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domingo, 31 de diciembre de 2017

Adiós al 2017: El pliego de mis derechos


Último día del 2017. Vuelvo al Caribe. Mar madrecito de mis noches, suple mi precariedad.

Sobrecogimiento de la hora. Todo regresa a su sitio. Ausencia de las voces que un día poblaron el hemiciclo de la playa. Silencio de pájaros.

Preguntas sobrevuelan las olas apagadas del año que se agota, se enfría.

¿Quién soy? Esa millonésima gota bullente, el llanto quebrado de antiguas rocas carbonizadas, un reflujo salino de piedra majada sobre la solana del volcán.

Todos los senderos aquí, hermanados, frente a un sol que lentamente se desconecta, purpureo.  

La brisa humilde de Elías, teofanía del amor sin alboroto, me visita.

Yo, naufrago de mis mares interiores, casi un prófugo del tiempo, hago el descargo de mis reivindicaciones; en esta tierra mítica de Karibania, alzo mi voz, leo el pliego de mis derechos:

I. Tengo derecho a decidir quién forma parte de mi vida y quién no. No me dejaré chantajear ni por la soledad, ni por la costumbre, ni por el miedo. Es un asunto de dignidad. 
  
II. Tengo derecho a llamar a las cosas por su nombre. La idealización es abuso, la devaluación es abuso, el descarte es abuso, las manipulaciones y las mentiras son abuso. Al que abusa, lo llamaré también por su nombre: abusador.

III. Tengo derecho a decir “Si” y a decir “No”. No estoy obligado a complacer a la humanidad en todo, ni a dar explicaciones de mis decisiones personales. Me propongo, en la medida en que pueda, ser amable con los seres humanos.

IV. Tengo derecho a tener mi propia agenda de vida, a establecer mis objetivos y a decidir los medios para lograrlos, según mis posibilidades. Tengo derecho a organizar mi tiempo y el uso de mis recursos.

V. Tengo derecho a la risa y a las lágrimas, a la fiesta y también al duelo. Tengo derecho a la rabia y al enfado. Tengo derecho a ser tierno, compasivo, solidario.  

VI. Tengo derecho al conocimiento y a comprender lo que he vivido. El saber es patrimonio común de la humanidad, y no el monopolio de unos pocos. Tengo derecho a la información y a investigar la verdad. Tengo derecho a compartir con otros lo que sé. Tengo derecho a seguir aprendiendo hasta el final de mis días.

VII. Tengo derecho a defenderme y a establecer mis límites, a no reaccionar emocionalmente si no quiero, a abandonar una discusión ante cualquier agresión o falta de respeto. Tengo derecho a ser tratado como persona, a que se reconozcan mis legítimas necesidades y mis derechos.

VIII. Tengo derecho a pensar por mí mismo y a cambiar de opinión. Tengo derecho a disentir. Tengo derecho a apoyar las causas que considero justas.

IX. Tengo derecho a equivocarme y a tener éxito. Tengo derecho a no ser perfecto, a dar lo mejor de mí mismo y a lograr mis metas.  

X. Tengo derecho a comenzar de nuevo. Tengo derecho a la esperanza.   

El tiempo nace, regresa el génesis, se inaugura una era: "He aquí, que hago nuevas todas las cosas"

Bienvenido año 2018

Regreso bordeando las palmeras. El cotorreo del viento agita mi camisa.


@libresdelnarcisista

sábado, 30 de diciembre de 2017

Carta abierta al narcisista



“…lo que supe y no pudo ser
más que silencio”
Silvio Rodríguez, Testamento

Amigo narcisista:

Al concluir el presente año 2017,  he decidido dirigirte una carta abierta sobre lo que nunca te dije. El tiempo y la experiencia de nuestro trato me convirtieron en un asceta de las palabras.  

Me marché de tu vida calladamente, sin grandes anuncios, sin escenas. Busqué el momento apropiado, te anuncié mi partida, y cerré la puerta. No imaginas, ni por asomo, el tirón que sentí. Procuré aplicar el bisturí limpiamente, aunque estaba consciente de que hiciera lo que hiciera, te causaría una herida.

Me considerabas una extensión de ti mismo, un objeto de tu propiedad. Así me percibes. Mi marcha fue una afrenta a tu delirante régimen, una injuria que atentaba contra tu endiosado ego.

Nunca te lo dije, ni te lo voy a decir, pero sé que sufres un trastorno grave de personalidad narcisista. Eso lo descubrí la primera vez que me descartaste, justo un año antes de mi partida. El cómo logré identificar tu patología es algo que me ahorraré contarte ahora. Quizás algún día escriba esa historia, y a lo mejor, tú mismo, sin saber que soy yo, llegues a leerla. En todo caso, estará dedicada no a ti, sino a las víctimas.

No he sabido nada sobre ti en todo este tiempo, tampoco he respondido a tus dos intentos por comunicarte conmigo.

Variados sentimientos me sobrecogen ahora.

Me espanta tu vacío existencial, ese agujero negro y frío que llevas dentro, fruto de tu desconexión con tu verdad, con esa realidad rota y oscura que eres tú.

Me espanta tu soledad irremediable. Encerrado en tu torreón, no logras conectarte con nadie. El amor o la amistad son palabras huecas para ti. Sólo conoces el vínculo entre el amo y el esclavo. En tu universo sólo existe tú. Es absolutamente desolador. Nunca serás capaz de verdadera intimidad con otro ser humano. Terrible.

Me espanta sobremanera el abuso que sufriste, el ambiente tóxico y privado de amor donde te formaste, tengo en mi mente el niño herido e indefenso que se esconde detrás de tu máscara. He llorado pensando en esto. Desconozco todos los pormenores del caso, pero intuyo perfectamente lo que ha sucedido.

Me estremece pensar que otros niños y niñas, en este mismo momento, en tantas partes del mundo, son víctimas de los mismos abusos que te convirtieron en un narcisista. Ello me conmueve sobremanera.

Me espanta pensar en tus nuevas víctimas ¿Cuántas vidas destruirás a lo largo de tu camino? Conozco toda la devastación que eres capaz de causar. Eres un mago de la mentira, un experto en el juego de la manipulación y la trampa. Careces de compasión, no sientes empatía por nadie, estas desprovisto de conciencia moral, y te alimentas del sufrimiento de tus presas. Tu existencia vampírica te ha convertido en un agente del mal, una especie de virus infiltrado en el cuerpo sano de la humanidad.

Me espanta, por sobre todas las cosas, lo definitivo de tu condición, no puedes cambiar. Tampoco lo deseas. Contigo tuve que romper el mito de que no hay nada imposible. El amor no lo puede todo. Me costó, lo confieso, pero lo acepté. Encerrado en tu telaraña de mentiras, te has convertido en un adicto de la maldad que destilan tus acciones. En realidad, mientras más daño causas a otros, más te creces. Esta verdad, que te convierte en un depredador, me resulta, sencillamente, aterradora.

Aquel vínculo de amistad que tuve contigo ya no existe, lo aborté. Pero ese espacio que ocupabas en mis afectos no lo he llenado de odio. Me ha salvado la comprensión que tengo del problema que eres tú mismo. Mientras más comprendo tu trastorno, menos expuesto estoy a la cadena del resentimiento, y más me protejo y me confirmo en mi decisión de no establecer ningún contacto contigo. Nunca más.

