escapar.  

Hacer gaslighting es manipular a una persona para que cuestione o ponga en duda su propio juicio, o percepción de la realidad, alterando así su equilibrio emocional y psicológico.

Por lo general, los narcisistas aplican este juego perverso junto con otras tácticas de manipulación emocional: la negación, el aislamiento y la memoria selectiva, entre otras.

Revisando las notas que tomé mientras estuve en contacto con el narcisista, he llegado a la conclusión que durante toda la relación, de principio a fin, estuve sometido, de una forma u otra, al gaslighting

El abusador busca mediante este insidioso método apoderarse del juicio de la víctima y controlar la percepción que tiene de sí misma y de lo que sucede. La meta es, sencillamente, convertirla en un títere o fantoche para manejarla a su antojo.

En su propósito no escatimará medios: alterará el ambiente, fingirá no haber dicho lo que dijo, utilizará un lenguaje evasivo y ambiguo, negará tajantemente hechos evidentes, se mostrará falsamente preocupado por la salud mental de la víctima, se hará el ofendido si ella cuestiona sus afirmaciones, recurrirá a terceros para convencerla de que algo en ella no anda bien, día y noche sembrará dudas sobre sus capacidades, hará comentarios corrosivos y enfatizará sus defectos y errores.

Es todo un arsenal de destrucción masiva de enormes consecuencias para la vida emocional y el equilibrio psíquico de la persona. Se trata de violencia psicológica en estado puro, cuyas secuelas pueden persistir incluso después que la relación haya terminado.

El abuso,  aunque es continúo, se perpetra progresivamente y de manera encubierta y sutil. Sólo cuando la víctima es capaz de relacionar entre sí las diversas situaciones vividas se da cuenta del daño que ha sufrido. Lamentablemente, con frecuencia, esta toma de conciencia se produce cuando ya es muy tarde, y los efectos del gaslighting son patentes a nivel emocional y psicológico.


10 Signos de haber estado sometido o de padecer el gaslighting

¿Somos, o hemos sido, víctimas del gaslighting? ¿Sabemos identificar a tiempo los signos de esta destructiva táctica de control y condicionamiento? Responder a estas preguntas es de vital importancia a fin de protegernos de la artillería mortífera del narcisista, e iniciar el camino de la recuperación para lo cual es indispensable romper todo contacto con la persona que nos somete a esta peligrosa forma de manipulación emocional y psicológica.

En base a lo vivido, y a la información consultada, estos serían los 10 signos de que somos, o hemos sido, víctimas del gaslighting

1. El abusador se aprovecha de los miedos y vulnerabilidades de la víctima

El narcisista, que ha estudiado los temores y debilidades de la víctima en la etapa del love bombing, se valdrá de este conocimiento a fin de someterla al gaslighting  atacando sus defensas psicológicas y emocionales, y haciéndola sentir inferior o vulnerable. Por ejemplo, si sabe que ella tiene mucha ansiedad con respecto a su peso corporal, hará comentarios negativos para que se sienta insegura sobre este aspecto de su imagen física.

Sus miedos a la soledad, al fracaso, sus inseguridades, todo eso es aprovechado hábilmente por el depredador para sembrar en la víctima dudas sobre sí misma y sobre su percepción de la realidad.

2. El abusador actúa como si conociera totalmente a la víctima

El abusador actúa como si fuera un narrador omnisciente y conociera de antemano lo que piensa la víctima y su modo de ser. Nunca matiza sus afirmaciones sobre ella, sino que sus juicios son siempre categóricos. Es especialista en ponerle etiquetas y en dictar sentencia sobre sus actos. Si ella trata de defenderse o le lleva la contraria, dirá que está mintiendo o que se auto-engaña.

En ocasiones asume una postura paternalista o condescendiente, como si estuviera preocupado por la salud emocional de la víctima, o supiera, sin consultarle, lo que necesita.

3. El abusador intentará que la víctima crea que son “normales” situaciones que, en realidad, no lo son

El narcisista tratará de convencer a la víctima que lo que ella vive en el marco de su relación con él es perfectamente normal y admisible, por lo que debe aceptarlo. Si hace falta, presentará algunos casos para demostrar que lo que afirma es cierto.

Por supuesto, su propósito es ir condicionando a la víctima para que vaya asumiendo como “normales” situaciones claramente abusivas y de maltrato. Por ejemplo, ante el “tratamiento silencioso” dirá que en todas las relaciones hay momentos para estar en silencio, y acusará a la víctima de no comprenderle o de no apoyarle en su necesidad de permanecer callado. Así “normaliza” una táctica manipulativa tan tóxica y controladora como es el "tratamiento silencioso".

4. El abusador cuestiona la cordura o el juicio de la víctima

Si la víctima reacciona o le reclama la situación de abuso o de maltrato que padece, el narcisista no sólo lo negará de plano, sino que se empleará a fondo para que crea que ha perdido la cordura o el juicio. Dirá que es paranoica, o demasiado sensible, o que está sobre-reaccionando, o que está desequilibrada, o que es muy dependiente, etc.

