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sábado, 11 de noviembre de 2017

7 PASOS PARA AYUDAR A LAS VÍCTIMAS DEL ABUSO NARCISISTA


¿Cómo ayudar a alguien que ha sido víctima del abuso narcisista o psicopático? Por mi contacto con toda clase de personas, y mi propia experiencia, conozco bien la necesidad que tenemos las víctimas de encontrar apoyo ante una situación que, con frecuencia, nos desborda emocional y psicológicamente.

Muchas víctimas se encuentran aisladas, sumidas en su desconcierto a causa de la disonancia cognitiva, rotas emocionalmente, con sus sistemas psicológicos de defensa debilitados y a merced por completo del vínculo traumático y de sus efectos perversos.

A esto se suma que, a menos que se haya vivido en primera persona, la experiencia devastadora del abuso narcisista es difícil de entender para otras personas.

Hay, incluso, psicólogos y otros especialistas que no comprenden cabalmente este tipo específico de abuso y sus secuelas.

A menudo, esa ha sido mi experiencia, son las propias víctimas las que mejor pueden comprender a las personas que han estado atrapadas en una relación con un narcisista.

Víctimas que han logrado superar el abuso, y que se convierten en las personas "medicina"  que otras víctimas necesitan.

Si nos toca ayudar a alguien que está enfrentando una relación abusiva con un narcisista u otra personalidad tóxica, he aquí 7 consejos de cómo podemos hacerlo de una manera sencilla pero efectiva:

1. ESCUCHAR EMPÁTICAMENTE A LA VÍCTIMA:

Una escucha empática es, quizás, el mejor regalo que podemos brindar a alguien que ha sido víctima de una relación abusiva.

Escuchar empáticamente significa prestar a la víctima la atención que necesita, demostrar interés por su historia, intentando comprender integralmente lo que ha vivido. Escucharla poniéndonos en sus zapatos.

Escucharla con los oídos, escucharla con la mirada, y, sobre todo, escucharla con la cabeza y el corazón.

Escuchar empáticamente implica también no hacer juicios precipitados sobre los hechos vividos por la víctima. No entrar a valorar moralmente ni su actitud, ni su conducta, ni sus errores o aciertos en la relación.

Aceptarla incondicionalmente, aceptarla tal cual es, aceptar su vida, su forma de ser, sus emociones, su historia.

El primer paso para dar apoyo emocional a una persona es, sencillamente, aceptarla.

Tomemos en cuenta que la víctima de un narcisista ha sufrido un corrosivo proceso de desatención y devaluación de sus necesidades emocionales más básicas. En esa circunstancia, una escucha empática es el mejor bálsamo que podemos ofrecerle.

2. NO BANALIZAR LA HISTORIA VIVIDA POR LA VICTIMA

Las víctimas del abuso narcisista sienten una gran necesidad de contar a otros su historia, de esa forma re-conectan con la realidad y reconstruyen lo que han vivido descubriendo su significado.

Dejar que la víctima nos narre la historia del abuso es una forma de hacerle justicia, de validarla en su condición de víctima.

Puede suceder que existan aspectos de esa historia que para nosotros carezcan de importancia, y que para la víctima resulten ser muy significativos. Respetemos la valoración que ella hace de los hechos.

No juzguemos nunca a la ligera lo que esa persona ha vivido. Esa historia es su verdad, no lo olvidemos.

El narcisista ha sometido a esa persona a un proceso, muchas veces encubierto, de invalidación de sus sentimientos, de su percepción de la realidad. Nosotros haremos justo lo contrario, valoraremos y respetaremos lo que esa persona siente y percibe acerca de lo que ha vivido.

3. REFLEJAR EMPÁTICAMENTE LOS SENTIMIENTOS DE LA VÍCTIMA

Una forma muy efectiva de brindar apoyo emocional a alguien es, simplemente, reflejarle los sentimientos que ella nos trasmite de sí misma o de la situación que vive.

Tenemos la tendencia a que si alguien nos comunica algún sentimiento negativo: tristeza, preocupación, angustia, etc., enseguida intentamos convencerla para que no sienta lo que ella misma dice que siente: no estés triste, le decimos, deja tus preocupaciones, anímate, etc.

Es mucho más efectivo, en cambio, simplemente reflejarle, como en un espejo, lo que ella misma nos dice que siente: “observo que eso te hace sentir triste”, “veo que tal situación te preocupa”, “entiendo que te sientes agobiada o confundida”, etc.

Hay personas que cuando alguien les comparte sus emociones, automáticamente desvaloran la realidad emocional que el otro expresa, o le reclaman por sentir lo que siente: no deberías estar triste, le dicen, no hay razón para que estés enfadada, etc.

Otros aprovechan la ocasión para hablar de sí mismos o manifestar sus propias emociones. En ese momento, está claro, dejamos de atender a la víctima y nos centramos en nosotros mismos.

Lo indicado, en cambio, si queremos dar apoyo es, sencillamente, reflejarle a la víctima lo que ella misma nos dice que siente, sin entrar a evaluar sus estados emocionales, aceptándolos tal y como son.

Al hacerlo de esa manera, automáticamente la otra persona se sentirá comprendida, conectará emocionalmente con nosotros, lo cual es, en sí mismo, la mejor ayuda que podemos brindarle en ese momento.

4. AYUDAR A LA VÍCTIMA A IDENTIFICAR LAS SITUACIONES DE ABUSO

Las víctimas del abuso narcisista han estado sometidas a un proceso encubierto de control y de manipulación emocional del cual no son plenamente conscientes.

Bajo los efectos paralizantes del vínculo traumático, han sido condicionadas a soportar situaciones de verdadera violencia psicológica. Con frecuencia, no es sino hasta que viven la fase del descarte, cuando logran darse cuenta del abuso que han sufrido desde el principio y de todos sus efectos destructivos.

A través del ciclo narcisista, la víctima se ha vuelto tolerante a acciones y actitudes del narcisista que vistas desde la perspectiva de un agente externo son claramente abusivas.

Nosotros podemos ser, precisamente, ese agente externo que le ayude a reconocer el maltrato recibido, aquello que ha lesionado su dignidad y su autoestima.

Con nuestro apoyo, la víctima debe aprender a reconocer las manipulaciones del narcisista, sus tácticas de control, la forma como se ha convertido en una fuente de suministro narcisista.

La víctima necesita saber que el tratamiento silencioso es abuso, que el gaslighting es abuso, que la triangulación es abuso, y que también el love bombing es abuso. La víctima tiene que darse cuenta que nadie tiene derecho a someterla a un proceso tan insidioso como la devaluación narcisista o el descarte.

No lo olvidemos, al abuso hay que llamarlo abuso, no hay otra palabra mejor, y la víctima debe reconocer en sí misma su condición de víctima.

De igual manera, a esa persona que hasta ahora ella pensaba que era su amigo, o su pareja, debe aprender a ponerle el nombre que por sus acciones merece: un abusador narcisista.

Acompañemos a la víctima en este proceso tan difícil para ella. Resulta rudo y hasta humillante percatarnos de la ceguera en que hemos estado sumidos por el hechizo del manipulador narcisista.

Recordémosle a la víctima el derecho que le asiste de recuperar su vida, de salir de una relación tóxica que lesiona su autoestima y su dignidad como ser humano.

