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sábado, 11 de noviembre de 2017

7 PASOS PARA AYUDAR A LAS VÍCTIMAS DEL ABUSO NARCISISTA


¿Cómo ayudar a alguien que ha sido víctima del abuso narcisista o psicopático? Por mi contacto con toda clase de personas, y mi propia experiencia, conozco bien la necesidad que tenemos las víctimas de encontrar apoyo ante una situación que, con frecuencia, nos desborda emocional y psicológicamente.

Muchas víctimas se encuentran aisladas, sumidas en su desconcierto a causa de la disonancia cognitiva, rotas emocionalmente, con sus sistemas psicológicos de defensa debilitados y a merced por completo del vínculo traumático y de sus efectos perversos.

A esto se suma que, a menos que se haya vivido en primera persona, la experiencia devastadora del abuso narcisista es difícil de entender para otras personas.

Hay, incluso, psicólogos y otros especialistas que no comprenden cabalmente este tipo específico de abuso y sus secuelas.

A menudo, esa ha sido mi experiencia, son las propias víctimas las que mejor pueden comprender a las personas que han estado atrapadas en una relación con un narcisista.

Víctimas que han logrado superar el abuso, y que se convierten en las personas "medicina"  que otras víctimas necesitan.

Si nos toca ayudar a alguien que está enfrentando una relación abusiva con un narcisista u otra personalidad tóxica, he aquí 7 consejos de cómo podemos hacerlo de una manera sencilla pero efectiva:

1. ESCUCHAR EMPÁTICAMENTE A LA VÍCTIMA:

Una escucha empática es, quizás, el mejor regalo que podemos brindar a alguien que ha sido víctima de una relación abusiva.

Escuchar empáticamente significa prestar a la víctima la atención que necesita, demostrar interés por su historia, intentando comprender integralmente lo que ha vivido. Escucharla poniéndonos en sus zapatos.

Escucharla con los oídos, escucharla con la mirada, y, sobre todo, escucharla con la cabeza y el corazón.

Escuchar empáticamente implica también no hacer juicios precipitados sobre los hechos vividos por la víctima. No entrar a valorar moralmente ni su actitud, ni su conducta, ni sus errores o aciertos en la relación.

Aceptarla incondicionalmente, aceptarla tal cual es, aceptar su vida, su forma de ser, sus emociones, su historia.

El primer paso para dar apoyo emocional a una persona es, sencillamente, aceptarla.

Tomemos en cuenta que la víctima de un narcisista ha sufrido un corrosivo proceso de desatención y devaluación de sus necesidades emocionales más básicas. En esa circunstancia, una escucha empática es el mejor bálsamo que podemos ofrecerle.

2. NO BANALIZAR LA HISTORIA VIVIDA POR LA VICTIMA

Las víctimas del abuso narcisista sienten una gran necesidad de contar a otros su historia, de esa forma re-conectan con la realidad y reconstruyen lo que han vivido descubriendo su significado.

Dejar que la víctima nos narre la historia del abuso es una forma de hacerle justicia, de validarla en su condición de víctima.

Puede suceder que existan aspectos de esa historia que para nosotros carezcan de importancia, y que para la víctima resulten ser muy significativos. Respetemos la valoración que ella hace de los hechos.

No juzguemos nunca a la ligera lo que esa persona ha vivido. Esa historia es su verdad, no lo olvidemos.

El narcisista ha sometido a esa persona a un proceso, muchas veces encubierto, de invalidación de sus sentimientos, de su percepción de la realidad. Nosotros haremos justo lo contrario, valoraremos y respetaremos lo que esa persona siente y percibe acerca de lo que ha vivido.

3. REFLEJAR EMPÁTICAMENTE LOS SENTIMIENTOS DE LA VÍCTIMA

Una forma muy efectiva de brindar apoyo emocional a alguien es, simplemente, reflejarle los sentimientos que ella nos trasmite de sí misma o de la situación que vive.

Tenemos la tendencia a que si alguien nos comunica algún sentimiento negativo: tristeza, preocupación, angustia, etc., enseguida intentamos convencerla para que no sienta lo que ella misma dice que siente: no estés triste, le decimos, deja tus preocupaciones, anímate, etc.

Es mucho más efectivo, en cambio, simplemente reflejarle, como en un espejo, lo que ella misma nos dice que siente: “observo que eso te hace sentir triste”, “veo que tal situación te preocupa”, “entiendo que te sientes agobiada o confundida”, etc.

Hay personas que cuando alguien les comparte sus emociones, automáticamente desvaloran la realidad emocional que el otro expresa, o le reclaman por sentir lo que siente: no deberías estar triste, le dicen, no hay razón para que estés enfadada, etc.

Otros aprovechan la ocasión para hablar de sí mismos o manifestar sus propias emociones. En ese momento, está claro, dejamos de atender a la víctima y nos centramos en nosotros mismos.

Lo indicado, en cambio, si queremos dar apoyo es, sencillamente, reflejarle a la víctima lo que ella misma nos dice que siente, sin entrar a evaluar sus estados emocionales, aceptándolos tal y como son.