Sé que te encantaría que te odiara, que darías cualquier cosa porque yo estuviera amargado, que te despreciara y que escupiera maldiciones y reproches. Esa sería tu gran victoria. Lo siento, pero no hay odio, seguí otro camino, más sano, menos emocional, el de aceptación de la realidad vivida, el de la comprensión y el entendimiento. No lo hecho por ti, sino por mí mismo.

Me declaro, eso sí, enemigo acérrimo de tu narcisismo patológico y del abuso. Estoy en pie de lucha. Hace un año he abierto un blog para apoyar a las víctimas de tu trastorno. No tienes ni idea todo lo que me enseñaste, y lo que aprendí, acerca de tu narcisismo. Ese conocimiento pertenece ahora a las víctimas, ese es mi botín de guerra, el precio que pagaste por el abuso que perpetraste.

Te deseo lo mejor en el año que vamos a comenzar, pero ojalá no consigas nuevas víctimas de tu maldad. Espero sinceramente que te quedes sin combustible, ni positivo ni negativo, que te apliquen el método de la piedra gris, que tus víctimas se te planten con dignidad, que fracasen todos tus “tratamientos silenciosos”, que se te caiga la máscara, colapses y salgas huyendo. No tengo nada contra ti, pero ya te dije que estoy en combate contra el abuso narcisista. No tienes ningún derecho a seguir provocando llanto y destrucción en otros seres humanos, gente inocente que no tienen la culpa de tu tragedia personal.

Recibe un feliz año 2018 

   @libresdelnarcisista       

jueves, 28 de diciembre de 2017

¿CÓMO SON LAS VÍCTIMAS DE LOS NARCISISTAS?


En el día de los Santos Inocentes
dedico mi reflexión a todas  
las víctimas del abuso narcisista  

¿Qué convierte a una víctima en víctima?: la elección del narcisista, sin ninguna duda. Una vez que ha sido enganchada por el abusador, éste descargará sobre ella toda su agresividad, su violencia perversa.

El agresor ha elegido a su víctima porque está tiene algo que él no tiene, algo que en el fondo envidia: vitalidad, alegría, generosidad, don de gente,… y, sobre todo, empatía. En su pensamiento mágico el narcisista busca robarse estos atributos, si fuera posible, apropiárselos, y, en último término, destruirlos.

Las víctimas son envidiadas por la felicidad que irradian. Esto es lo que no soportan estos seres oscuros y rotos. Su luz, su potencia vital las ha convertido en presas apetitosas para el depredador.

Al principio, durante la seducción, el narcisista percibe a su víctima como un objeto que brilla. En realidad, le importa poco quien sea, lo que le interesa es que sea manipulable, alguien que pueda dominar y explotar, y convertir en fuente de combustible o suministro. En el momento en que decrete su devaluación la convertirá en objeto de su odio y maldad, luego la desechará.

El depredador, al elegir a su presa, se fijará si manifiesta externamente sus emociones, a través de gestos y palabras, tanto positivas como negativas. Buscará además otras características para él muy convenientes: su sentido de responsabilidad, su deseo de ayudar a otros, su carácter compasivo. Estas son las víctimas ideales.

Además, observará sus rasgos de personalidad, y si los encuentra atractivos, se los apropiará para él, formarán parte de su construcción. También considerara, acorde a su talante explotador, otros beneficios que puede aportarle la víctima en términos de fachada, amigos, influencia, dinero, estatus, etc.

Durante la seducción el abusador identificará las vulnerabilidades de la víctima. Todas las personas, como he señalado en otras ocasiones, presentan puntos débiles que pueden convertirse en puntos de enganche para el narcisista. Esos son los botones que pulsará en su momento para dominar a la víctima y provocar en ella las reacciones emocionales que busca por sobre todas las cosas.

El depredador demuestra una gran intuición a la hora de identificar las debilidades de la víctima, está atento para descubrir que le hace sentir dolor emocional o lo que la hiere, ese es el asunto para él más importante.

El narcisista necesita a gritos llenar su vacío, el agujero negro que se encuentra en el centro de su ser. Para no colapsar, para volver a sentir que existe, recurre a las emociones de la víctima, necesita pinchar su sangre, recibir su atención emocional, por eso la manipula y controla, la humilla, la vampiriza hasta vaciarla por completo. Sólo así el agresor logra sentirse con poder, omnipotente y capaz de todo.

El abuso hace que salgan a la luz aspectos de la psicología de la víctima que quizás ella no había visto de sí misma, o de cuya existencia no era consciente. El depredador se ha valido de ellos para destruirla: carencias afectivas, traumas de la infancia, estados depresivos reprimidos, déficits de autoestima, experiencias de soledad, etc.

Todos los seres humanos arrastramos un cúmulo de heridas emocionales, traumas no resueltos del pasado, memorias dolorosas. El narcisista, sádicamente, clava sus colmillos de vampiro en estas vulnerabilidades que percibe, justo donde puede causar más daño y desolación.  

Por eso es que las secuelas de la agresión narcisista son tan devastadoras para el que las sufre. El narcisista cuando maltrata a la presa actúa como un espejo en negativo. La buena imagen que tenía de sí misma se esfuma y se transforma en desamor.

Esta es la obra maestra de un depredador. Afirmar que la víctima es su cómplice por haber permitido la agresión que sufre, es no comprender el proceso previo y sus efectos. Esta persona fue condicionada de manera encubierta y perversa, sus emociones y su psiquis fueron manipulados, sus sistemas psicológicos de defensa, desmontados. Se encuentra, literalmente, paralizada.

Se trata, en muchos casos, de una grave agresión moral de hondas dimensiones, incluso diría de un intento de asesinato psíquico.

Juzga mal quien piensa que la víctima es masoquista o depresiva. La realidad es que está psicológicamente atada por el discurso totalitario del narcisista que niega su existencia como ser humano. No hay reciprocidad, no hay vínculo, no hay empatía, se trata de una tiranía en la que no existe la posibilidad de decir “No”.

Muchas víctimas sienten vergüenza por no saber salir o defenderse del abuso que padecen. En esta sociedad, todo el mundo quiere dar una impresión de listo, de duro e incluso de agresivo, pero no de débil, eso pesa en la imagen que las víctimas tienen de sí mismas.

Ninguna de las víctimas de los narcisistas que he conocido amán el sufrimiento por el sufrimiento mismo. Al contrario, cuando logran librarse de la tiranía de su verdugo, sienten una enorme liberación, sienten que están vivas y que pueden, al fin, respirar aire puro. Esa es la verdad de las víctimas cuando logran escapar de las garras del depredador.

Si algo se les puede reprochar a las víctimas es que han sido ingenuas y crédulas. No se podían ni imaginar la existencia de estos depredadores, cuya naturaleza es, básicamente, destructiva.

Cuando comienzan los trabajos de la devaluación, la víctima se devane los sesos intentando encontrar explicaciones lógicas y busca resolver las cosas: “Le diré como me he sentido, seguro me comprenderá y se excusará por su comportamiento”. De entrada, les resulta imposible imaginar tanta manipulación y tanta maldad.

En su confrontación con el abusador, las víctimas suelen ser trasparentes. Esa apertura ingenua de la víctima hace que el agresor tome todas las llaves del poder. En el fondo, el narcisista la odia. Su bondad natural es una bofetada para él.