5. AYUDAR A LA VÍCTIMA A LIBERARSE DEL SENTIMIENTO DE CULPA

Un punto particularmente importante en el proceso de recuperación de las víctimas del abuso, es la liberación  de cualquier sentimiento de culpa que puedan experimentar acerca de su vínculo con el narcisista.

El abusador hará todo lo que esté en su mano para culpar a la víctima de la devaluación a que la somete y del fracaso de la relación. Le hará creer que ella no ha estado a la altura, que  merecía el maltrato sufrido, etc.

Así justifica, como he explicado otras veces, el abuso que comete.

La realidad ya la sabemos: la devaluación estaba decretada desde el principio. La causa no está en la víctima, ni mucho menos, sino en el combustible que el narcisista extrae de ella durante la fase de denigración. Por supuesto, este secreto el abusador jamás lo dará a conocer.

Otra forma de culpa que pueden experimentar las víctimas es creer que ellas han sido responsables del maltrato sufrido dado que lo permitieron. No faltará quien le diga que la causa del abuso está en su perfil psicológico, sus problemas de baja autoestima, o su tendencia a ser dependientes, etc.

Aunque en otra ocasión he hablado sobre este tema (aquí), liberemos a la víctima de esta pesada carga. No confundamos los efectos o secuelas del abuso sufrido con las causas del mismo. En realidad, esa persona fue engañada por un maestro consumado de la seducción, que la sometió a prácticas manipulativas realmente perversas y que perpetró el abuso en base a sus rasgos y vulnerabilidades.

La razón de fondo, si es que necesitamos encontrarla, ha sido el desconocimiento de la víctima sobre la realidad del trastorno narcisista de la personalidad.

La víctima ha pagado bien caro su ignorancia.

6. ANIMAR A LA VÍCTIMA Y COMPARTIR NUESTRO TESTIMONIO DE RECUPERACIÓN

En nuestro apoyo a las víctimas es importante que testimoniemos en algún momento nuestro camino de recuperación del abuso que hemos sufrido.

No es necesario que entremos de lleno en nuestra historia personal, se trata sobre todo de compartir con otros las estrategias que nos han ayudado a superar las secuelas del maltrato.

Para muchas víctimas, resulta alentador saber que otras personas han vivido situaciones análogas a las suyas y que han logrado salir adelante, libres ya de la influencia tóxica del narcisista.

La recuperación del abuso es a veces un camino largo y lleno de dificultades, de allí la importancia de animar a otros en su lucha, de comunicar esperanza en las posibilidades que tiene cada uno de levantar de nuevo la casa de su vida, aunque haya sido arrasada por el paso devastador del huracán narcisista.

Tengamos siempre para las víctimas unas palabras de ánimo y de motivación, seamos para ellas esa presencia, amiga y solidaria, capaz de empujarla en ese reto, ciertamente difícil, de recuperación del abuso sufrido.

7. ACOMPAÑAR A LA VÍCTIMA Y RESPETAR SU PROCESO DE RECUPERACIÓN

La recuperación de la víctimas del abuso narcisista lleva su tiempo y tiene su proceso. Una forma de brindar apoyo es simplemente acompañar a esa persona en su camino particular de superación de las secuelas del abuso.

En ese acompañamiento debemos respetar los ritmos y las necesidades de cada persona. Habrá avances, retrocesos, caídas, días oscuros,… y un volver a empezar cada vez que haga falta.

No todas las fases de la recuperación son iguales. Cada etapa tiene sus propios desafíos. No es lo mismo alguien que recién está descubriendo la realidad del trastorno narcisista, a otra que ya se ha hecho consciente del perfil depredador del abusador.

Muchas víctimas necesitan un apoyo especial, por ejemplo, en el momento del establecimiento del Contacto 0. Las primeras semanas suelen ser las más difíciles, la persona debe aprender a mantenerse firme en su propósito de evitar cualquier tipo de contacto con el narcisista y resistir sus intentos por aspirarla y meterla de nuevo en su burbuja.

Si la víctima tiene alguna recaída sepamos estar con ella en esos momentos de debilidad. Se trata de animarla a retomar su propósito de romper las ataduras con el narcisista.

Hay personas que avanzan bastante rápido en su recuperación y en cuestión de meses ya han superado prácticamente todos los efectos del abuso. Otras, en cambio, quizás por su carácter o porque han vivido una relación más larga o más estrecha con el narcisista, viven un proceso de liberación más lento y difícil.

Aquí no valen las comparaciones, cada caso y cada persona son diferentes, así que no entremos a juzgar el sendero que a cada quien le toca recorrer en su proceso de recuperación del abuso

Sepamos, eso sí, acompañar y animar. No se trata de dar recetas ni de andar prodigando consejos como si fuéramos una especie de gurú. El asunto es saber estar ahí y hacer camino con aquellos que han de enfrentar el reto de la recuperación y que buscan ser libres del narcisista.

De antemano, muchas gracias por sus aportes y comentarios. Un abrazo.


@libresdelnarcisista 

martes, 7 de noviembre de 2017

BANDERA ROJA 4: El narcisista te anuncia el maltrato que va a cometer


Los narcisistas se relacionan con nosotros a través de sus máscaras. De esa manera han aprendido a interpretar las emociones que no sienten. Saben que en determinadas circunstancias socialmente se espera que reaccionen emocionalmente y siguen el guión lo mejor que pueden: un funeral, el encuentro con un desconocido, una entrevista, una fiesta, un evento deportivo, etc.

Cuesta creerlo, lo sé, pero el rostro que vemos del narcisista es siempre un disfraz, una brillante actuación.

Seducen a las víctimas a través de la máscara. El papel que interpretan lo van adaptando a las características de la presa que quieren conquistar.  Es por eso que nunca conocemos realmente al narcisista. La persona que nos hechizó durante la etapa de idealización fue creada ex profeso para atraparnos.

Ellos saben perfectamente cómo mantener escondida la criatura llena de maldad que hay en ellos. Controlan continuamente a la bestia que llevan dentro, de esa forma logran ser aceptados y que su agenda se pueda ir cumpliendo.

He descubierto que hay ocasiones en que el narcisista permite que nos asomemos y atisbemos algo sobre lo que se oculta detrás de la máscara. No estoy hablando de la etapa de devaluación, en esa fase ellos deliberadamente le muestran a la víctima su rostro maligno. Tampoco se trata de un deslizamiento de la máscara por una explosión momentánea de su furia, que hace que la bestia maligna se despierte y nos muestre sus dientes.

Me refiero en concreto a esos momentos en que el narcisista le ofrece a la víctima una mirada fugaz acerca del personaje que se oculta bajo la máscara. Sucede en los períodos de seducción. El narcisista le anuncia de pronto a la víctima algo del maltrato que le espera. El comentario puede ser dicho bajo los efectos del alcohol o, sencillamente, se deja caer sin más en medio de una conversación.

En mi caso, recuerdo perfectamente la vez en que el narcisista me dijo de buenas a primera: “A veces hacemos daño a los demás”. Como vio que me quedé callado, extrañado por ese comentario que no venía a cuento, volvió a repetírmelo y me escrutó con su mirada, fija e impasible.  

Sólo después logré comprender toda aquella escena. En realidad, fue un acto deliberado de su parte para medir mi reacción. Me estaba adelantando lo que me esperaba unos meses después. Leyendo el testimonio de otras víctimas, he llegado a la conclusión que este comportamiento de los narcisistas es más común de lo que pensaba.