Al hacerlo de esa manera, automáticamente la otra persona se sentirá comprendida, conectará emocionalmente con nosotros, lo cual es, en sí mismo, la mejor ayuda que podemos brindarle en ese momento.

4. AYUDAR A LA VÍCTIMA A IDENTIFICAR LAS SITUACIONES DE ABUSO

Las víctimas del abuso narcisista han estado sometidas a un proceso encubierto de control y de manipulación emocional del cual no son plenamente conscientes.

Bajo los efectos paralizantes del vínculo traumático, han sido condicionadas a soportar situaciones de verdadera violencia psicológica. Con frecuencia, no es sino hasta que viven la fase del descarte, cuando logran darse cuenta del abuso que han sufrido desde el principio y de todos sus efectos destructivos.

A través del ciclo narcisista, la víctima se ha vuelto tolerante a acciones y actitudes del narcisista que vistas desde la perspectiva de un agente externo son claramente abusivas.

Nosotros podemos ser, precisamente, ese agente externo que le ayude a reconocer el maltrato recibido, aquello que ha lesionado su dignidad y su autoestima.

Con nuestro apoyo, la víctima debe aprender a reconocer las manipulaciones del narcisista, sus tácticas de control, la forma como se ha convertido en una fuente de suministro narcisista.

La víctima necesita saber que el tratamiento silencioso es abuso, que el gaslighting es abuso, que la triangulación es abuso, y que también el love bombing es abuso. La víctima tiene que darse cuenta que nadie tiene derecho a someterla a un proceso tan insidioso como la devaluación narcisista o el descarte.

No lo olvidemos, al abuso hay que llamarlo abuso, no hay otra palabra mejor, y la víctima debe reconocer en sí misma su condición de víctima.

De igual manera, a esa persona que hasta ahora ella pensaba que era su amigo, o su pareja, debe aprender a ponerle el nombre que por sus acciones merece: un abusador narcisista.

Acompañemos a la víctima en este proceso tan difícil para ella. Resulta rudo y hasta humillante percatarnos de la ceguera en que hemos estado sumidos por el hechizo del manipulador narcisista.

Recordémosle a la víctima el derecho que le asiste de recuperar su vida, de salir de una relación tóxica que lesiona su autoestima y su dignidad como ser humano.

5. AYUDAR A LA VÍCTIMA A LIBERARSE DEL SENTIMIENTO DE CULPA

Un punto particularmente importante en el proceso de recuperación de las víctimas del abuso, es la liberación  de cualquier sentimiento de culpa que puedan experimentar acerca de su vínculo con el narcisista.

El abusador hará todo lo que esté en su mano para culpar a la víctima de la devaluación a que la somete y del fracaso de la relación. Le hará creer que ella no ha estado a la altura, que  merecía el maltrato sufrido, etc.

Así justifica, como he explicado otras veces, el abuso que comete.

La realidad ya la sabemos: la devaluación estaba decretada desde el principio. La causa no está en la víctima, ni mucho menos, sino en el combustible que el narcisista extrae de ella durante la fase de denigración. Por supuesto, este secreto el abusador jamás lo dará a conocer.

Otra forma de culpa que pueden experimentar las víctimas es creer que ellas han sido responsables del maltrato sufrido dado que lo permitieron. No faltará quien le diga que la causa del abuso está en su perfil psicológico, sus problemas de baja autoestima, o su tendencia a ser dependientes, etc.

Aunque en otra ocasión he hablado sobre este tema (aquí), liberemos a la víctima de esta pesada carga. No confundamos los efectos o secuelas del abuso sufrido con las causas del mismo. En realidad, esa persona fue engañada por un maestro consumado de la seducción, que la sometió a prácticas manipulativas realmente perversas y que perpetró el abuso en base a sus rasgos y vulnerabilidades.

La razón de fondo, si es que necesitamos encontrarla, ha sido el desconocimiento de la víctima sobre la realidad del trastorno narcisista de la personalidad.

La víctima ha pagado bien caro su ignorancia.

6. ANIMAR A LA VÍCTIMA Y COMPARTIR NUESTRO TESTIMONIO DE RECUPERACIÓN

En nuestro apoyo a las víctimas es importante que testimoniemos en algún momento nuestro camino de recuperación del abuso que hemos sufrido.

No es necesario que entremos de lleno en nuestra historia personal, se trata sobre todo de compartir con otros las estrategias que nos han ayudado a superar las secuelas del maltrato.

Para muchas víctimas, resulta alentador saber que otras personas han vivido situaciones análogas a las suyas y que han logrado salir adelante, libres ya de la influencia tóxica del narcisista.

La recuperación del abuso es a veces un camino largo y lleno de dificultades, de allí la importancia de animar a otros en su lucha, de comunicar esperanza en las posibilidades que tiene cada uno de levantar de nuevo la casa de su vida, aunque haya sido arrasada por el paso devastador del huracán narcisista.

Tengamos siempre para las víctimas unas palabras de ánimo y de motivación, seamos para ellas esa presencia, amiga y solidaria, capaz de empujarla en ese reto, ciertamente difícil, de recuperación del abuso sufrido.