Todas estas expresiones, que tienen un efecto bastante venenoso en la víctima, buscan hacerle creer que el problema reside en ella y en su percepción.

5. El abusador logra que la víctima comience a dudar de sí misma

El narcisista, a fuerza de denigrarla y de invalidar su percepción de los hechos y de sí misma, logra que la víctima empiece a tener dudas sobre sí misma, sobre sus juicios sobre la realidad, e incluso sobre sus capacidades.

Con el tiempo, la víctima se convierte en una persona insegura y dependiente, que busca ansiosamente la aprobación de su maltratador.

6. El abusador, ante la realidad de la víctima, tiene una memoria selectiva

El narcisista niega algunos hechos y palabras dichas en el pasado. Dirá, por ejemplo, que la cita concertada era a una hora diferente a la acordada, haciéndole creer a la víctima que está en un error o que, sencillamente, se lo figuró.  Si la víctima le reclama lo negará sin inmutarse y se hará el ofendido dado que se pone en duda su palabra. Todo esto genera confusión y desconcierto en la persona que lo sufre.

Otra forma de memoria selectiva es el “olvido” de ciertas fechas importantes como cumpleaños, aniversarios, etc. En cambio, recuerda perfectamente los fracasos y errores cometidos por la víctima en otro momento, y los trae a colación incluso sacándolos de contexto.

7. La víctima recurre a la mentira para evitar el enfrentamiento con el abusador

Aunque la persona no tenga el hábito de mentir, a causa del estrés que vive, es capaz de simular que acepta el punto de vista del narcisista y que su percepción concuerda con la de él. Así mismo, ocultará información por temor a que pueda ser utilizada en su contra por el maltratador.

De este modo, evita enfrentarse con el abusador, pues cada confrontación tiene efectos demoledores en su auto-confianza y autoestima, hundiéndola más en la pesadilla del abuso.

8. La víctima teme comunicar a otros lo que está viviendo y se aísla de los demás

Todo el proceso de erosión emocional y psicológica que genera el gaslighting hace que la víctima pierda totalmente la confianza en las demás personas, por lo que tiende a aislarse y a no comunicar a otros el calvario que está atravesando.

Con frecuencia, es el propio narcisista quien ha fomentado deliberadamente este aislamiento, cortando posibles lazos de amistad y familiares que pudieran servir de soporte emocional y psicológico a su presa.

9. La víctima se cuestiona su propia cordura mental y emocional

El gaslighting completa su arco mortal cuando logra que la propia víctima comience a dudar de su propia sanidad mental y de su equilibrio emocional. El lavado de cerebro que ha sufrido ha cambiado drásticamente la percepción que ella tiene de sí misma, y la ha plegado sumisamente bajo las garras del narcisista maligno.

Llegados a este punto, el abusador ha logrado plenamente su objetivo: la completa destrucción emocional y psicológica de su presa.  

10. La víctima presenta un cuadro depresivo

Como consecuencia final, la víctima experimenta todos los síntomas de la depresión: ansiedad, falta de motivación, desesperanza, sentimiento de abandono y soledad, vacío, llanto frecuente, etc.

La persona se siente sin fuerzas para reaccionar, pierde vitalidad, está como entumecida y apagada.


Escapar del Gaslighting: Romper todo contacto con el abusador

No todas las víctimas presentan los mismos síntomas, o en el mismo grado, ello va a depender del tipo de relación que se tenga con el narcisista, del carácter de la persona, y del tiempo que ha vivido bajo el patológico yugo del abusador.

Según sea el daño causado, la recuperación puede durar incluso años. Es posible que algunas víctimas necesiten, por lo menos en algún momento, ayuda profesional para lograr superar las secuelas del abuso que han sufrido.

En todos los casos, la condición indispensable para salir de este espiral letal es romper totalmente la relación con la persona que la ha estado manipulando a través de este venenoso juego del gaslighting.

Decretar el Contacto 0, salir del área de influencia de estas personas tóxicas y trastornadas, despertar de la pesadilla, romper las cadenas del condicionamiento y recuperar el control sobre nuestros juicios y emociones. Ese es, en definitiva, el camino para ser libres del narcisista.


@libresdelnarcisista

domingo, 10 de septiembre de 2017

El "hombro frío" o "cold shoulder": maltrato emocional en estado puro


En un momento dado, especialmente en una situación sensible para nosotros, una persona con la que mantenemos algún tipo de relación cercana, sea un amigo, un familiar o una pareja, nos propina una respuesta fría e indiferente. Es, literalmente, como si nos echara a un lado, haciéndonos el vacío e indicando con ese gesto el poco valor que tenemos ante sus ojos. Eso es lo que se llama el “hombro frío”, o “cold shoulder” como se dice en inglés.

A veces esta respuesta helada, viene acompañada de una mirada de desprecio, o de una sonrisa cínica y maligna.

Se trata de una práctica comunicacional completamente tóxica y abusiva, que deja profundas heridas emocionales, y que afecta la autoestima de la persona que la sufre.