El narcisista nos está probando, quiere ver si rechazamos esa sugerencia, o le damos una respuesta comprensiva y empática. En mi caso le respondí que, efectivamente, a veces sin querer hacemos daño a otros. Inmediatamente, y sin hacerse eco del matiz que yo introduje al decir: “sin querer”, me repitió la misma idea y siguió estudiándome en silencio.

Había un extraño brillo de satisfacción en su mirada.

Hoy día estoy convencido que si respondemos excusando tal acción o negando la posibilidad de que suceda, el narcisista comprueba que nos tiene bajo su control y que estamos listos para caer en sus manipulaciones y artimañas.  

Cuando negamos la posibilidad de que nos haga daño le demostramos nuestra inocencia como víctimas, nuestra ceguera con respecto a lo que él es en realidad: un depredador.

Puede suceder que estos avisos surjan a veces, inopinadamente, como expresiones sin sentido de alguien que piensa en voz alta. La máscara se desliza involuntariamente a través del anuncio de un comportamiento futuro o la revelación de un aspecto de su persona, e inmediatamente lo dicho se ignora o pasa camuflado como un comentario tonto o incoherente.

Conviene que nos demos cuenta que lo que piensa el narcisista sale a la luz fugazmente, a través de esos “lapsus linguae”, por la sencilla razón que ya ha empezado a maquinar el maltrato al que planea someternos. Es como si no pudiera aguantarse y nos adelantara algo de cómo nos va a tratar para obtener aquello que más le satisface y quiere: el combustible.

De lo que está lleno el corazón, habla la boca

No lo olvidemos: el maltrato, las manipulaciones, en una palabra, el abuso, es completamente deliberado. Estos trastornados planean de antemano las cosas que nos hacen y, cuando nos lo anuncian, es como si disfrutaran anticipadamente del chute de suministro narcisista que se van a dar a cuenta nuestra.

Estos avisos desconcertantes del narcisista, para quien esté atento, constituyen, a mi juicio, una bandera roja acerca de la toxicidad de la persona con la que nos relacionamos. La gente emocionalmente sana no anda por ahí anunciando de pronto que son malas personas o que piensan hacer daño a otros. Estemos vigilantes y no bajemos la guardia.

Aquí hay 15 frases de este tipo que he recopilado de aquí y de allá. Si alguna vez escuchas estos comentarios en boca de alguien con quien mantienes una relación, presta atención a la advertencia que te está dando acerca de sí mismo, puede ser que te lo diga en serio y que se trate, posiblemente, de un narcisista:

1. Soy realmente una mala persona.
2. Sé que terminaré lastimándote.
3. Deberías mantenerte lejos de mí.
4. Hago cosas malas No puedo ayudar. Siempre lo hago.
5. Puedo hacer que desees no haberme conocido nunca.
6. Lo nuestro va a salir mal, siempre lo hace.
7. Terminarás odiándome.
8. No sabes en lo que te estás metiendo al relacionarte conmigo.
9. No deberías ser tan amable conmigo.
10. Deberías irte de mi vida mientras puedas.
11. Si me conocieras realmente me cerrarías la puerta.
12. Tengo que lastimar a la gente.
13. No quiero hacerte daño, pero lo haré.
14. Te lo aseguro, no merezco tu confianza
15. Créeme, no soy lo que piensas.


@libresdelnarcisista

sábado, 4 de noviembre de 2017

NARCISISTAS y PSICÓPATAS: Semejanzas y diferencias


Cuando descubrí el trastorno de mi amigo, me surgió la duda si se trataba de un psicópata integrado o de un perverso narcisista. El primer libro que leí fue “Amor zero” del psicólogo español Iñaki Piñuel, un excelente tratado sobre la dinámica relacional de los psicópatas y sus dramáticas secuelas en las vidas de sus víctimas.

El trabajo de Piñuel es, a mi juicio, de lo mejor que existe en esta materia en español, sin embargo la descripción que hace de los psicópatas integrados, no se correspondía exactamente con las características que observaba en mi amigo. Por supuesto, encontraba muchísimas semejanzas, pero había aspectos de su personalidad que el texto no especificaba. Obtuve respuesta leyendo otras fuentes, especialmente en inglés, por ejemplo a Sam Vaknin, y otros autores. 

Con el tiempo, logré ponerle nombre al trastorno de personalidad de mi amigo, se trataba de un narcisista encubierto con rasgos sociopáticos, es decir, usando la terminología de Otto Kernberg, otro gran especialista, un narcisista perverso, sin duda uno de los especímenes más peligrosos del reino de los narcisos.

Semejanzas: ¡Narcisistas y psicópatas bailan la misma balada! 

En base a lo que he ido aprendiendo, comenzaré comentando las semejanzas entre psicópatas y narcisistas

En principio, ambos comparten el mismo perfil básico de las personalidades narcisistas: idea grandiosa de sí mismos, creencia de que son únicos y especiales, irrespeto de los límites interpersonales, sentido de estar en derecho, envidia patológica, arrogancia, relaciones de explotación y maquiavelismo, necesidad de admiración, y la más importante de todas: la falta de empatía.

Psicópatas y narcisistas carecen de conciencia moral acerca del daño que infringen a otros, ni sienten culpa ni creen que son responsables del mal que hacen a los demás.

Las relaciones con psicópatas y narcisistas siguen el mismo ciclo: etapa de idealización o seducción, seguida por un tiempo de devaluación o denigración, y, finalmente, el descarte. Ambos son maestros consumados del engaño y el disfraz, expertos mentirosos, fríos, calculadores, estudian las características de sus víctimas y crean una personalidad falsa para atrapar mejor a sus presas.

Psicópatas y narcisistas utilizan las mismas técnicas de manipulación emocional y de control psicológico: el love bombing, la triangulación, el gaslighting, la victimización, el tratamiento silencioso, la negación, el aislamiento, etc.

Ambos mantienen con sus víctimas relaciones altamente abusivas y tóxicas. Como buenos depredadores, siembran caos y destrucción en las vidas de las personas que se enredan con ellos. Las secuelas suelen ser devastadoras: perdida de la autoestima, síndrome de estrés post-traumático, identidad erosionada, ansiedad, depresión, sentimiento de indefensión, disonancia cognitiva, etc.

Las semejanzas, como vemos, son muchas, psicópatas y narcisistas bailan la misma balada; comentemos ahora las diferencias.

Diferencias: La necesidad de combustible  

Los psicópatas no presentan los graves problemas de autoestima y de inseguridad que sufren los narcisistas, por lo que son unos depredadores mucho más fríos y más peligrosos. La autoestima de los narcisistas fluctúa constantemente, lo que les convierte en seres dependientes, adictos al combustible, las reacciones emocionales, la droga que requieren para funcionar y no sucumbir psicológicamente ni desmoronarse a trozos.

El psicópata, en cambio, aunque también busca controlar y dominar a la  víctima, no depende del suministro para actuar y mantener su fachada, su autoestima no está supeditada a los mecanismos de regulación que utilizan sus primos narcisistas.

A pesar de que ambos son bastante susceptibles a la crítica, y reaccionan de manera iracunda y vengativa, el narcisista es mucho más propenso a recibir una injuria o herida narcisista, dada su extremada inseguridad. Aunque aparenta ser fuerte y dominante, en realidad es frágil como el cristal de los espejos donde se mira. En él subyace un sentimiento infantil de vergüenza que no tiene el psicópata y que aflora en determinadas circunstancias, especialmente cuando se ve expuesto o criticado.