7. ACOMPAÑAR A LA VÍCTIMA Y RESPETAR SU PROCESO DE RECUPERACIÓN

La recuperación de la víctimas del abuso narcisista lleva su tiempo y tiene su proceso. Una forma de brindar apoyo es simplemente acompañar a esa persona en su camino particular de superación de las secuelas del abuso.

En ese acompañamiento debemos respetar los ritmos y las necesidades de cada persona. Habrá avances, retrocesos, caídas, días oscuros,… y un volver a empezar cada vez que haga falta.

No todas las fases de la recuperación son iguales. Cada etapa tiene sus propios desafíos. No es lo mismo alguien que recién está descubriendo la realidad del trastorno narcisista, a otra que ya se ha hecho consciente del perfil depredador del abusador.

Muchas víctimas necesitan un apoyo especial, por ejemplo, en el momento del establecimiento del Contacto 0. Las primeras semanas suelen ser las más difíciles, la persona debe aprender a mantenerse firme en su propósito de evitar cualquier tipo de contacto con el narcisista y resistir sus intentos por aspirarla y meterla de nuevo en su burbuja.

Si la víctima tiene alguna recaída sepamos estar con ella en esos momentos de debilidad. Se trata de animarla a retomar su propósito de romper las ataduras con el narcisista.

Hay personas que avanzan bastante rápido en su recuperación y en cuestión de meses ya han superado prácticamente todos los efectos del abuso. Otras, en cambio, quizás por su carácter o porque han vivido una relación más larga o más estrecha con el narcisista, viven un proceso de liberación más lento y difícil.

Aquí no valen las comparaciones, cada caso y cada persona son diferentes, así que no entremos a juzgar el sendero que a cada quien le toca recorrer en su proceso de recuperación del abuso

Sepamos, eso sí, acompañar y animar. No se trata de dar recetas ni de andar prodigando consejos como si fuéramos una especie de gurú. El asunto es saber estar ahí y hacer camino con aquellos que han de enfrentar el reto de la recuperación y que buscan ser libres del narcisista.

De antemano, muchas gracias por sus aportes y comentarios. Un abrazo.


@libresdelnarcisista 

martes, 7 de noviembre de 2017

BANDERA ROJA 4: El narcisista te anuncia el maltrato que va a cometer


Los narcisistas se relacionan con nosotros a través de sus máscaras. De esa manera han aprendido a interpretar las emociones que no sienten. Saben que en determinadas circunstancias socialmente se espera que reaccionen emocionalmente y siguen el guión lo mejor que pueden: un funeral, el encuentro con un desconocido, una entrevista, una fiesta, un evento deportivo, etc.

Cuesta creerlo, lo sé, pero el rostro que vemos del narcisista es siempre un disfraz, una brillante actuación.

Seducen a las víctimas a través de la máscara. El papel que interpretan lo van adaptando a las características de la presa que quieren conquistar.  Es por eso que nunca conocemos realmente al narcisista. La persona que nos hechizó durante la etapa de idealización fue creada ex profeso para atraparnos.

Ellos saben perfectamente cómo mantener escondida la criatura llena de maldad que hay en ellos. Controlan continuamente a la bestia que llevan dentro, de esa forma logran ser aceptados y que su agenda se pueda ir cumpliendo.

He descubierto que hay ocasiones en que el narcisista permite que nos asomemos y atisbemos algo sobre lo que se oculta detrás de la máscara. No estoy hablando de la etapa de devaluación, en esa fase ellos deliberadamente le muestran a la víctima su rostro maligno. Tampoco se trata de un deslizamiento de la máscara por una explosión momentánea de su furia, que hace que la bestia maligna se despierte y nos muestre sus dientes.

Me refiero en concreto a esos momentos en que el narcisista le ofrece a la víctima una mirada fugaz acerca del personaje que se oculta bajo la máscara. Sucede en los períodos de seducción. El narcisista le anuncia de pronto a la víctima algo del maltrato que le espera. El comentario puede ser dicho bajo los efectos del alcohol o, sencillamente, se deja caer sin más en medio de una conversación.

En mi caso, recuerdo perfectamente la vez en que el narcisista me dijo de buenas a primera: “A veces hacemos daño a los demás”. Como vio que me quedé callado, extrañado por ese comentario que no venía a cuento, volvió a repetírmelo y me escrutó con su mirada, fija e impasible.  

Sólo después logré comprender toda aquella escena. En realidad, fue un acto deliberado de su parte para medir mi reacción. Me estaba adelantando lo que me esperaba unos meses después. Leyendo el testimonio de otras víctimas, he llegado a la conclusión que este comportamiento de los narcisistas es más común de lo que pensaba.

El narcisista nos está probando, quiere ver si rechazamos esa sugerencia, o le damos una respuesta comprensiva y empática. En mi caso le respondí que, efectivamente, a veces sin querer hacemos daño a otros. Inmediatamente, y sin hacerse eco del matiz que yo introduje al decir: “sin querer”, me repitió la misma idea y siguió estudiándome en silencio.