Las víctimas desconcertadas, quieren mostrarse comprensivas, intentan adaptarse. Lo hacen porque aman o admiran a su agresor: “Si él es así, es porque no fue amado cuando era niño. Yo lo ayudaré a superar ese trauma”. Se creen investidas con la misión de arreglar las cosas porque son las únicas que comprenden.

Tarde o temprano caen en la cuenta de que se trata de una falsa esperanza. Ni la comprensión ni el diálogo hacen cambiar a un narcisista. Lo cierto es que no quiere cambiar, dado que se considera superior y perfecto, ni puede cambiar, porque su trastorno responde a un patrón fijo y estable de personalidad.  Es imposible dotar de conciencia moral a quien carece de ella, o hacer que actúe empáticamente alguien que de por vida está desprovisto de emociones tan básicas como la alegría o la compasión.

Repito, es imposible cambiar a un narcisista. Esto es algo que nunca debemos olvidar.

A la víctima le cuesta salir de este círculo vicioso de manipulación y engaño hasta que llega la hora del descarte. La experiencia suele ser devastadora, traumática. Es entonces cuando comienza, por lo general con ayuda de agentes externos, a identificar lo que ha vivido, a ponerle nombre, a reconocer el trastorno narcisista de su agresor, iniciando así su camino, a veces arduo, de recuperación del abuso. 

Sólo cuando la víctima logra decodificar los mensajes cargados de violencia, verbales y no verbales, del agresor narcisista, comienza a despertar.


@libresdelnarcisista

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA AGENDA DEL NARCISISTA: El abuso es deliberado


Se acerca el fin de año, así que es tiempo de hablar de la agenda.

Todo el mundo sabe lo que es una agenda, ese cuaderno diseñado con base a los días del año donde vamos consignando nuestras actividades y compromisos para cada día, semana y mes. Allí apuntamos también aquello que no queremos olvidar, direcciones, cumpleaños, números de teléfonos, etc. 

Hay personas muy apegadas a su agenda, que no funcionan si no es conforme al guión que han previsto, y otras que se mueven en el extremo contrario, que apenas planifican nada y viven improvisando la mayor parte del tiempo.

Sea como sea, quien establece una agenda tiene una intencionalidad, un propósito, que lo impulsa a desarrollar determinadas acciones para obtener ciertos resultados que busca deliberadamente.

Pues bien, los narcisistas tienen una agenda,  para sí mismos y para sus víctimas, esto lo aprendí en mi experiencia con mi amigo narcisista, y lo he corroborado en las historias de otras víctimas.

Conocer la agenda del narcisista es fundamental, el abuso que hemos sufrido no es casual, no es fruto de un impulso o del carácter del agresor, ni de las circunstancias, ni del cambio de las estaciones. Estos trastornados nunca dan puntada sin hilo, siempre están maquinando, lo que hemos vivido fue buscado intencionadamente y tenía un doble propósito:

1. Extraer combustible de nuestras reacciones emocionales, positivas y negativas. Para ello, procuró primero dominar y controlar a su presa, y luego la fue destruyendo, emocional y psicológicamente, paso a paso, en forma encubierta, hasta absorber toda su autoestima, y desecharla.

2. Explotar ventajas adicionales de su víctima: finanzas, influencias, estatus, etc. Cuando capta a su presa hace un inventario de todo lo que considera valioso para él. Le arrebatará lo que ella posee y él ambicione, no nos quepa duda: tiempo, recursos, ideas, etc. Esa es su naturaleza depredadora.

Los narcisistas aman su agenda, aunque no la pongan por escrito, porque son unos obsesionados del control, y, además, valoran por encima de todas las cosas su tiempo. Jamás lo malgastan en nada que no les reporte algún beneficio, ya sea en forma de combustible o en algún asunto que redunde en su propio provecho egoísta. Odian que les hagan perder el tiempo, porque se sienten más importantes que los demás, y están convencidos que su tiempo es mucho más valioso que el del resto de los mortales.

Tener su agenda hace que el narcisista se sienta superior, así ejercen poder y control en su entorno. En realidad, todos los manipuladores son amantes de sus agendas, sus juegos simplemente buscan que se logren sus propósitos perversos.

Así mismo, la agenda le facilita al depredador economizar energía y recursos. De esa manera, logran centrar sus esfuerzos en el cultivo y la extracción del combustible, la droga que requieren continuamente para funcionar.

La agenda del narcisista, la mayor parte del tiempo, permanece oculta. Nunca se exponen, ni muestran sus cartas. Son extremadamente desconfiados y suspicaces, lo que devela la paranoia que está latente en ellos, especialmente en los narcisistas encubiertos.

Como tienen su vida dividida en compartimientos, no cruzan las agendas que tienen marcadas para los distintos escenarios en los que se mueven. Llevan vidas paralelas. Los compartimientos rara vez interactúan entre sí, es una forma que tienen de protegerse, para que la información sobre él no se divulgue, ni pueda ser contrastada. Él sale y entra de cada escenario según su conveniencia, y sin dar cuenta a nadie de sus cosas.

Aunque los narcisistas tienen un comportamiento impulsivo y son impacientes a la hora de buscar la gratificación de sus egos, cuando quieren cosechar y extraer combustible, no lo dejan al azar, siguen una agenda. Su plan incluye celadas y trampas, se muestran amables, por ejemplo, para que la víctima baje la guardia, y cuando la ven desprevenida arremeten con su zarpazo mortal.

Los narcisistas maquinan constantemente, son capaces de esperar semanas y semanas hasta que ven la ocasión propicia y, ¡zas!, golpean a su presa cuando ella menos se lo espera. De esa manera, la castigan, así ejecutan la devaluación, el descarte y completan todo el ciclo del abuso. Incluso a veces tienen un plan B, por si acaso falle su agenda primera.

Esto no se puede percibir a menos que la víctima comience a atar cabos de lo que ha ido sucediendo. Situaciones aparentemente inconexas, que vistas aisladamente no tienen mucho sentido, cuando se relacionan entre sí muestran que todo forma parte de una agenda, un plan, preparado malévolamente por el agresor narcisista. 

Cuando esto sucede, la víctima descubre como su verdugo actúo con premeditación y alevosía en su intento de destruirla. La venda, al fin, cae de sus ojos.

LA AGENDA DEL ABUSADOR: Para sí mismo y para sus víctimas

La agenda que oculta el narcisista en su mente la podemos dividir en 2 capítulos: las páginas que dedica para sí mismo y las que tiene reservadas para sus víctimas:

a) Para sí mismo:

El narcisista sufre de una fantasía recurrente: convertirse en el centro del universo, gozar de un éxito ilimitado, que el mundo reconozca cuán especial, maravilloso y único es él. Su ambición por lograr esta quimera no tiene fin. Por eso se empeñará con todas sus fuerzas en construir y mantener una fachada o imagen que se corresponda con las pretensiones de su inflado ego, que despierte la admiración, y si es posible, la envidia de los demás.

En esto se emplearán a fondo, porque de la mañana a la noche no hacen otra cosa que pensar en ellos mismos, en sus sueños, en sus planes, en como demostrar su superioridad y su valía frente a otros. Su espacio vital se reduce a su ego. Ya sea en los estudios, en el trabajo, en su comunidad de vecinos, en el deporte, en cualquier actividad en la que participen, buscarán por todos los medios colocarse por encima y ser el más grande, el más cotizado, el que destella más luz.