En consonancia con esto, el narcisista puede ir cambiando constantemente de víctima, pero nunca se queda sin pareja de baile, es decir, sin una fuente primaria de combustible. Para él, tener una persona que lo sostenga es, sencillamente, imprescindible. En cambio, el psicópata puede subsistir perfectamente como un lobo solitario, su capacidad de establecer relaciones estables en el tiempo es mucho menor que la de los narcisistas, por la sencilla razón de que no depende de ellas para mantener su funcionamiento psíquico y no demuestra ningún interés en nadie.

Todo lo expuesto se relaciona con el diferente origen de ambos trastornos. El narcisismo patológico es un mecanismo de defensa frente a una situación traumática ocurrida en la temprana infancia, lo que truncó el desarrollo de la empatía emocional y la formación de un yo definido. La persona, para sobrevivir al trauma, se ha refugiado en una imagen idealizada que ha creado de sí misma. Esa máscara, que ha sustituido al verdadero yo, se alimenta y sostiene por el combustible, es decir, por las reacciones emocionales que provoca en los demás.

Los narcisistas han crecido en entornos familiares altamente tóxicos, y su trastorno es fruto del abuso, sea por exceso o por defecto, perpetrado por padres, hermanos o primeros cuidadores.

En el caso de los psicópatas, las circunstancias ambientales no parecen ser tan decisivas en el origen de su patología. La predisposición genética y los factores constitucionales son los que han determinado la aparición de su trastorno de personalidad.

Algunos estudiosos afirman que la no empatía y la falta de conciencia moral de los psicópatas es una condición que no es fruto, como en el caso de los narcisistas, de ningún trauma infantil, sino que ha estado con ellos desde siempre. Es pasmoso. Nunca han sentido alegría, ni tristeza, ni remordimiento, y mucho menos sentimientos humanos tan elevados como el amor o la compasión.

En cambio, la empatía y la conciencia moral de los que sufren el trastorno narcisista quedaron anuladas en un momento clave de su desarrollo infantil. Así fue como lograron sobrevivir a una situación de abuso que amenazaba completamente su existencia psíquica y emocional.

Aunque ambas personalidades son altamente tóxicas y destructivas, el psicópata es mucho más peligroso, más cruel, siento menos reparo que el narcisista en cometer actos violentos para lograr sus objetivos. El narcisista cuida celosamente su imagen o fachada y siente menos satisfacción en transgredir la ley, quizás porque lo que le interesa por encima de todo no es tanto hacer daño en sí mismo, como al psicópata, sino obtener el suministro narcisista que le permite subsistir.

¡No bailemos con estos depredadores!: Contacto 0

Ambos trastornos carecen de un tratamiento terapéutico efectivo, su patrón de personalidad es estable. Están convencidos de que no necesitan cambiar, y además tampoco pueden hacerlo porque su ausencia de emociones y de conciencia moral es absolutamente irreversible, ya sea de origen traumático o constitucional.

Tanto en un caso como en otro, si se ha sido víctima de uno de estos especímenes tóxicos la única solución es el Contacto 0, romper todo vínculo con estas personas tan destructivas, escapar lo más lejos posible de su influencia, y comenzar en serio un camino de recuperación y liberación.

¡No bailemos con estos depredadores!: Contacto 0,  y que suene otra música en nuestra vida.

Estaré atento a sus comentarios y aportes. Un saludo.

@libresdelnarcisista

martes, 31 de octubre de 2017

El BLOG "LIBRES DEL NARCISISTA": Una cadena de esperanza


Termina octubre. Dentro de poco, en diciembre, este blog cumplirá un año.

Cuando comencé la página “Libres del Narcisista”, no imaginé que se suscitara ese rico intercambio de comentarios que los lectores, muchos de ellos víctimas del abuso narcisista como yo, han ido tejiendo en torno a las diversas entradas, aportando su experiencia y conocimiento, dialogando entre sí, compartiendo sus inquietudes, brindando palabras de ánimo, testimoniando su camino de recuperación y su solidaridad.

Esta red de apoyo que ha ido surgiendo espontáneamente me llena de honda satisfacción. Para mí los comentarios son el corazón mismo del blog, detrás de ellos están las personas reales, gente de carne y hueso como tú y como yo, que han vivido la demoledora experiencia de relacionarse con un narcisista y que visitan la página convirtiéndola en un espacio virtual que les permite encontrarse, animarse mutuamente, y crecer en el conocimiento de esta realidad tan devastadora del abuso narcisista.

Estas personas son las verdaderas protagonistas del blog “Libres del Narcisista”, pensando en ellas lo he abierto, cuando escribo y organizo mis ideas las tengo en mi mente, mi meta es que pueden encontrar aquí una respuesta que les ayude a salir del laberinto existencial y emocional, la burbuja, en que el narcisista los ha metido con sus condicionamientos, engaños y manipulaciones.

Atiendo el blog en los ratos que me quedan libres dentro de mi horario laboral.  Responder los comentarios me lleva su tiempo, por eso a veces se me acumulan y tengo que esperar algún momento disponible para contestar y actualizar la página. Quiero que sepan que aunque me tarde unos días, leo atentamente todos los comentarios y correos, e intento responder a todo en la medida de mis posibilidades.

He introducido la moderación en los comentarios porque desde el principio aparecieron personas, no sé si narcisistas o no, con mensajes contrarios al objetivo del blog que es brindar apoyo y soporte a las víctimas del abuso narcisista. Para mí es un valor fundamental el respeto incondicional a las personas, a su dignidad, a su dolor e historia. Por eso intento no hacer juicios de valor, ni permito comentarios que puedan resultar lesivos a las personas que, generosamente, han querido compartir su testimonio y experiencia.

A todos los que participan y comparten: ¡Muchas gracias! A lo mejor esa pequeña semilla de un comentario que dejan sembrada por aquí sea la clave para que alguna persona, quizás en otro momento o desde otro lugar del mundo, encuentre la respuesta que busca o una palabra de ánimo y motivación que le ayude a emprender el camino de la recuperación.

En la superación del abuso narcisista las víctimas tienen una palabra que decirse mutuamente. Podemos acudir a algún especialista, leer buenos libros sobre el tema, ver vídeos, etc. todo eso está muy bien y es recomendable y necesario, pero nada sustituye al papel de una persona que ha vivido la misma experiencia que tú y que puede comprenderte y darte una palabra de aliento y humanidad.

Nada más reconfortante que una voz amiga que te diga: “He estado roto como tú, conozco lo que vives, te comprendo, venga, toma mi mano, vamos a salir de esta trampa, la recuperación es posible, subamos juntos la cuesta”.

La meta es clara para todos: romper las ataduras del maltrato emocional y psicológico, superar las secuelas del abuso y recuperar la vida, sanando nuestras heridas, sanando, sobre todo, nuestra autoestima, haciendo de esta experiencia, para algunos tan devastadora, una oportunidad para crecer como seres humanos íntegros y felices, viviendo acordes a nuestra dignidad y valor, en comunión de vida con las demás personas.

En el logro de este objetivo, tú y yo somos necesarios, tu palabra y la mía son esa cadena de esperanza, la gran fuerza que enciende de luz los corazones y transforma una vida rota por el abuso, en hombres y mujeres nuevos, radiantes y llenos de vida.