Había un extraño brillo de satisfacción en su mirada.

Hoy día estoy convencido que si respondemos excusando tal acción o negando la posibilidad de que suceda, el narcisista comprueba que nos tiene bajo su control y que estamos listos para caer en sus manipulaciones y artimañas.  

Cuando negamos la posibilidad de que nos haga daño le demostramos nuestra inocencia como víctimas, nuestra ceguera con respecto a lo que él es en realidad: un depredador.

Puede suceder que estos avisos surjan a veces, inopinadamente, como expresiones sin sentido de alguien que piensa en voz alta. La máscara se desliza involuntariamente a través del anuncio de un comportamiento futuro o la revelación de un aspecto de su persona, e inmediatamente lo dicho se ignora o pasa camuflado como un comentario tonto o incoherente.

Conviene que nos demos cuenta que lo que piensa el narcisista sale a la luz fugazmente, a través de esos “lapsus linguae”, por la sencilla razón que ya ha empezado a maquinar el maltrato al que planea someternos. Es como si no pudiera aguantarse y nos adelantara algo de cómo nos va a tratar para obtener aquello que más le satisface y quiere: el combustible.

De lo que está lleno el corazón, habla la boca

No lo olvidemos: el maltrato, las manipulaciones, en una palabra, el abuso, es completamente deliberado. Estos trastornados planean de antemano las cosas que nos hacen y, cuando nos lo anuncian, es como si disfrutaran anticipadamente del chute de suministro narcisista que se van a dar a cuenta nuestra.

Estos avisos desconcertantes del narcisista, para quien esté atento, constituyen, a mi juicio, una bandera roja acerca de la toxicidad de la persona con la que nos relacionamos. La gente emocionalmente sana no anda por ahí anunciando de pronto que son malas personas o que piensan hacer daño a otros. Estemos vigilantes y no bajemos la guardia.

Aquí hay 15 frases de este tipo que he recopilado de aquí y de allá. Si alguna vez escuchas estos comentarios en boca de alguien con quien mantienes una relación, presta atención a la advertencia que te está dando acerca de sí mismo, puede ser que te lo diga en serio y que se trate, posiblemente, de un narcisista:

1. Soy realmente una mala persona.
2. Sé que terminaré lastimándote.
3. Deberías mantenerte lejos de mí.
4. Hago cosas malas No puedo ayudar. Siempre lo hago.
5. Puedo hacer que desees no haberme conocido nunca.
6. Lo nuestro va a salir mal, siempre lo hace.
7. Terminarás odiándome.
8. No sabes en lo que te estás metiendo al relacionarte conmigo.
9. No deberías ser tan amable conmigo.
10. Deberías irte de mi vida mientras puedas.
11. Si me conocieras realmente me cerrarías la puerta.
12. Tengo que lastimar a la gente.
13. No quiero hacerte daño, pero lo haré.
14. Te lo aseguro, no merezco tu confianza
15. Créeme, no soy lo que piensas.


@libresdelnarcisista

sábado, 4 de noviembre de 2017

NARCISISTAS y PSICÓPATAS: Semejanzas y diferencias


Cuando descubrí el trastorno de mi amigo, me surgió la duda si se trataba de un psicópata integrado o de un perverso narcisista. El primer libro que leí fue “Amor zero” del psicólogo español Iñaki Piñuel, un excelente tratado sobre la dinámica relacional de los psicópatas y sus dramáticas secuelas en las vidas de sus víctimas.

El trabajo de Piñuel es, a mi juicio, de lo mejor que existe en esta materia en español, sin embargo la descripción que hace de los psicópatas integrados, no se correspondía exactamente con las características que observaba en mi amigo. Por supuesto, encontraba muchísimas semejanzas, pero había aspectos de su personalidad que el texto no especificaba. Obtuve respuesta leyendo otras fuentes, especialmente en inglés, por ejemplo a Sam Vaknin, y otros autores. 

Con el tiempo, logré ponerle nombre al trastorno de personalidad de mi amigo, se trataba de un narcisista encubierto con rasgos sociopáticos, es decir, usando la terminología de Otto Kernberg, otro gran especialista, un narcisista perverso, sin duda uno de los especímenes más peligrosos del reino de los narcisos.

Semejanzas: ¡Narcisistas y psicópatas bailan la misma balada! 

En base a lo que he ido aprendiendo, comenzaré comentando las semejanzas entre psicópatas y narcisistas

En principio, ambos comparten el mismo perfil básico de las personalidades narcisistas: idea grandiosa de sí mismos, creencia de que son únicos y especiales, irrespeto de los límites interpersonales, sentido de estar en derecho, envidia patológica, arrogancia, relaciones de explotación y maquiavelismo, necesidad de admiración, y la más importante de todas: la falta de empatía.

Psicópatas y narcisistas carecen de conciencia moral acerca del daño que infringen a otros, ni sienten culpa ni creen que son responsables del mal que hacen a los demás.