El poder, en sí mismo, es su gran ambición, el corazón de su agenda, aunque no lo confiese expresamente, quiere convertirse en un pequeño dios del Olimpo y que todos le adoren y le supliquen. Poder es igual a combustible, y el combustible les permite mantener y obtener todavía más poder.   

Dado que esto les obsesiona enormemente, a veces su fantasía les juega una mala pasada y se embarcan en proyectos que se convierten en sonoros fracasos. Si esto sucede, culparán de lo sucedido a otras personas. No se sentirán responsables del destrozo que han causado, ni permitirán que nadie les pida cuenta de sus acciones.

La otra cara de la moneda es que sienten tanto temor a quedar por debajo de los demás, a ser ridiculizados públicamente, que en muchas ocasiones no se expondrán ni tomarán la iniciativa para no correr ese riesgo. Detrás de su fantasía de superioridad y grandeza se encubre su inseguridad y su cobardía. Como ello atenta directamente contra su fachada, optarán por permanecer en la sombra y cuidar extremadamente su imagen, culpando a otros de su suerte y desvalorando a todo aquel que logre descollar a su alrededor.

b) Para las víctimas:

Para llevar a cabo los sueños de su agenda, el narcisista necesita a sus víctimas, ellas le darán los recursos y, sobre todo, el combustible que requiere para regular su fluctuante autoestima y obtener el poder que tanto ambiciona:

Para cada una de sus víctimas, el narcisista lleva una agenda donde tiene apuntadas, entre otras cosas:

1. Información personal que utilizará para manipularla y explotarla: experiencias del pasado, secretos, claves de sus redes sociales y de sus cuentas, etc.

2. Listado de sus debilidades y vulnerabilidades.

3. Resentimientos: Todo lo que víctima ha dicho o hecho, u omitido, y que le ha causado alguna injuria. Los narcisistas ni perdonan ni olvidan, su inflado ego no se los permite.

4. Recursos que va a explotar y expoliar de ella: relaciones, influencias, dinero, ideas, objetos, etc.

5. Las manipulaciones y juegos que implementarán para extraer de ella el suministro narcisista y también para castigarla.

6. Los tiempos de la devaluación y, sobre todo, del descarte.

7. El papel que le asigna como fuente de suministro narcisista, sí es principal o secundaria, o si la tiene en reserva en su alacena.

8. El tiempo del hoovering o su re-enganche.

LA AGENDA DEL ABUSADOR: Despojar a la víctima de su agenda personal

En la medida en que la relación con el narcisista fue avanzando, la víctima fue perdiendo su agenda personal. En realidad, el agresor no siente ningún respeto por el tiempo de la otra persona, ni por sus metas, que deben supeditarse a las suyas.

Arrebatarle a la víctima su agenda, es quitarle a ella el control y el poder sobre su vida, su tiempo y sus recursos. En realidad, ella fue considerada como una extensión de él mismo, un objeto, él jamás reconocerá que su presa pueda tener objetivos y planes propios. En su mente torcida, todo debe girar en torno a él.

La víctima es condicionada a seguir los planes del abusador, que la dejará colgada cada vez que le venga en gana. Estamos en el núcleo del abuso, personas que aprenden a renunciar a sus propios intereses para plegarse sumisamente a la agenda de su agresor.

Cuando llegue el momento de la devaluación, la mayor parte del tiempo la víctima se sentirá abandonada y despreciada, en realidad se dará cuenta que su verdugo la ha excluido de su agenda. De esa manera se completa el ciclo del abuso: primero despoja a la víctima de su agenda personal, y luego, al devaluarla, es excluida de los planes del narcisista, que ya no le dedica ni tiempo ni atención.

En el descarte, encontramos a la víctima desorientada acerca del valor de su propia vida, sin agenda ni propósito personal, con su sentido de identidad erosionado y paralizada.

CONCLUSIÓN: ¡Es tiempo de recuperar nuestra agenda!

Superar las secuelas del abuso lleva su tiempo y, ciertamente, es un proceso, pero una de las primeras medidas que debe tomar la víctima es, precisamente, recuperar su agenda personal, la misma que un día el agresor le arrebató para anularla, desconociendo sus metas y sus intereses.

Recuperar nuestra agenda es retomar el control y el poder en nuestra vida, es volver a centrarnos en nuestras metas y recursos, y, lo digo por experiencia, constituye un gran paso en el camino de la recuperación. Ya no estamos a merced de nuestro maltratador y de sus necesidades de combustible, tampoco debemos estar supeditados a las circunstancias. Si tenemos una agenda significa que hemos recuperado nuestra capacidad de establecer objetivos y de ser los conductores de nuestro destino.

No debemos estar sometidos a los intereses de otras agendas, ni del narcisista ni de ninguna otra persona, eso atenta contra nuestra autoestima y a la final se convierte en abuso. Declaremos nuestra autonomía, seamos los protagonistas de nuestras propias historias, el tiempo de la esclavitud hace tiempo que terminó.

Este es el reto: tener una agenda personal, que marque un antes y un después, para que nunca más nuestra existencia gravite en torno a los planes de otras personas.

Ningún momento más oportuno que este fin de año para dar el paso: recuperar nuestra agenda. Así reafirmaremos nuestra libertad frente a la tiranía del manipulador narcisista.

Agradecido de antemano por sus aportes y comentarios. En las cercanías ya del 2018, envío a todos un saludo.

@libresdelnarcisista

     


lunes, 25 de diciembre de 2017

¡FELIZ NAVIDAD 2017-2018!: La luz de Belén guíe nuestros pasos


En la mañana de Navidad, quiero enviar un abrazo fraterno y mis felicitaciones a todos los amigos y lectores de "Libres del Narcisista". 

En las últimas semanas me he sentido desbordado de trabajo. Reconozco que apenas he tenido tiempo de contestar algún comentario o correo, aunque leo con suma atención todo lo que recibo. Pido disculpas a los que no he podido responder aún. Les llevo en el corazón. Espero ponerme al día en estos días de descanso navideño.

Me siento muy agradecido con todos los que participan y comparten su experiencia, y su saber, a través de los comentarios, testimoniando así su solidaridad. Cuando abrí este blog, en diciembre del año pasado, no imaginé que otras personas me iban a acompañar en mi empeño por apoyar a las víctimasEse era, y es, mi objetivo, ofrecer un espacio de encuentro e información para ayudarnos mutuamente en el camino de la liberación/recuperación de las secuelas del abuso narcisista. 

Para todos: ¡Muchas gracias! Ustedes son los eslabones de esta pequeña "Cadena de Esperanza", como dije una vez que hemos ido creando entre nosotros.

Es Navidad, amigos, una fiesta profundamente humana. Sigamos apostando por la defensa de la dignidad de las personas, la tuya, la mía, la de todos. El narcisista nos cosificó, pero nosotros no somos objetos, somos seres humanos, esa es nuestra identidad más profunda, nuestra grandeza, nuestro valor. 

Es Navidad, amigos, el narcisista no tiene, ni tendrá, la última palabra ni en tu vida ni en la mía. La luz vence las tinieblas, la verdad a la mentira, la humildad a la soberbia. Llega la hora, y ya estamos en ella, en que dejamos atrás nuestra condición de víctimas, el tiempo en que las heridas comienzan a sanar, el de nuestra libertad: las ataduras emocionales y psicológicas con las que fuimos condicionados por el abusador, tarde o temprano, se romperán.