@libresdelnarcisista 

sábado, 28 de octubre de 2017

¿QUÉ SIGNIFICA QUE EL NARCISISTA CAREZCA DE EMPATÍA?: 8 claves para comprender el problema


La falta de empatía,  uno de los criterios que mejor definen al narcisista, es quizás el elemento que más impacto genera en la víctima cuando descubre el trastorno de personalidad que sufre el abusador.

La empatía suele definirse como esa capacidad de conectar emocionalmente con otras personas, de ponernos en su lugar, de experimentar en forma refleja sus emociones y sentimientos y de comprenderlas en su contexto. Para la mayoría de nosotros se trata de una capacidad tan connatural de nuestra inteligencia que ni siquiera reparamos mucho en ello; es más, en nuestras interacciones con los demás, la presuponemos espontáneamente en los otros.

La empatía es el corazón de la inteligencia emocional.

La convivencia entre nosotros es posible, gracias, precisamente, a la empatía. Compartimos valores, nos reímos, sentimos compasión o nos indignamos, nos invade la tristeza o la nostalgia, la ternura,… nos abrazamos y besamos, nos tomamos de la mano… porque somos seres emocionalmente inteligentes, seres empáticos que saben reconocer esta sinfonía emocional en sí mismos y en su entorno, juzgando, a priori, que esta misma experiencia es común a otros seres humanos.

La experiencia con el narcisista trastoca por completo esta creencia que, tácitamente, mantenemos, la idea de que todos somos capaces de comprender recíprocamente emociones y sentimientos. Los narcisistas no lo hacen, ni quieren, ni pueden hacerlo. No tienen empatía. Esto nos desorienta por completo.

Está tan arraigada en nosotros esta presunción de la empatía de los otros, que una y otra vez he visto como las víctimas vuelven a referirse al abusador narcisista como si fuera una persona empática, y se comunican con él utilizando un lenguaje emocional, y sufren mucho pensando que el maltratador no manifiesta sentir esto o lo otro.

El desconocer qué significa este déficit emocional tan severo que sufre el narcisista, nos hace más vulnerables a sus tácticas de control y manipulación.

En lo personal, a mí tampoco me ha sido fácil comprender este rasgo del narcisista. Ha sido un largo camino salir de mi propio desconcierto ante una realidad tan ajena a mí mismo, e ir descubriendo, sobre todo a través de la observación, lo que realmente entraña la falta de empatía de las personas que sufren este desorden de personalidad.

Reuniendo datos de aquí y de allá, y en base a mi propia experiencia, ofrezco a continuación las siguientes 8 claves para comprender el problema: la carencia de empatía del narcisista:

1. El narcisista es capaz de entender nuestras emociones, pero no las siente en sí mismo:

Existen dos clases de empatía, una empatía cognitiva, también llamada empatía fría, mediante la cual logramos entender y captar que tal persona experimenta determinadas emociones y sentimientos; y una empatía emocional, gracias a la cual sentimos en forma refleja las experiencias emocionales y los sentimientos de los demás.

El narcisista mediante la empatía cognitiva sabe perfectamente qué emociones estamos sintiendo, si nos alegramos o sí sufrimos, etc., pero no es capaz de experimentar en sí mismo estos sentimientos; sencillamente, no los siente, así de claro. Carece por completo de la llamada empatía emocional, pero reconoce nuestras emociones a través de su empatía fría o cognitiva.

Es por eso que cuando hiere emocionalmente a otras personas, cuando las humilla o ningunea, es plenamente consciente del dolor que está causando en otros, pero no es capaz de sentirlo o de experimentarlo en sí mismo, por lo que, en realidad, no le importa generar daño si así obtiene lo que busca: el combustible, es decir, las reacciones emocionales de la víctima.

2. Hay algunas emociones que sí experimenta el narcisista

La vida emocional del narcisista es bastante pobre y poco profunda, pero la carencia de emociones no es absoluta. No experimenta alegría, por ejemplo, ni tristeza, ni mucho menos compasión hacia el sufrimiento ajeno. Sólo puede deducir la existencia de estos sentimientos cognitivamente, y ello a través de nuestros gestos y palabras.

Si siente en cambio el latigazo de la ira, a veces en forma de una furia fría, una rabia que tiene que reprimir casi continuamente y que lo arrastra de vez en cuando. También es capaz de sentir un odio bastante destructivo, fruto sobre todo de la envidia patológica que lo corroe por dentro. Además, experimenta fuertes deseos de venganza y siente una gran satisfacción cuando logra sus objetivos en contra de aquellos que le han causado alguna injuria narcisista.

Finalmente, aunque es bastante frío, en algunas circunstancias es capaz de sentir temor si se siente amenazado, especialmente si su imagen pública queda en entredicho o se ve expuesto delante de otros. Así mismo, sufre momentos de desbalance muy profundos, experimentando una suerte de depresión, particularmente si se queda sin combustible o suministro.

Otra emoción muy común en el narcisista es la vergüenza, que hunde sus raíces en los traumas de su infancia que originaron su trastorno de personalidad.

 3. Para el narcisista los rasgos empáticos de su víctima son su mayor debilidad

El narcisista ha dividido el mundo en fuertes y débiles, en su mente trastornada su ausencia de emociones, su frialdad, es una fortaleza que lo hace superior, frente al carácter emocional de su víctima, que la convierte en un ser inferior y manipulable.

De esta manera, racionaliza su carencia de empatía, un rasgo que justificaría su grandeza y superioridad frente a la debilidad de la víctima.

En consonancia con esta percepción, desprecia secretamente el lenguaje emocional, que no comprende, y que considera propio de personas débiles y controlables, y huye de toda experiencia que implique verdadera intimidad con otro ser humano, lo que constituye una amenaza a su grandeza y superioridad.

4. El narcisista suscita reacciones emocionales, positivas y negativas, como un medio de obtener poder y control sobre la víctima.

Llama la atención cómo alguien que carece de emociones, se alimente psicológicamente, precisamente, de las reacciones emocionales de los demás, es decir, del combustible, la razón última de todo lo que hacen.

Ello es así dado que manipular emocionalmente a los otros es la forma como obtienen poder y control sobre los demás. Ellos viven a través de las reacciones emocionales que provocan en otros, así se validan y construyen el falso yo que se han creado  

El narcisista, un adicto del poder y del control, ha descubierto que la mejor manera de tener a las personas bajo sus garras es manipulando sus emociones y sentimientos, esto hincha su ego y los obsesiona, aunque ellos no sientan estas emociones.

5. El narcisista no desarrolla vínculos afectivos con otras personas.

Los seres humanos emocionalmente sanos desarrollamos vínculos afectivos con las personas con las que nos relacionamos, no así el narcisista que es incapaz de conectar con las necesidades y sentimientos de los otros, salvo para manipularlos y gratificar su ego enfermo e inflado.

El narcisista sabe por experiencia que si logra que su víctima desarrolle vínculos afectivos intensos ya sean de amistad o de pareja, su acción manipuladora y de control emocional se hace mucho más fácil y es más destructiva. Él, por su parte, emocionalmente hablando, carece de cualquier atadura que lo ligue a alguien, es por eso que es capaz de sustituir a su víctima por otra persona sin que medie ningún tipo de duelo, en un abrir y cerrar de ojos.