Las relaciones con psicópatas y narcisistas siguen el mismo ciclo: etapa de idealización o seducción, seguida por un tiempo de devaluación o denigración, y, finalmente, el descarte. Ambos son maestros consumados del engaño y el disfraz, expertos mentirosos, fríos, calculadores, estudian las características de sus víctimas y crean una personalidad falsa para atrapar mejor a sus presas.

Psicópatas y narcisistas utilizan las mismas técnicas de manipulación emocional y de control psicológico: el love bombing, la triangulación, el gaslighting, la victimización, el tratamiento silencioso, la negación, el aislamiento, etc.

Ambos mantienen con sus víctimas relaciones altamente abusivas y tóxicas. Como buenos depredadores, siembran caos y destrucción en las vidas de las personas que se enredan con ellos. Las secuelas suelen ser devastadoras: perdida de la autoestima, síndrome de estrés post-traumático, identidad erosionada, ansiedad, depresión, sentimiento de indefensión, disonancia cognitiva, etc.

Las semejanzas, como vemos, son muchas, psicópatas y narcisistas bailan la misma balada; comentemos ahora las diferencias.

Diferencias: La necesidad de combustible  

Los psicópatas no presentan los graves problemas de autoestima y de inseguridad que sufren los narcisistas, por lo que son unos depredadores mucho más fríos y más peligrosos. La autoestima de los narcisistas fluctúa constantemente, lo que les convierte en seres dependientes, adictos al combustible, las reacciones emocionales, la droga que requieren para funcionar y no sucumbir psicológicamente ni desmoronarse a trozos.

El psicópata, en cambio, aunque también busca controlar y dominar a la  víctima, no depende del suministro para actuar y mantener su fachada, su autoestima no está supeditada a los mecanismos de regulación que utilizan sus primos narcisistas.

A pesar de que ambos son bastante susceptibles a la crítica, y reaccionan de manera iracunda y vengativa, el narcisista es mucho más propenso a recibir una injuria o herida narcisista, dada su extremada inseguridad. Aunque aparenta ser fuerte y dominante, en realidad es frágil como el cristal de los espejos donde se mira. En él subyace un sentimiento infantil de vergüenza que no tiene el psicópata y que aflora en determinadas circunstancias, especialmente cuando se ve expuesto o criticado.

En consonancia con esto, el narcisista puede ir cambiando constantemente de víctima, pero nunca se queda sin pareja de baile, es decir, sin una fuente primaria de combustible. Para él, tener una persona que lo sostenga es, sencillamente, imprescindible. En cambio, el psicópata puede subsistir perfectamente como un lobo solitario, su capacidad de establecer relaciones estables en el tiempo es mucho menor que la de los narcisistas, por la sencilla razón de que no depende de ellas para mantener su funcionamiento psíquico y no demuestra ningún interés en nadie.

Todo lo expuesto se relaciona con el diferente origen de ambos trastornos. El narcisismo patológico es un mecanismo de defensa frente a una situación traumática ocurrida en la temprana infancia, lo que truncó el desarrollo de la empatía emocional y la formación de un yo definido. La persona, para sobrevivir al trauma, se ha refugiado en una imagen idealizada que ha creado de sí misma. Esa máscara, que ha sustituido al verdadero yo, se alimenta y sostiene por el combustible, es decir, por las reacciones emocionales que provoca en los demás.

Los narcisistas han crecido en entornos familiares altamente tóxicos, y su trastorno es fruto del abuso, sea por exceso o por defecto, perpetrado por padres, hermanos o primeros cuidadores.

En el caso de los psicópatas, las circunstancias ambientales no parecen ser tan decisivas en el origen de su patología. La predisposición genética y los factores constitucionales son los que han determinado la aparición de su trastorno de personalidad.

Algunos estudiosos afirman que la no empatía y la falta de conciencia moral de los psicópatas es una condición que no es fruto, como en el caso de los narcisistas, de ningún trauma infantil, sino que ha estado con ellos desde siempre. Es pasmoso. Nunca han sentido alegría, ni tristeza, ni remordimiento, y mucho menos sentimientos humanos tan elevados como el amor o la compasión.

En cambio, la empatía y la conciencia moral de los que sufren el trastorno narcisista quedaron anuladas en un momento clave de su desarrollo infantil. Así fue como lograron sobrevivir a una situación de abuso que amenazaba completamente su existencia psíquica y emocional.

Aunque ambas personalidades son altamente tóxicas y destructivas, el psicópata es mucho más peligroso, más cruel, siento menos reparo que el narcisista en cometer actos violentos para lograr sus objetivos. El narcisista cuida celosamente su imagen o fachada y siente menos satisfacción en transgredir la ley, quizás porque lo que le interesa por encima de todo no es tanto hacer daño en sí mismo, como al psicópata, sino obtener el suministro narcisista que le permite subsistir.

¡No bailemos con estos depredadores!: Contacto 0

Ambos trastornos carecen de un tratamiento terapéutico efectivo, su patrón de personalidad es estable. Están convencidos de que no necesitan cambiar, y además tampoco pueden hacerlo porque su ausencia de emociones y de conciencia moral es absolutamente irreversible, ya sea de origen traumático o constitucional.