Es, a nivel psicológico y emocional, como si nos dieran una bofetada

De hecho, una de las prácticas de acoso más destructivas, a todos los niveles, es cuando a una víctima se le aplica la “ley del hielo”, y se la ningunea, ya sea de parte de un grupo de clase o de trabajo, o de su propia pareja o amistad.

Los narcisistas suelen dar a sus víctimas el “hombro frío” en el contexto de esa arma de manipulación a la que son tan adictos: el tratamiento silencioso. La víctima, rota por el silencio del depredador emocional, acude a él suplicándole que le hable y que rompa su mutismo. El maltratador, hinchado de poder, lejos de compadecerse y de ceder, le responde dándole el “cold shoulder”, hundiendo más el cuchillo del abuso y generando más daño y desolación.

Pero el momento estelar de “hombro frío” del narcisista es, sin duda, la hora del descarte. Es cuando el narcisista decide deshacerse de su víctima, y, simplemente, la deja tirada con total frialdad e indiferencia, como quien deja a un lado un objeto roto e inservible.

Para calibrar la crueldad del “cold shoulder” debemos tomar en cuenta que esa víctima ha sido condicionada y manipulada, y depende emocionalmente del narcisista. Él se desengancha de ella, sin mostrar la menor preocupación por el estado de postración psicológica y emocional en el que la abandona.

Una cosa es cierta: cuando el narcisista nos da ese “hombro frío” final conocemos el verdadero rostro del depredador emocional, el mismo que ha estado, a veces por años, explotándonos y destruyendo nuestras vidas, y a quien sólo le servimos como fuente de combustible.

Se acaban las máscaras. En ese momento, nos damos cuenta que, a diferencia de nosotros, esta persona no ha desarrollo ningún tipo de lazo afectivo que la ate,   por lo que puede prescindir fácilmente de nosotros. Con la misma ligereza con la que alguien se cambia de camisa.

Ni siquiera somos ya útiles, por lo pronto, como fuente de combustible. Es la consecuencia lógica de la devaluación.

Para muchas víctimas del abuso narcisista es este, quizás, el peor momento de todos. La experiencia, yo mismo la viví, es dolorosa y desconcertante.

Tomemos en cuenta que cuando el narcisista nos da el “cold shoulder” es de las pocas veces que está siendo totalmente sincero con nosotros. En realidad, a él le es indiferente todo aquello que no tenga que ver directamente con él y con su agenda.

Emocionalmente, el narcisista es una piedra de hielo, fría y hueca. El “hombro frío” es, pues, cónsono con esta realidad que es él mismo.


¿Cómo responder ante el “hombro frío” o “cold shoulder”?

Lo primero es reconocer que estamos siendo víctimas de una táctica comunicacional absolutamente abusiva y perversa. Se trata de maltrato en estado puro. Cualquier persona, sea o no narcisista, que nos dé el “hombro frío”, o que observemos que lo aplica a otros individuos de nuestro entorno, es un signo preclaro de su grado de toxicidad, razón suficiente para retirarle nuestra confianza y evitar cualquier tipo de relación con  ella.

Como ante todas las actuaciones del narcisista, lo ideal es no reaccionar emocionalmente. Sin embargo, es muy difícil permanecer impávidos cuando alguien nos da una cachetada, y eso es, emocionalmente, el “cold shoulder”.

Mi consejo es que, pase lo que pase, mantengamos nuestra dignidad y no insistamos dos veces. Si una persona se muestra fría e indiferente con nosotros, es su decisión y no la nuestra. No hay nada que podamos hacer para cambiarla.

No olvidemos nunca que en ningún caso es nuestra culpa. No somos responsables de la conducta patológica de este individuo.

No merecemos, bajo ningún concepto, un trato así.

No caigamos en el juego de reclamarle su respuesta fría y su indiferencia, él lo negará totalmente y nos acusará de ser demasiado sensibles o de estar sobre-reaccionando. Además, sabría de ese modo que nos ha herido lo cual le serviría de combustible y le haría sentir en control.

Simplemente, no reaccionemos. Actuemos como si nada ocurriese y cortemos de inmediato la conversación.

Pero por encima de todas las cosas, repito, mantengamos la dignidad.

Un consejo adicional: tomemos nota del maltrato que estamos sufriendo a través del “cold shoulder”, especificando fecha y situación, para que cuando el narcisista vuelva con su máscara para engañarnos de nuevo, recordemos lo que hemos vivido y no se nos olvide.

Si una persona nos trata de esa manera, nos está indicando, a las claras, que no le importamos. Aunque nos diga que nos quiere, sus hechos demuestran lo contrario.

A través del “hombro frío” los narcisistas nos revelan dos rasgos cruciales de su personalidad trastornada: su total falta de empatía y su incapacidad para amar de verdad a los demás. Esta es la realidad que tenemos que ver y que debe llevarnos a cortar radicalmente con esta persona y a salir del espiral del abuso, decretando un Contacto 0.

Desde aquí quisiera expresar toda mi solidaridad y comprensión con aquellos que han sufrido, de parte del narcisista, esta forma particularmente dolorosa de maltrato.

De este tema debemos seguir reflexionando, por lo pronto permaneceré atento a sus comentarios y aportes.

@libresdelnarcisista