Por otra parte, los sistemas de apego emocional que funcionan en las relaciones humanas normales están desactivados en el narcisista. Tarde o temprano, la víctima comprobará que el abusador nunca la ha visto como una persona, que siempre la ha considerado un objeto o cosa que puede desechar según su capricho.

Cuesta aceptarlo, pero hay que saberlo: los narcisistas no son capaces de amar, ni a un amigo, ni a un hijo, ni a una pareja. Es más no sólo no pueden amar, tampoco toleran que se les ame, un sentimiento que les resulta amenazante y que ellos no pueden sentir. Decía Sam Vaknin, experto en el tema, que los narcisistas “odian ser amados y aman ser odiados”, porque, como hemos visto, el odio es una emoción que ellos sí pueden experimentar y corresponder.

Por todo lo dicho, el narcisista es incapaz de extrañar a la otra persona, en el mejor de los casos puede que se acuerde del combustible que recibía de ella, y poco más.

6. Simulación de emociones a través de gestos y palabras

El narcisista disfraza su total ausencia de emociones y sentimientos reproduciendo los gestos emocionales que observa en las otras personas e imitando su lenguaje. Sabe que si la gente supiera hasta que punto carece de las emociones básicas que caracterizan al ser humano sería de inmediato rechazado socialmente.

El lenguaje y los gestos emocionales del narcisista son una impostura, forman parte de la máscara que proyecta de sí mismo de cara a la galería. De hecho, una de las razones por las cuales se siente atraído por las personas empáticas es porque le sirven de modelo para aprender a expresar emociones y sentimientos delante de los demás.

Aunque son excelentes actores y manejan con exquisitez el lenguaje con fines manipulativos, si la víctima está atenta notará algunas disonancias en las expresiones emocionales del narcisista. Por ejemplo, dirá frases compasivas pero notaremos en su mirada una frialdad que contradice lo que dice, o de pronto nos sorprenderá con expresiones bastante rudas y hasta agresivas, que intentará matizar enseguida con palabras aparentemente empáticas.

7. La no-reacción emocional de la víctima constituye una amenaza para la existencia del narcisista

Como hemos dicho, el narcisista, un ser carente de emociones, vive vicariamente de las emociones que despierta en otros, así sostiene su construcción. Cuando no logra extraer reacciones emocionales, cuando se tropieza con la frialdad tranquila, con la indiferencia sosegada, de la persona con la que interactúa es como si le clavaran una estaca en su corazón de vampiro.

No puede vivir sin las respuestas emocionales de los demás porque dentro de sí mismo no encuentra absolutamente nada que valide emocionalmente su existencia.

Ante la frialdad emocional, el narcisista huye despavorido.

8. Vacío existencial

La vida carente de emociones y sentimientos del narcisista es mortalmente vacía. Estas personas viven un permanente desierto existencial donde no hay ni alegría ni tristeza, en realidad nos cuesta imaginarnos una vida así, hundidos en este vacío existencial crónico que sufren los narcisistas.

Este paisaje en blanco y negro que contemplan hace que se aburran con extremada facilidad. Incapaces de amar, de  establecer vínculos con nadie, van cambiando de fuente de combustible repitiendo el ciclo del abuso constantemente, siempre vacíos y hambrientos, intentando aliviar su malestar a través de experiencias intensas que les ayuden a sentir que están vivos,  o refugiándose en conductas de tipo adictivo como el sexo express, las drogas, el alcohol, los juegos de azar, etc.


@libresdelnarcisista

martes, 24 de octubre de 2017

ABRAZOS QUE CURAN


Cuando se ha sido víctima de cualquier forma de abuso, emocional, psicológico, físico, etc., necesitamos un tiempo, a veces largo, para comprender racionalmente lo vivido. Este conocimiento nos ayuda a superar las secuelas del maltrato y a establecer un buen sistema de defensa y prevención.

Pero no estamos hechos sólo de razón.

Emocionalmente hemos sido heridos. El abusador se aprovechó de nuestro vínculo afectivo con él para perpetrar su acción depredadora. 

Nuestro corazón se rompió y nuestra confianza en el ser humano se ha visto afectada

Necesitamos recuperar la palabra "amigo", la palabra "hermano", la palabra "compañero". El abusador pisoteó los valores que estas palabras representan. Las vació de contenido, las devaluó.

Necesitamos curar nuestras emociones. Comenzando, por supuesto, por nosotros mismos. Cuando crecemos en autoestima, cuando nos valoramos, renace en nosotros la fuerza para amar a la gente.

Nadie puede dar lo que no tiene en sí mismo, por eso es importante trabajar en un sano amor hacia uno mismo, el fundamento de todo.

Los que han sufrido el abuso narcisista saben que es, justamente, la autoestima, la sagrada perla que el narcisista ha querido robarnos por completo.

Por mi parte, la experiencia que he vivido del abuso me ha hecho una persona más compasiva con el dolor de los demás.

Esta fuerza, la compasión, está en mi y en ti.

Cuando ayudamos a otros a recuperarse, nos estamos ayudando a nosotros mismos.  

Tú y yo, estoy convencido, somos instrumentos de curación emocional cuando ofrecemos nuestro hombro, cuando nos acogemos, cuando nos acompañamos y consolamos.

Necesitamos, en definitiva, esos abrazos que curan. 

Por lo pronto, aunque sea virtualmente, doy un abrazo a todos los lectores de este blog.

@libresdelnarcisista




viernes, 20 de octubre de 2017

BANDERA ROJA 3: El narcisista hace lo que sabe que ofende a la víctima


En mi relación con el narcisista no puedo precisar con exactitud cuando finalizó el tiempo de la idealización y comenzó la devaluación. Todo sucedió de una manera bastante sutil, el abuso y la manipulación narcisista siempre se ejecutan encubiertamente, y sólo con el tiempo la víctima percibe lo que está ocurriendo realmente.

Una de las primeras señales que observé fue la siguiente: el narcisista empezó a hacer cosas que sabía perfectamente, bien porque yo se lo había dicho o porque simplemente me conocía, que me molestaban o que provocaban en mi alguna reacción emocional negativa.

El ciclo se repetía cada cierto tiempo: él hacía o decía algo que me disgustaba, yo se lo reclamaba, él me pedía disculpas, me daba cualquier excusa, o me convencía que no tenía importancia o que yo estaba exagerando, etc. A los pocos días, volvía a suceder exactamente lo mismo, aparecían de nuevo las excusas o los argumentos sobre mi sensibilidad, mi carácter, y, venga, vuelta a empezar.

Me daba la impresión de que tenía a la mano una despensa bien surtida con toda clase de excusas o de razones para justificar su comportamiento, de tal forma que él siempre salía airoso.

A mi aquello no me parecía normal. Si una persona nos reclama porque hacemos un comentario, ya sea directo o indirecto, sobre su gordura, y nos pide que no lo volvamos a hacer porque se ha sentido ofendida ¿En qué cabeza cabe que unos días más tarde volvamos a la carga y, de nuevo, le mencionemos su problema de sobrepeso alegando que lo hemos hecho sin querer o sin darnos cuenta?

Todo esto me generaba confusión. Mi amigo narcisista ¿hacía estas cosas simplemente por error o por descuido? ¿Las hacía deliberadamente? ¿Era yo demasiado sensible?