Tanto en un caso como en otro, si se ha sido víctima de uno de estos especímenes tóxicos la única solución es el Contacto 0, romper todo vínculo con estas personas tan destructivas, escapar lo más lejos posible de su influencia, y comenzar en serio un camino de recuperación y liberación.

¡No bailemos con estos depredadores!: Contacto 0,  y que suene otra música en nuestra vida.

Estaré atento a sus comentarios y aportes. Un saludo.

@libresdelnarcisista

martes, 31 de octubre de 2017

El BLOG "LIBRES DEL NARCISISTA": Una cadena de esperanza


Termina octubre. Dentro de poco, en diciembre, este blog cumplirá un año.

Cuando comencé la página “Libres del Narcisista”, no imaginé que se suscitara ese rico intercambio de comentarios que los lectores, muchos de ellos víctimas del abuso narcisista como yo, han ido tejiendo en torno a las diversas entradas, aportando su experiencia y conocimiento, dialogando entre sí, compartiendo sus inquietudes, brindando palabras de ánimo, testimoniando su camino de recuperación y su solidaridad.

Esta red de apoyo que ha ido surgiendo espontáneamente me llena de honda satisfacción. Para mí los comentarios son el corazón mismo del blog, detrás de ellos están las personas reales, gente de carne y hueso como tú y como yo, que han vivido la demoledora experiencia de relacionarse con un narcisista y que visitan la página convirtiéndola en un espacio virtual que les permite encontrarse, animarse mutuamente, y crecer en el conocimiento de esta realidad tan devastadora del abuso narcisista.

Estas personas son las verdaderas protagonistas del blog “Libres del Narcisista”, pensando en ellas lo he abierto, cuando escribo y organizo mis ideas las tengo en mi mente, mi meta es que pueden encontrar aquí una respuesta que les ayude a salir del laberinto existencial y emocional, la burbuja, en que el narcisista los ha metido con sus condicionamientos, engaños y manipulaciones.

Atiendo el blog en los ratos que me quedan libres dentro de mi horario laboral.  Responder los comentarios me lleva su tiempo, por eso a veces se me acumulan y tengo que esperar algún momento disponible para contestar y actualizar la página. Quiero que sepan que aunque me tarde unos días, leo atentamente todos los comentarios y correos, e intento responder a todo en la medida de mis posibilidades.

He introducido la moderación en los comentarios porque desde el principio aparecieron personas, no sé si narcisistas o no, con mensajes contrarios al objetivo del blog que es brindar apoyo y soporte a las víctimas del abuso narcisista. Para mí es un valor fundamental el respeto incondicional a las personas, a su dignidad, a su dolor e historia. Por eso intento no hacer juicios de valor, ni permito comentarios que puedan resultar lesivos a las personas que, generosamente, han querido compartir su testimonio y experiencia.

A todos los que participan y comparten: ¡Muchas gracias! A lo mejor esa pequeña semilla de un comentario que dejan sembrada por aquí sea la clave para que alguna persona, quizás en otro momento o desde otro lugar del mundo, encuentre la respuesta que busca o una palabra de ánimo y motivación que le ayude a emprender el camino de la recuperación.

En la superación del abuso narcisista las víctimas tienen una palabra que decirse mutuamente. Podemos acudir a algún especialista, leer buenos libros sobre el tema, ver vídeos, etc. todo eso está muy bien y es recomendable y necesario, pero nada sustituye al papel de una persona que ha vivido la misma experiencia que tú y que puede comprenderte y darte una palabra de aliento y humanidad.

Nada más reconfortante que una voz amiga que te diga: “He estado roto como tú, conozco lo que vives, te comprendo, venga, toma mi mano, vamos a salir de esta trampa, la recuperación es posible, subamos juntos la cuesta”.

La meta es clara para todos: romper las ataduras del maltrato emocional y psicológico, superar las secuelas del abuso y recuperar la vida, sanando nuestras heridas, sanando, sobre todo, nuestra autoestima, haciendo de esta experiencia, para algunos tan devastadora, una oportunidad para crecer como seres humanos íntegros y felices, viviendo acordes a nuestra dignidad y valor, en comunión de vida con las demás personas.

En el logro de este objetivo, tú y yo somos necesarios, tu palabra y la mía son esa cadena de esperanza, la gran fuerza que enciende de luz los corazones y transforma una vida rota por el abuso, en hombres y mujeres nuevos, radiantes y llenos de vida.

@libresdelnarcisista 

sábado, 28 de octubre de 2017

¿QUÉ SIGNIFICA QUE EL NARCISISTA CAREZCA DE EMPATÍA?: 8 claves para comprender el problema


La falta de empatía,  uno de los criterios que mejor definen al narcisista, es quizás el elemento que más impacto genera en la víctima cuando descubre el trastorno de personalidad que sufre el abusador.

La empatía suele definirse como esa capacidad de conectar emocionalmente con otras personas, de ponernos en su lugar, de experimentar en forma refleja sus emociones y sentimientos y de comprenderlas en su contexto. Para la mayoría de nosotros se trata de una capacidad tan connatural de nuestra inteligencia que ni siquiera reparamos mucho en ello; es más, en nuestras interacciones con los demás, la presuponemos espontáneamente en los otros.