Es Navidad, amigos, dejemos atrás lo viejo, renovemos la mente y el corazón. El oro se purifica en el crisol de las lágrimas. Las almas grandes, las almas compasivas, son las que han conocido la noche y el dolor. Esa es nuestra victoria.

Esta es la luz, la luz de Belén, que ella guíe nuestros pasos: ¡Feliz Navidad! 

@libresdelnarcisista

domingo, 24 de diciembre de 2017

La Navidad y la recuperación del abuso narcisista: 7 cosas que podemos hacer


En estos días tan especiales de la Navidad, entre celebraciones, regalos, fiestas,…, muchas víctimas del abuso narcisista experimentan un estado generalizado de abatimiento o tristeza.

Las razones son diversas. Por una parte, para algunos está todavía muy reciente la experiencia devastadora de la devaluación y el descarte, las heridas emocionales siguen abiertas, aún sufren las secuelas de la disonancia cognitiva, persiste en ellos el tirón del vínculo traumático y apenas han comenzado a salir de su desconcierto. Es difícil alegrarse cuando nuestro corazón se encuentra sumido en la estela de tristeza o de dolor, que el paso del narcisista ha dejado en nuestras vidas.

Otros, especialmente los que comienzan el Contacto 0, deben enfrentar el combate de la soledad que parece agudizarse en estos días navideños. Afloran recuerdos, y aunque físicamente no están en contacto con el narcisista, su pensamiento les traiciona, reviven en su mente situaciones traumáticas del pasado, saben que ello les hace daño, pero se ven impelidos a hacerlo, una y otra vez,...

La verdadera lucha del Contacto 0 es la que tiene que librar la víctima consigo misma, una batalla campal entre sus emociones y su razón. Lograr la desconexión emocional es el camino, pero lleva su tiempo, los que hemos tenido que librar esta pelea lo sabemos. Nuestra mejor arma es, sin duda, el conocimiento, la barca con la que logramos cruzar la mar embravecida del post-descarte y el No Contacto.

Otro riesgo que se corre en estas fechas decembrinas, son los posibles intentos del narcisista por ponerse en contacto de nuevo con nosotros, y hacernos romper el Contacto 0, con la excusa de las .felicitaciones navideñas

Por último, están también aquellos que todavía mantienen algún tipo de contacto con el abusador, sea porque tienen hijos en común con él, o porque forma parte de su entorno familiar inmediato, padres, hermanos, etc. Estos tendrán, probablemente, que lidiar con los intentos del narcisista por sabotear estas fiestas tan entrañables del año.

Los narcisistas odian la Navidad y lo que representa: el amor, la unión familiar, la alegría, la fraternidad, el perdón, etc. Nada más opuesto a su narcisismo que esto, ni siquiera pueden experimentar en sí mismos estos valores. Además, envidiaran la alegría y el bien que perciban a su alrededor, y que está fuera de su alcance, por lo que buscarán arruinar de alguna manera la Navidad de amigos y familiares, provocando alguna pelea, haciendo comentarios hirientes, pavoneándose con sus regalos, triangulando, etc.

Probablemente, la única Navidad que les guste sea la del consumismo a tope, la de los excesos y las vallas publicitarias, la de los anuncios de perfumes costosos y los automóviles de lujo, la que rinde culto al individualismo más grosero y a la imagen, con esta “Navidad” quizás ellos pueden avenirse.

En cambio la otra Navidad, la primera, la más auténtica, la que apela a los valores más profundos de nuestra cultura occidental, la que hace referencia al misterio de un niño nacido en la pobreza de Belén, y envuelto en pañales, choca frontalmente con su narcisismo patológico.

En definitiva, para los que estamos en el camino de la recuperación del abuso narcisista, la Navidad puede constituir una dura prueba que hay que saber sortear con inteligencia y determinación.

Sea cual sea nuestra situación, les invito a cambiar el guión. No estamos destinados a vivir esta fiesta en un estado depresivo, ¡no le demos ese gusto al narcisista! Conscientes de nuestro proceso de superación de las secuelas del abuso, plantemos cara a las dificultades, con buen ánimo y decisión.

El reto es darle la vuelta a las circunstancias y retomar el control sobre nuestras emociones y sentimientos. Como decía el poeta, nosotros somos los capitanes de nuestro propio destino.

He reunido aquí 7 cosas que podemos hacer para convertir la Navidad en una oportunidad para nuestra recuperación:

1. Hazte un plan concreto de cómo quieres vivir tu Navidad:

Establece una agenda de las cosas que quieres hacer estos días navideños: visitas a amigos y familiares, compras, algún trabajo especial en casa, salidas y paseos, tiempos para leer, escribir, escuchar música, etc.

La experiencia enseña que cuando planificamos nuestro tiempo se incrementa nuestra motivación y somos menos propensos a dejarnos llevar por la variabilidad de nuestros estados emocionales. Si de antemano nos propusimos hacer algo estaremos más concentrados y nuestros pensamientos divagaran menos, porque ya hemos establecido algún fin en nuestra mente. Por lo demás, ir logrando nuestros puntos de agenda nos dará sensación de logro e influirá positivamente en nuestra autoestima.

Evitemos, eso sí, todo aquello que pueda recordarnos al narcisista, personas, lugares, incluso objetos o rutinas. La meta es eliminar todo lo que pueda activar en nosotros el vínculo traumático o la mezcla potente.

2. Práctica el agradecimiento como actitud de vida:

Hay personas que tienden a hacer en Navidad un balance del año que termina, inventariando sus penas y calamidades, y descubriendo un saldo negativo en sus cuentas con la vida.  El baremo con el que medimos el éxito o el fracaso es muy relativo, todo depende del punto de vista con el que valoramos las cosas. Hay ciertas ideologías que suelen enfatizar la importancia de los resultados y que olvida que la vida, en sí misma, es un proceso, con sus días de sol y sus noches oscuras.

Creo que es tiempo de ensayar una mirada nueva y alternativa, y un modo de hacerlo es haciendo una lista de agradecimiento por las cosas que nos han ocurrido, aún en medio del dolor y del sufrimiento. Personas que nos han ayudado, circunstancias que han actuado a favor nuestro, etc. Si, por ejemplo, durante este año logramos liberarnos de la relación con el narcisista, a pesar de las caídas y dificultades que hayamos podido experimentar, es un gran logro haber identificado y/o superado la relación abusiva en la que nos encontrábamos atrapados.

3. Participa en alguna actividad solidaria:

La Navidad es un tiempo propicio para compartir nuestro tiempo y nuestra solidaridad con otras personas. Participar en alguna campaña de recogida de alimentos o de juguetes de las muchas que se organizan en tantos sitios, es una excelente idea. Hay también grupos que se dedican a visitar enfermos o personas mayores, o a recabar recursos por alguna causa noble.

La solidaridad nos ayuda a conectar con otras personas y a salir de nuestro aislamiento, es, además, una terapia para el corazón, nos llena de humanidad y da sentido a nuestra Navidad. Cuando salimos de nosotros mismos, y nos encontramos con el sufrimiento de otras personas, vemos nuestros problemas con otra perspectiva. Algunas personas nunca se han planteado participar en una actividad de este tipo, quizás sea ahora el momento para hacerlo.