Mi desconcierto duró hasta que comprendí el concepto de combustible negativo, esa era la clave de lo que estaba sucediendo.   

Detrás de todo, el combustible

Uno de los rasgos que busca el narcisista en las personas que elige como fuentes de suplemento narcisista, es que sean fácilmente influenciables a nivel emocional y que expresen su emotividad a través de gestos y palabras.

De modo especial, se siente muy atraído por aquellos que tienden a vocalizar sus enfados y frustraciones, lo que les hiere y disgusta, lo que les afecta negativamente. Son estas reacciones emocionales las que tienen mayor rango en su valoración de la calidad del combustible, la droga a la cual es adicto el depredador.

El narcisista, en la etapa de idealización, escucha y mira atentamente a su presa, ofreciéndole una cálida acogida. Así logra un clima de confianza y apertura. La víctima vocalizará, o lo mostrará en sus gestos, como se siente realmente, sus sentimientos, miedos, aquello que le disgusta y ofende, en una palabra, sus vulnerabilidades.

Toda esta información la registra fríamente el abusador a fin de utilizarla más tarde cuando quiera provocar en su presa las reacciones emocionales que busca, es decir, el combustible.

Por ejemplo, la víctima le dice que odia los sobrenombres o diminutivos. En el momento oportuno el narcisista ira introduciendo sutilmente algún apelativo a modo de mote para llamar a la persona. Lo hará, sencillamente, porque ya sabe que es algo que molesta u ofende a la persona y es eso, precisamente, lo que busca.

Como principio general, si el narcisista sabe, bien porque nosotros se lo comunicamos directamente o bien porque lo observa en nuestras reacciones, que algo nos produce irritación o nos enfada o hiere, estemos seguros que lo hará, no una sino varias veces, porque es así como obtiene de nosotros las reacciones emocionales que le hacen sentir en control y con poder.

Es por eso que la gente que expresa abiertamente su enojo e irritación, le muestra al depredador aquello que funciona según sus objetivos y lo que no funciona.

El narcisista utilizará este conocimiento sobre aquello que nos ofende o nos hace reaccionar para manipularnos y controlarnos, y también para, dado el caso, mantenernos  confundidos y desconcertados.

Luego justificará su conducta con toda clase de excusas, y créanme es un verdadero experto a la hora de hacerlo.

Intentará persuadirnos de que el problema está en nosotros: somos demasiado sensibles, posesivos, dependientes, necesitados, desequilibrados, inmaduros y hasta paranoicos. Esta será siempre su excusa preferida, así intentará lavarnos el cerebro.

En última instancia, puede que nos diga que esa es su forma de ser, y que él no ha hecho nada malo, y que a la gente hay que aceptarla tal y como es, y bla, bla, bla

Excusas, y más excusas, mentiras y más mentiras, todo está diseñado para disfrazar el abuso emocional y psicológico al que nos está sometiendo. 

Este comportamiento, verdaderamente venenoso, lo aprende el narcisista en sus primeros años de vida. Internamente ha crecido en un estado permanente de defensa-ataque, viendo en cada persona a un potencial enemigo, porque está convencido que este mundo es un lugar hostil donde sólo sobreviven los más fuertes.

Como estrategia de defensa, y porque en el fondo se siente terriblemente inseguro, decide estudiar psicológicamente a las personas, sus debilidades, así logra tenerlas bajo sus garras, controlar sus reacciones y dominarlas.

Hacer, a sabiendas, lo que hiere a otros es una Bandera Roja

Si cuando conocemos a alguien esa persona hace o dice algo que nos ofende o hiere, podemos darle una segunda oportunidad, es posible que lo haya hecho por error y sin mala intención.

Pero si ya le hemos comunicado que tal acción o palabra nos disgusta y observamos que vuelve a repetirlo, aunque sea de manera indirecta, no digamos ya que se trata de un error. Es un posible indicador de que nos encontramos ante una persona tóxica, probablemente un narcisista

Este comportamiento es, claramente, una Bandera Roja

El narcisista ataca deliberadamente nuestros puntos más vulnerables, aquello que él sabe de antemano que nos hace reaccionar emocionalmente. Eso es lo que busca, no lo dudemos, nuestro enojo o nuestra aflicción, ese es su alimento.

Sus excusas son sólo un disfraz. No aceptemos tampoco el lavado de cerebro que intentará hacernos para que pensemos que el problema está en nosotros.

No, el problema no somos nosotros, ni nuestro modo de ser, ni nuestro carácter.

No somos nosotros, ni mucho menos, todo es una actuación, en realidad él sabe perfectamente lo que hace, sabe que diciendo tal cosa o actuando de tal manera vamos a reaccionar, y por eso, precisamente, lo hace, esa es su intención, controlarnos y manipularnos, y que nuestras emociones le sirvan de combustible.

Esta es una de las razones por las cuales con los narcisistas no caben soluciones intermedias, tarde o temprano intentarán provocar reacciones emocionales negativas en los otros, con un alto coste emocional y psicológico para las víctimas. La solución es tajante: Contacto 0 o contacto mínimo, según sea el caso, y romper definitivamente las cadenas del abuso

Entender esto es fundamental para escapar de las garras del depredador. Cuesta aceptar la existencia de estos seres que sufren este trastorno tan destructivo, pero esa es la realidad que se esconde detrás del narcisismo patológico, y mientras mejor la comprendamos, mejor equipados estaremos para salir de la trampa.  

Nosotros, por lo pronto, ya estamos avisados, sabemos lo que hay que hacer: no alimentar al narcisista, que se vaya bien lejos, a provocar reacciones emocionales a los bosques de la Siberia helada si le apetece. 

Ánimo a todos, y adelante siempre en nuestro camino de recuperación.


@libresdelnarcisista

domingo, 15 de octubre de 2017

BANDERA ROJA 2: La obsesión del narcisista por el control


El control está en el corazón mismo del abuso narcisista. Todo lo que hace y dice el narcisista, sus manipulaciones, juegos psicológicos, etc., no tienen otro fin que controlar a las personas con las que se relaciona y dominarlas.

¿Qué significa el control para el narcisista?

En realidad, detrás de su adicción al combustible, lo que existe es un afán desmedido por sentirse en control y con poder sobre la víctima. Eso es lo que le nutre, la droga a la que está enganchado. Si logra, por ejemplo, que alguien le dedique su atención o le dirija palabras de admiración, se siente con poder y en control; si provoca, en cambio, llanto, enojo, ansiedad, es exactamente lo mismo, con el añadido de que dado que estas emociones son más difíciles de provocar, su sensación de empoderamiento es mucho mayor, y el combustible recibido es más vigorizante y brilla más.

Controlar para el narcisista significa, en otras palabras, que él es el jefe absoluto, una ratificación de su superioridad innata. No olvidemos que él se siente único, especial, con derecho.

En contrapartida, el narcisista no tolerará nunca que la víctima tome el mando y asuma en algún momento el control. Mucho menos que pretenda controlarlo a él. Eso sería un desafío al alto concepto que se ha creado de sí mismo. Sencillamente, no hay reciprocidad posible. Así es como la víctima se convierte en un ser dependiente, manteniendo una relación en la que carece de voz y voto, condicionada emocional y psicológicamente a complacer en todo a la otra persona.

Con el tiempo, esta atadura tóxica termina minando severamente la autoestima de la víctima y erosionando su sentido de identidad.

¿Por qué necesita el narcisista estar siempre en control?