La empatía es el corazón de la inteligencia emocional.

La convivencia entre nosotros es posible, gracias, precisamente, a la empatía. Compartimos valores, nos reímos, sentimos compasión o nos indignamos, nos invade la tristeza o la nostalgia, la ternura,… nos abrazamos y besamos, nos tomamos de la mano… porque somos seres emocionalmente inteligentes, seres empáticos que saben reconocer esta sinfonía emocional en sí mismos y en su entorno, juzgando, a priori, que esta misma experiencia es común a otros seres humanos.

La experiencia con el narcisista trastoca por completo esta creencia que, tácitamente, mantenemos, la idea de que todos somos capaces de comprender recíprocamente emociones y sentimientos. Los narcisistas no lo hacen, ni quieren, ni pueden hacerlo. No tienen empatía. Esto nos desorienta por completo.

Está tan arraigada en nosotros esta presunción de la empatía de los otros, que una y otra vez he visto como las víctimas vuelven a referirse al abusador narcisista como si fuera una persona empática, y se comunican con él utilizando un lenguaje emocional, y sufren mucho pensando que el maltratador no manifiesta sentir esto o lo otro.

El desconocer qué significa este déficit emocional tan severo que sufre el narcisista, nos hace más vulnerables a sus tácticas de control y manipulación.

En lo personal, a mí tampoco me ha sido fácil comprender este rasgo del narcisista. Ha sido un largo camino salir de mi propio desconcierto ante una realidad tan ajena a mí mismo, e ir descubriendo, sobre todo a través de la observación, lo que realmente entraña la falta de empatía de las personas que sufren este desorden de personalidad.

Reuniendo datos de aquí y de allá, y en base a mi propia experiencia, ofrezco a continuación las siguientes 8 claves para comprender el problema: la carencia de empatía del narcisista:

1. El narcisista es capaz de entender nuestras emociones, pero no las siente en sí mismo:

Existen dos clases de empatía, una empatía cognitiva, también llamada empatía fría, mediante la cual logramos entender y captar que tal persona experimenta determinadas emociones y sentimientos; y una empatía emocional, gracias a la cual sentimos en forma refleja las experiencias emocionales y los sentimientos de los demás.

El narcisista mediante la empatía cognitiva sabe perfectamente qué emociones estamos sintiendo, si nos alegramos o sí sufrimos, etc., pero no es capaz de experimentar en sí mismo estos sentimientos; sencillamente, no los siente, así de claro. Carece por completo de la llamada empatía emocional, pero reconoce nuestras emociones a través de su empatía fría o cognitiva.

Es por eso que cuando hiere emocionalmente a otras personas, cuando las humilla o ningunea, es plenamente consciente del dolor que está causando en otros, pero no es capaz de sentirlo o de experimentarlo en sí mismo, por lo que, en realidad, no le importa generar daño si así obtiene lo que busca: el combustible, es decir, las reacciones emocionales de la víctima.

2. Hay algunas emociones que sí experimenta el narcisista

La vida emocional del narcisista es bastante pobre y poco profunda, pero la carencia de emociones no es absoluta. No experimenta alegría, por ejemplo, ni tristeza, ni mucho menos compasión hacia el sufrimiento ajeno. Sólo puede deducir la existencia de estos sentimientos cognitivamente, y ello a través de nuestros gestos y palabras.

Si siente en cambio el latigazo de la ira, a veces en forma de una furia fría, una rabia que tiene que reprimir casi continuamente y que lo arrastra de vez en cuando. También es capaz de sentir un odio bastante destructivo, fruto sobre todo de la envidia patológica que lo corroe por dentro. Además, experimenta fuertes deseos de venganza y siente una gran satisfacción cuando logra sus objetivos en contra de aquellos que le han causado alguna injuria narcisista.

Finalmente, aunque es bastante frío, en algunas circunstancias es capaz de sentir temor si se siente amenazado, especialmente si su imagen pública queda en entredicho o se ve expuesto delante de otros. Así mismo, sufre momentos de desbalance muy profundos, experimentando una suerte de depresión, particularmente si se queda sin combustible o suministro.

Otra emoción muy común en el narcisista es la vergüenza, que hunde sus raíces en los traumas de su infancia que originaron su trastorno de personalidad.

 3. Para el narcisista los rasgos empáticos de su víctima son su mayor debilidad

El narcisista ha dividido el mundo en fuertes y débiles, en su mente trastornada su ausencia de emociones, su frialdad, es una fortaleza que lo hace superior, frente al carácter emocional de su víctima, que la convierte en un ser inferior y manipulable.

De esta manera, racionaliza su carencia de empatía, un rasgo que justificaría su grandeza y superioridad frente a la debilidad de la víctima.

En consonancia con esta percepción, desprecia secretamente el lenguaje emocional, que no comprende, y que considera propio de personas débiles y controlables, y huye de toda experiencia que implique verdadera intimidad con otro ser humano, lo que constituye una amenaza a su grandeza y superioridad.