4. Celebra con tus amigos y familiares:

Es tiempo de evitar el aislamiento y de ir al encuentro de las personas que están cerca y que sabemos que nos aprecian y valoran, comenzando por nuestros propios familiares y los amigos de toda la vida.

Muchos de nosotros mientras estuvimos vinculados con el narcisista, descuidamos las otras relaciones de nuestra vida. El mismo abusador procuró, en muchos casos, aislarnos de las personas que verdaderamente nos quieren. La Navidad es un tiempo ideal para retomar esos lazos y renovar nuestra red de relaciones. Evitemos, eso sí, en la medida de lo posible, a todas las personas que puedan tener algún vínculo con el narcisista y que todavía formen parte de nuestro círculo.

5. Evita los discursos pesimistas: 

Hay personas que a dónde quiera que andan van esparciendo su visión calamitosa de las cosas, gente que está enfada con la vida, y que siempre recalcan el lado negativo de todo cuánto sucede.

Definitivamente, no nos dejemos contagiar por estas personas que suelen tener una visión estrecha y sesgada de la realidad. En algunas circunstancias es preferible, incluso, estar solos, para no dejarnos influir por estos individuos que lejos de alimentar nuestra esperanza, son una rémora que nos impide avanzar en nuestra recuperación.

No hagamos una cruzada para que estos sujetos negativos cambien de actitud. Aceptemos a la gente tal y como es, pero sepamos también discernir el tipo de personas con quienes queremos compartir nuestro tiempo de Navidad.

6. Mantén una actitud pro-activa:

Desarrollemos una actitud pro-activa ante la vida, sacudámonos la molicie y hagamos lo que está de nuestra parte para que las cosas ocurran. La Navidad puede ser el momento ideal para comenzar una nueva actividad, algo que nos ayude a crecer y que nos permita desarrollar nuestro potencial creativo.

A lo mejor necesitamos buscar una experiencia laboral alternativa, iniciar nuevos estudios, aprender algún idioma, o a tocar algún instrumento musical, volver a practicar nuestro deporte preferido, etc. Todos tenemos nuestro talento y desarrollarlo forma parte de nuestro proyecto cotidiano de vida feliz y plena.

Las posibilidades son infinitas y que nadie alegue ni la edad ni las circunstancias como excusa, Don Miguel de Cervantes tenía casi 60 años cuando escribió “El Quijote” y Mozart compuso su sublime “Requiem” en medio de los padecimientos de su última enfermedad.

7. Cultiva los valores espirituales:

La Navidad es una fiesta cargada de hondos valores espirituales.

Si eres cristiano, tal es mi caso, aprovecha estos días para asistir a misa o al culto, lee la Biblia, ora o medita, todo ello es una fuente de bendición para nosotros, para que vivamos una experiencia nueva de la Navidad, y sintamos la alegría del Niño de Belén.

En todo caso, sea cual sea tu fe o creencia, la búsqueda espiritual, cuando se vive desde el corazón, nos ayuda a vivir y nos infunde paz, consuelo y luz interior.

@libresdelnarcisista





sábado, 23 de diciembre de 2017

EL COMBUSTIBLE NEGATIVO: la clave del abuso narcisista


De todo mi aprendizaje sobre el trastorno narcisista, el concepto que más me ha costado entender es el de combustible negativo.

Es, hasta cierto punto, comprensible que una persona reciba con agrado los halagos y el reforzamiento positivo que le brindan los demás, sin que ello signifique necesariamente que busque ser el centro de atención del universo o que pretenda por todos los medios que las estrellas y los planetas le rindan pleitesía y le admiren.

¿A quién no le gusta que de vez en cuando le digan palabras positivas? Saber recibir con agradecimiento los elogios de los otros es un signo de una sana autoestima. La diferencia con el comportamiento de los narcisistas, empero, es importante: un individuo normal no está sujeto a la aprobación continúa de los demás para funcionar psíquicamente, su fuente principal de validación psicológica y emocional es interna, está en sí mismo, en su “yo”, el núcleo de su persona.

Otra diferencia: si alguien nos atribuyese una cualidad o mérito del cual nosotros estimamos que carecemos, nos sentiríamos, en conciencia, francamente incómodos.  No así los narcisistas, cuyo objeto es cultivar alabanzas y aplausos que alimenten su inflado ego y están convencidísimos que gozan de pleno derecho a recibirlos, y no paran mientes en pensar si los merecen o no, porque su sola existencia es ya un regalo de los dioses del Olimpo.

Una persona emocionalmente sana busca alcanzar sus metas, ese es el fin último de sus acciones, si de paso alguien valora positivamente sus logros, ello puede servirle de motivación, pero ese reconocimiento no es su objetivo principal, lo que quiere es lograr aquello que se había propuesto en cualquier plano de la vida.

Un narcisista, en cambio, todo lo que hace, desde la mañana hasta la noche, no tiene otro fin que cosechar reacciones emocionales que lo hagan sentir superior y en control de los demás.

Así mismo, una persona segura de sí misma no necesita estar por encima de los otros para sentir que vale, ni que continuamente le estén diciendo al son de trompetas: “¡Oh eres especial, única, maravillosa, extraordinaria!”

Estarán de acuerdo conmigo que, como vemos, aunque las diferencias son importantes, el suministro narcisista positivo es comprensible dado que nosotros mismos lo recibimos alguna vez, y por experiencia personal sabemos de sus efectos motivadores, aunque no suframos ni de lejos la patológica adición y dependencia de los trastornados narcisistas.

La dificultad aparece con el combustible negativo: ¿Cómo aceptar que alguien busque deliberadamente dañar emocional y psicológicamente a otro ser humano como una forma de validarse a sí mismo y empoderarse  sobre los demás?

Causar disgusto, irritar, hacer que el otro se enfade y que lo exprese externamente, llena de regocijo al narcisista. Para él significa que ha tenido un gran impacto en la vida de aquella persona, que la controla y domina, y ello le hace sentir superior.

Cuando lloramos por su culpa, cuando nos ve humillados y deprimidos, cuando explotamos de rabia y le echamos en cara todo el mal que nos ha hecho, se siente hinchado y eufórico, embriagado de poder.

Este comportamiento, francamente, choca con nuestra lógica y nos resulta totalmente perverso. Cuesta aceptarlo y entenderlo.

Esto es lo que hay detrás de todas las manipulaciones y mentiras del narcisista, de allí su empeño en identificar las vulnerabilidades de su presa, el objeto de sus tácticas de control y condicionamiento para crear el vínculo traumático, o por qué se muestra renuente a soltar definitivamente a la víctima y pretende volver y volver para seguir con su juego perverso de maltrato y destrucción.

La búsqueda del combustible negativo es la clave del abuso narcisista.

Sabe el narcisista que obtener suministro positivo es relativamente fácil, su don para seducir, su encanto y elocuencia, le garantizan que mucha gente de su entorno, particularmente las personas empáticas, le den el apoyo emocional y psicológico que demanda las 24 horas del día.

Además, reaccionar positivamente está bien visto en nuestra sociedad. La mayoría de las personas evitamos la confrontación y las explosiones emocionales negativas.

Hacer que alguien se enfade o pierda los nervios, zaherirla o provocarla, descalificarla y hacerla sentir desvalorada o inferior es mucho más difícil, la mayoría de las veces el narcisista tiene que hacerlo de manera intermitente y encubierta, por eso el combustible que obtiene de estas acciones tiene mucho más valor y lo embriaga más, le hace sentir, literalmente, hinchado de poder.