La obsesión por el control del narcisista es una medida compensatoria frente a un sentimiento interno de inseguridad y desvaloración. Se trata de un mecanismo de defensa que protege su falso yo grandioso de cualquier amenaza.

En su mente enferma sólo hay dos alternativas posibles: o él controla a los demás y los domina, lo que confirmaría su superioridad: o los otros lo controlan a él y está bajo su mando, lo que haría patente su inferioridad. La imagen inflada que tiene de sí mismo no soporta esta última opción. No hay posiciones intermedias porque no existe ni reciprocidad ni igualdad entre las personas.

En sus relaciones con los demás el narcisista percibe siempre planos enfrentados: superior/inferior, fuerte/débil, listo/ingenuo, etc.

El narcisista no soporta las situaciones que él no tenga bajo su control porque psicológicamente evita cualquier posición subalterna. Se trata de defender el yo grandioso que se ha construido como fachada.

Tomemos en cuenta que nos encontramos ante una persona que es incapaz de validarse a sí misma. Su sentimiento de autovaloración es completamente dependiente del exterior, fruto, precisamente, de su empoderamiento y control sobre los otros.

Cuando desvalora y descalifica a los demás, cuando los trata como inferiores, cuando los controla y manipula, logra, por fin, aliviar su inseguridad y se siente valioso y superior. Así, mediante el control, compensa los vaivenes de su frágil autoestima y logra mantener la construcción de sí mismo, la que quiere proyectar al exterior como persona segura, fuerte, dominante y deseada.

Pero, no nos engañemos, sólo es eso, una fachada o construcción, en realidad adentro hay un gran vacío, un ser inseguro que carece de autoconcepto. Su aparente autoestima es completamente falsa, fruto de su devaluación de los demás.

Principales formas de control del narcisista

El narcisista ejerce su control casi siempre de forma sútil y encubierta, por medio de toda la gama de manipulaciones de su arsenal depredador: el tratamiento silencioso, la triangulación, el gaslighting, la proyección, etc. Todos estos juegos psicológicos no tienen otro objetivo que controlar y dominar, psicológica y emocionalmente, a la víctima.

Para que el control del narcisista sea efectivo, es imprescindible que el vínculo emocional/afectivo de la víctima sea  intenso y esté bien establecido. Una vez que logra este objetivo, el abusador sabe que tiene carta blanca para controlarla y manipularla a su antojo, desarrollando toda su acción vampírica hasta vaciarla y destruirla emocionalmente, lesionando su integridad psicológica y pulverizando su autoestima. Este es el plan que, en términos generales, sigue el narcisista con todas sus víctimas.

Reflexionando esta tarde sobre mí experiencia, he logrado identificar algunas formas concretas de control que ejerce el narcisista:

1. Ofreciendo y retirando su atención y afecto a la víctima en forma intermitente e impredecible.

2. Marcando el tiempo de duración de sus encuentros con la víctima y la frecuencia de los mismos. Si se ven o no se ven, todo eso lo controla el narcisista.

3. Decidiendo los temas de la conversación, los sitios que se visitan, las películas o espectáculos a los que asisten, según sus propios gustos e intereses y sin tomar en cuenta a la víctima.

4. Asumiendo tácticamente las decisiones que deberían ser de común acuerdo. Manteniendo una actitud paternalista frente a la víctima.

5. Cerrando celosamente el acceso a la información, actuando con secretismo y reserva, generando intriga y zozobra en la víctima.

6. Controlando la agenda de la víctima, las personas con las que se relaciona, lo que hace cada día, como se viste, el monto de sus ingresos, lo que come, etc.

7. Condicionando a la víctima para que dependa de su aprobación o validación en las cosas que hace, siente y piensa.

8. Victimizándose, apelando a los rasgos empáticos de la víctima.

9. Generando falsas expectativas, haciéndole creer a la víctima en una vuelta superficial al período dorado de la amistad, haciendo uso de la ambigüedad.

10. Aprovechándose de los miedos y debilidades de la víctima, que ha estudiado con detenimiento.

Esto es un breve recuento de cómo el narcisista ejerce su control. Seguramente habrá muchas más formas, según sea el tipo de relación, pareja, familia, compañeros de trabajo, amistad, etc.  Aquí sería interesante que cada víctima aportara su propia experiencia sobre el control que ha sufrido por parte del depredador emocional.

El control es abuso y una Bandera Roja del narcisista

Cuando comencé a relacionarme más estrechamente con el narcisista observé en seguida su perfil controlador. Pensé, en ese momento, que algunas personas, por naturaleza, tienen un carácter más dominante e impulsivo, y que quizás, con el tiempo, mi amigo aprendería a moderarse y a asumir una posición más equilibrada, que tomara en cuenta las necesidades y deseos de los demás.

En mi ingenuidad, llegué incluso a pensar que tenía madera de líder ¡Pobre de mí!... Su liderazgo es el de un dictador autócrata y egoísta que manipula y explota a sus subordinados.

Ahora me doy cuenta de mi ceguera ante esta Bandera Roja. Con mi actitud benevolente estaba justificando una conducta que desde un principio he debido identificar como tóxica. No era consciente de hasta qué punto este rasgo, el afán de control, era un elemento central en su patrón de comportamiento.

Si estamos en una relación y observamos que la otra persona monopoliza abusivamente todas las decisiones e intenta condicionar nuestros pensamientos, deseos y sentimientos, encendamos las alarmas: lo más seguro es que estemos ante una persona tóxica, probablemente un narcisista.

Las personas emocionalmente sanas son respetuosas de la libertad del otro y logran establecer vínculos donde prevalece claramente la reciprocidad.

En general, el abusador, sea narcisista o no, disfraza sus sentimientos de inseguridad y minusvalía ejerciendo un control enfermizo y autoritario sobre las personas con las que se relaciona. Hay personas que, erróneamente, confunden este afán de dominación con el verdadero amor. Nada más lejos de la realidad.

El amor, ya sea de amistad o de pareja, no se funda en el ejercicio del poder y la supremacía de una parte sobre la otra. Este tipo de vínculo es más propio de una relación amo-esclavo.

El amor verdadero es una experiencia de crecimiento mutuo que enriquece a ambas partes. Caminar juntos, compartir juntos la aventura de vivir, sin dependencias tóxicas de ningún tipo.

Nadie debe vivir supeditado o a expensas, emocionalmente, de otro ser humano. Vivir “para” otros constituye una trampa que falsea cualquier relación y, a la larga, incide en nuestro bienestar emocional y psicológico. La clave es vivir “con” los otros, en comunión de vida con los demás, manteniendo relaciones maduras de verdadero respeto, apoyo y comunicación.

Debemos aprender a defender nuestra autonomía y a mantener a raya a quien intente controlarnos, emocionalmente o de cualquier otra forma. El  control no es cónsono con la confianza y la reciprocidad que deben reinar en cualquier relación sana.

El control, en síntesis, es ABUSO y no tiene justificación de ninguna especie. El narcisista se vale del vínculo afectivo de la víctima para controlarla y dominarla abusivamente. Es tiempo ya de que tomemos conciencia del engaño que nos ha tendido y que recuperemos nuestra libertad decretando y manteniendo un Contacto 0. Es un asunto de derechos y libertades, un asunto de dignidad.

Atento a sus comentarios y aportes. Un saludo.


@libresdelnarcisista