4. El narcisista suscita reacciones emocionales, positivas y negativas, como un medio de obtener poder y control sobre la víctima.

Llama la atención cómo alguien que carece de emociones, se alimente psicológicamente, precisamente, de las reacciones emocionales de los demás, es decir, del combustible, la razón última de todo lo que hacen.

Ello es así dado que manipular emocionalmente a los otros es la forma como obtienen poder y control sobre los demás. Ellos viven a través de las reacciones emocionales que provocan en otros, así se validan y construyen el falso yo que se han creado  

El narcisista, un adicto del poder y del control, ha descubierto que la mejor manera de tener a las personas bajo sus garras es manipulando sus emociones y sentimientos, esto hincha su ego y los obsesiona, aunque ellos no sientan estas emociones.

5. El narcisista no desarrolla vínculos afectivos con otras personas.

Los seres humanos emocionalmente sanos desarrollamos vínculos afectivos con las personas con las que nos relacionamos, no así el narcisista que es incapaz de conectar con las necesidades y sentimientos de los otros, salvo para manipularlos y gratificar su ego enfermo e inflado.

El narcisista sabe por experiencia que si logra que su víctima desarrolle vínculos afectivos intensos ya sean de amistad o de pareja, su acción manipuladora y de control emocional se hace mucho más fácil y es más destructiva. Él, por su parte, emocionalmente hablando, carece de cualquier atadura que lo ligue a alguien, es por eso que es capaz de sustituir a su víctima por otra persona sin que medie ningún tipo de duelo, en un abrir y cerrar de ojos.

Por otra parte, los sistemas de apego emocional que funcionan en las relaciones humanas normales están desactivados en el narcisista. Tarde o temprano, la víctima comprobará que el abusador nunca la ha visto como una persona, que siempre la ha considerado un objeto o cosa que puede desechar según su capricho.

Cuesta aceptarlo, pero hay que saberlo: los narcisistas no son capaces de amar, ni a un amigo, ni a un hijo, ni a una pareja. Es más no sólo no pueden amar, tampoco toleran que se les ame, un sentimiento que les resulta amenazante y que ellos no pueden sentir. Decía Sam Vaknin, experto en el tema, que los narcisistas “odian ser amados y aman ser odiados”, porque, como hemos visto, el odio es una emoción que ellos sí pueden experimentar y corresponder.

Por todo lo dicho, el narcisista es incapaz de extrañar a la otra persona, en el mejor de los casos puede que se acuerde del combustible que recibía de ella, y poco más.

6. Simulación de emociones a través de gestos y palabras

El narcisista disfraza su total ausencia de emociones y sentimientos reproduciendo los gestos emocionales que observa en las otras personas e imitando su lenguaje. Sabe que si la gente supiera hasta que punto carece de las emociones básicas que caracterizan al ser humano sería de inmediato rechazado socialmente.

El lenguaje y los gestos emocionales del narcisista son una impostura, forman parte de la máscara que proyecta de sí mismo de cara a la galería. De hecho, una de las razones por las cuales se siente atraído por las personas empáticas es porque le sirven de modelo para aprender a expresar emociones y sentimientos delante de los demás.

Aunque son excelentes actores y manejan con exquisitez el lenguaje con fines manipulativos, si la víctima está atenta notará algunas disonancias en las expresiones emocionales del narcisista. Por ejemplo, dirá frases compasivas pero notaremos en su mirada una frialdad que contradice lo que dice, o de pronto nos sorprenderá con expresiones bastante rudas y hasta agresivas, que intentará matizar enseguida con palabras aparentemente empáticas.

7. La no-reacción emocional de la víctima constituye una amenaza para la existencia del narcisista

Como hemos dicho, el narcisista, un ser carente de emociones, vive vicariamente de las emociones que despierta en otros, así sostiene su construcción. Cuando no logra extraer reacciones emocionales, cuando se tropieza con la frialdad tranquila, con la indiferencia sosegada, de la persona con la que interactúa es como si le clavaran una estaca en su corazón de vampiro.

No puede vivir sin las respuestas emocionales de los demás porque dentro de sí mismo no encuentra absolutamente nada que valide emocionalmente su existencia.

Ante la frialdad emocional, el narcisista huye despavorido.

8. Vacío existencial

La vida carente de emociones y sentimientos del narcisista es mortalmente vacía. Estas personas viven un permanente desierto existencial donde no hay ni alegría ni tristeza, en realidad nos cuesta imaginarnos una vida así, hundidos en este vacío existencial crónico que sufren los narcisistas.

Este paisaje en blanco y negro que contemplan hace que se aburran con extremada facilidad. Incapaces de amar, de  establecer vínculos con nadie, van cambiando de fuente de combustible repitiendo el ciclo del abuso constantemente, siempre vacíos y hambrientos, intentando aliviar su malestar a través de experiencias intensas que les ayuden a sentir que están vivos,  o refugiándose en conductas de tipo adictivo como el sexo express, las drogas, el alcohol, los juegos de azar, etc.


@libresdelnarcisista