Su adicción al suministro negativo es tan fuerte que con frecuencia alarga el período de la devaluación de la víctima lo más que puede, hasta que un buen día se cansa y la descarta, muchas veces de la manera más cruel posible, para darse un último banquete de reacciones negativas, devastando a su presa hasta dejarla rota y exhausta.

Uno de los aspectos que más nos desconcierta es que este avasallamiento de maldad no tiene ningún tipo de justificación, al contrario la mayoría de las víctimas han dado suficientes muestras de generosidad al narcisista, le han dedicado su tiempo y atención, y no han cesado de hacerle el bien.

¿Cómo se explica que alguien pague tantos gestos de verdadero amor o amistad de esa manera? Desde nuestro punto de vista, por supuesto, no se explica, el narcisista lo sabe, pero no le importa. Hará creer a la víctima que ella es la culpable del maltrato que recibe, que lo merece de alguna manera, y esa será su táctica de manipulación, el gaslighting, con el que pretenderá justificar lo injustificable: su conducta sádica y abusiva.

Si alguien a quien hemos hecho daño, directa o indirectamente, nos devuelve el golpe, nos parecerá lógico y entendible, pero lo que genera confusión es que aquella persona a la que hemos hecho el bien, es la misma que nos veja y maltrata emocional y psicológicamente.

El combustible negativo no responde en absoluto a algo que haya hecho o dejado de hacer la víctima, sino que se origina en las necesidades patológicas de validación, control y empoderamiento de una persona abusadora que sufre un grave trastorno de personalidad narcisista.

Esta realidad es dura, lo sé. Alguien que no lo haya vivido pensará que exageramos, que no pueden existir seres así, seres llenos de envidia que se alimentan psicológica y emocionalmente de la destrucción de las personas con las que aparentan establecer vínculos, ya sea de amistad o de pareja.

Una cosa sí les puedo asegurar, una vez que comprendemos lo que es realmente el combustible negativo, captamos la dimensión real del problema de lo que significa mantener una relación con un narcisista.

Lo que convierte al narcisista en una personalidad destructiva y psicológicamente peligrosa es principalmente su adicción al combustible negativo. No hay posibilidad de arreglos ni vías de escape, tarde o temprano devaluará a la víctima, sí o sí, porque no les basta el suministro positivo, y en un momento dado de la relación, a veces en un abrir y cerrar de ojos, requerirá el combustible negativo. Para estos trastornados es cuestión de supervivencia, así funcionan, esa es su lógica, mientras más daño causan, más satisfechos se sienten, esa es la realidad que hay que entender y aceptar, y de la que tenemos que protegernos. 

En ocasiones la devaluación se encubre o se ralentiza lo más posible en función de la agenda del narcisista. Quizás las posibles ventajas que le brinda esa persona en términos económicos o de fachada pueden frenar el ciclo de la devaluación, y  harán que el abusador se procure el combustible negativo a través de vías alternativas, antiguas víctimas devaluadas, subalternos, etc.

Hay parejas, por ejemplo, que han durado 10 o 20 años, o quizás más, porque el narcisista ha dosificado su acción destructiva y ha drenado combustible negativo casi por cuentagotas. Sin embargo, la relación con un narcisista siempre es altamente tóxica, un buen día la venda cae de los ojos de la víctima, que se da cuenta que ha sido explotada, que ha sido sometida durante años a una relación abusiva, que ha dejado en ella profundas secuelas a nivel emocional y psicológico.

No juzguemos nunca las relaciones del narcisista por lo que vemos externamente. Hará creer a todo el mundo que ama con devoción a su compañera o compañero, y aparentará comportarse como si fuera el mejor de los novios o novias. Todo ello es parte de la fachada o imagen que quiere proyectar, detrás del escenario se esconde la naturaleza altamente tóxica del narcisista, y el rostro de una víctima que, generalmente, ha sido completamente subsumida por el abusador.

En nuestro proceso de desconexión emocional del narcisista es fundamental comprender el concepto de combustible negativo. Así que nada de andar echándole en cara el dolor que nos ha causado, ni le restreguemos el daño que nos hizo, ni le hagamos reclamaciones de ninguna especie, ni le pidamos explicaciones por sus abusos y manipulaciones, ni le digamos cuánto le odiamos, todo ello es un delicioso licor que lo embriaga e hincha de poder y le hace sentir pletórico.

No le demos a estos trastornados ni una miserable gota de suministro negativo. Que se vayan a buscar su combustible maligno a un planeta helado de la Vía Láctea y que se queden congelados por aquellos andurriales.

Un saludo a todos.

@libresdelnarcisista


domingo, 17 de diciembre de 2017

LA INJURIA NARCISISTA: Cuando el espejo se estalla


Nada más delicado que el ego de un narcisista. Detrás de la máscara, de las capas de maquillaje de rasgos, y más rasgos, que ha falsificado y copiado de otros, se esconde la fragilidad extrema de los espejos. La más pequeña pedrada lo resquebraja.

El “falso yo” del narcisista no tolera ni el más leve rasguño. Su vulnerabilidad ante la crítica, ya sea real o imaginaria, es absoluta.

Todo aquello que atente contra el concepto grandioso, hiperbólico, que tiene de sí mismo, contra su auto-percepción como perfecto, omnisciente, superior, magnifico, con derecho a un reconocimiento y a un trato especial, le causa una injuria o herida narcisista.

Este concepto es clave, mucho de su comportamiento patológicamente destructivo y manipulador es una respuesta a una herida o injuria que ha recibido.

Cuando es herido o injuriado, la construcción que sostiene su “falso yo” se tambalea. El ser maligno, lo que hay detrás del disfraz, corre el peligro de quedarse a la intemperie, sin defensa.

Recordemos que el narcisista carece de un yo propio que lo sostenga, el depende totalmente de la imagen de sí mismo que proyecta en los demás. Si alguien desafía o ataca esa imagen se queda vacío; la careta que fabricó para sobrevivir se desliza y el monstruo, que espera agazapado en la cárcel, comienza a dar zarpazos.

Aparece esa voz que tanto odia, la que le susurra señalándole su precariedad, avergonzándole por no ser perfecto, o por ser un fracasado, o por no estar a la altura del ideal exagerado que tiene de sí mismo, comparándole con otros, haciéndole sentir en el pecho el ácido de la envidia. Todo esto es un eco de los traumas de la infancia.

Cuando el narcisista es herido o injuriado, su reacción es automática, frecuentemente, y si las circunstancias se lo permiten, tendrá una explosión de su furia patológica, que no tiene otro fin que reparar el daño a través del combustible que recoja con el fuego de su ira.

Normalmente, devalúa de inmediato la fuente de donde le ha venido la injuria, y, sin que la víctima sepa realmente lo que ha sucedido, comenzará sus manipulaciones y juegos abusivos con el objeto de vengarse de ella o de castigarla. No cesara hasta que considere reparada la falta y la herida cicatrice

¿Qué puede producir en el narcisista una herida o injuria?:

Prácticamente cualquier palabra o gesto, lo que se omite y deja de decirse, sea deliberado o no, lo que él imagina y supone, todo puede causar una injuria o herida  narcisista. Es tal la fragilidad de su ego, que la víctima no sabrá a veces qué hacer: si actúa de una manera, se ofende; si deja de actuar, también se ofende.

Todo ello devela, en el fondo, la patética inseguridad de los narcisistas

Dentro de esta variabilidad de situaciones, es posible identificar las principales causas que pueden provocar una herida o injuria narcisista:

1. Ser rechazado:

El narcisista está convencido de su absoluta superioridad sobre los demás. Ser parte de su vida es un privilegio para la otra persona. Él es perfecto, grandioso, y todo el mundo debería desear estar en contacto con él.   

Por todo ello, no soporta ser rechazado. Si alguien se niega a estar en contacto con él, por ejemplo decretando el Contacto 0, significa, sencillamente, que ya no tiene ni el control ni el dominio sobre esa persona. En su esquema de pensamiento, esto significa ser tratado como inferior, lo que le genera una injuria o herida narcisista.

2. Ser contradicho o estar en desacuerdo con él:

Los narcisistas nunca discuten sus opiniones con otras personas, lo único que quieren es una corte de aduladores que les escuchen y validen sus ideas y su visión de las cosas. Si alguien se atreve a estar en desacuerdo con ellos, o, peor aún, les señala algún error, enseguida se sienten heridos o injuriados.

Los narcisistas nunca pierden una discusión, no aceptan otros puntos de vista, no se muestran conciliadores. Jamás reconocen que se han equivocado. Ello iría en contra del exagerado concepto que tienen de sí mismos, de su perfección y grandeza, y lo considerarían una humillación. 

3. Ser ignorado

El narcisista busca siempre que se reconozca su presencia, ser ignorado o pasar desapercibido le hiere profundamente, le hace sentir invisible, que para él es sinónimo de no existir.

Existen muchas formas de ignorarlo: no invitarlo a un evento que él considera relevante, al cual asisten, por ejemplo, otras personas que él cree menos importantes; no aplaudirle y elogiarle continuamente sus éxitos; no responderle sus Whatsapp, llamadas, correos; olvidar detalles como su nombre, fecha de cumpleaños, etc.

El narcisista se siente con derecho a monopolizar nuestra atención. Si lo ignoramos totalmente le causamos una herida o injuria, y lo privamos de aquello que más reclama, el combustible o suministro.

4. Ser criticado

El narcisista odia a muerte toda forma de crítica, directa o indirecta, hacia su persona. Cualquier comentario o hecho, deliberado o no, que él interprete como contrario al alto concepto que tiene de sí mismo, le produce una injuria o herida, y si es en público, mucho peor.

No se trata solamente de críticas expresas. Si la víctima le dice, por ejemplo, que tal camisa le combinaría mejor con su nueva chaqueta, lo interpreta como una crítica a su gusto para vestir. Si alguien hace un comentario positivo de un compañero de trabajo, es probable que piense que él suyo no es reconocido, y que se sienta criticado por eso.

Sus ideas y acciones son perfectas, aunque este mundo, poblado de gente inferior a él, no lo reconozca, por eso rechaza cualquier crítica que hiera o injurie su divina excelencia.

5. Ser expuesto públicamente

Exponer al narcisista, especialmente delante de terceros, sacar a la luz su conducta abusiva,  denunciar sus mentiras y quitarle la máscara, es atacar lo más sagrado que tienen estos seres trastornados: su imagen.

Los narcisistas se valen de su fachada para obtener el combustible que necesitan y no sucumbir. Si se sienten humillados o expuestos, si son avergonzados o ridiculizados, la injuria o herida que reciben es de tal magnitud que su reacción es intensa e inmediata.

Devaluarán en seguida a la fuente que los expone, llevaran a cabo una campaña de difamación a fin de dañar su imagen y credibilidad, y utilizaran todo su arsenal de manipulaciones para defenderse y contrarrestar los efectos del ataque.

En algunos casos, terminarán por marcharse de su entorno, especialmente cuando no cuenten con el suficiente suministro de combustible o el daño causado por la herida sea demasiado grande y no tengan manera de repararlo.

Conclusiones: Es imposible una relación normal con un narcisista

1. No esperemos nunca que el narcisista nos revele si se ha sentido herido o injuriado por tal palabra o por tal acción nuestra. Él carece por completo de habilidades en el campo de la comunicación asertiva e interpersonal. En su pensamiento mágico, deduce que debemos de saberlo, y nos adjudicará una intencionalidad malvada que sólo está en su mente.

Además, parte de su castigo a la víctima es no manifestarle nunca la razón de su comportamiento manipulador, así la mantiene colgada, intentando adivinar que ha hecho mal para que él actúe de esa manera. No le demos más vueltas, no lo va a decir, y eso forma parte de su juego maligno de control.

No lo olvidemos nunca: todo sucede en la imaginación de estos trastornados, que confunden la realidad con lo que tienen en su cabeza. 

2. Si creemos que le hemos causado al narcisista una herida o injuria no sirve de nada que le pidamos perdón. Eso sólo confirmaría la idea distorsionada y falaz que está en su mente: somos culpables, y lo hemos injuriado o herido intencionadamente. Si le pedimos perdón al narcisista, nos verá como débiles y nos despreciará, y se valdrá de nuestra vulnerabilidad para seguir hiriéndonos y manipulándonos, surtiéndose así de combustible.  Realmente, no vale la pena, no se ablandan con el perdón, y lo que quieren, sobre todas las cosas, es castigar a la víctima y que sufra todos los trabajos y vejaciones de la devaluación.

Tampoco vale la pena discutir con el narcisista. Es tiempo perdido, nunca ceden, y lo único que haríamos es surtirle de combustible negativo a través de nuestras reacciones. No intentemos nunca cambiar su modo de pensar o su percepción, lo interpretan como un ataque en toda regla. Lo máximo que podemos decirle es, por ejemplo: “Lamento mucho que pienses o creas esto o lo otro, pero es tu derecho, no pienso hacer nada para cambiar tu visión de las cosas”.   

3. El narcisista buscará reparar la herida o injuria engullendo combustible, ya sea positivo, con otras fuentes disponibles en su entorno, o negativo, maltratando emocionalmente a la víctima, retirándole toda la atención y, particularmente, a través del tratamiento silencioso. La mejor forma de enfrentar este juego maligno es no reaccionar emocionalmente, es decir, aplicando el método de la piedra gris. Si no logra obtener de nosotros suministro narcisista se marchará a otra parte, porque no pueden subsistir sin esta droga que requieren para funcionar.

4. En una relación sana surgen, normalmente, críticas y desacuerdos entre las personas. No siempre es fácil encajarlos, pero las personas emocionalmente maduras saben aceptar que tienen defectos y limitaciones, sin por ello sentirse heridas o injuriadas. Eso nunca sucederá con un narcisista.

Por otra parte, las personas cuando se sienten ofendidas o heridas buscan comunicar sus estados emocionales y son capaces de compartir y de dialogar, y de establecer acuerdos. El narcisista carece de inteligencia emocional para hacerlo. Su actitud es absolutamente destructiva, de defensa-ataque, sin reciprocidad, sin revelar la razón que lo ha llevado a sentirse herido o injuriado,  arrogándose un derecho a castigar a la víctima, completamente patológico, y de consecuencias emocionalmente devastadoras para ella.

En conclusión, con un narcisista es totalmente imposible mantener una relación sana y normal. Debemos aceptarlo.

Aquí lo dejo. Estaré atento a sus aportes y comentarios.

@libresdelnarcisista