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miércoles, 26 de julio de 2017

¿Cuál es el mayor secreto de los narcisistas?: Lo que hay detrás del espejo

"Reproducción prohibida"- Rene Magritte



El narcisista se pavonea ante el mundo, y lo que proyecta siempre es una fachada, una imagen cuidadosamente construida con retazos de aquí y de allá, capas de capas de personas con las que interactúa. 

Como el camaleón, según la circunstancia, adopta un color u otro. Por eso es que nunca lo conocemos realmente. Lo único que se nos permite ver es ese mosaico o collage formado por las características o cualidades de gente a la que admira o a la que quiere seducir.

Nosotros nos enredamos con uno de sus tantos personajes, es inútil querer entenderle porque tendríamos que tener una panorámica completa de todas las personas que han sido reflejadas o "espejeadas" (mirroring) y eso es, prácticamente, imposible.

El narcisista, igual que el Narciso del mito griego, está enamorado de esta imagen de sí mismo que nosotros le reflejamos cuando le servimos su ración de combustible.

Esta construcción está diseñada para ocultar al verdadero ser que hay detrás,  el que aguarda del otro lado del espejo, y que constituye su mayor secreto.

Detrás de este actor de tragicomedias se esconde un ser humano atrapado en los primeros estadios de la infancia, con un sentimiento muy fuerte y envolvente de inadecuación e inseguridad, carente de verdadera autoestima, porque el amor a uno mismo requiere un "sí mismo" que amar, pero el autoconcepto, el sentido del yo, apenas se ha formado.

Esa es la razón por la que muchos estudiosos consideran el narcisismo como una patología de la autoestima.

De cuando en cuando el monstruo que está detrás del espejo amenaza con escaparse,  a veces asoma su cogote como una voz que les picotea en la mente: "No vales para nada", "eres un fracasado", "lo haces mal", "eres patético", etc. La única forma de darle en los morros a esta bestia es, precisamente, engullendo combustible, tanto positivo como negativo, agitando las ricas aguas de las reacciones emocionales de quienes le rodean, casi siempre a través de manipulaciones y juegos psicológicos.

La construcción de su "falso yo" les garantiza que nada de esto salga a la luz. Es una cárcel para que el monstruo se quede bien oculto y encerrado. El mantenimiento de las paredes del edificio requiere una provisión constante de combustible, así funciona este tinglado.

¿Para qué nos sirve conocer estas cosas? Lo primero, para que comprendamos porque dependen continuamente del combustible para existir, porque lo buscan sin descanso, porque necesitan extraerlo, tanto el positivo como el negativo, en cantidades suficientes para mantener la construcción, e impedir que emerja la criatura que les acecha desde dentro. 

Si se quedan sin suministro, la fachada comenzaría a caerse a pedazos, y sucumbirían. Así de simple. 

Lo segundo, para que estemos conscientes de lo que realmente se esconde detrás del narcisista y no nos engañemos. Su arrogancia, su carácter dominante, esa planta de macho alfa que a veces exhibe, es un mecanismo compensatorio, lo cierto es que estamos ante una persona terriblemente insegura, incapaz de validarse a sí misma, dependiente de las reacciones emocionales de otros.

Además, pensemos: ¿Por qué alguien tiene que recurrir a la mentira y a la manipulación para lograr el afecto y la atención de otra persona? ¿Por qué tiene que disfrazarse para engañar? ¿Por qué recurre, consciente o inconscientemente, a estrategias de condicionamiento conductual, a refuerzos positivos, negativos e intermitentes, para dominar y controlar a su pareja?

Una persona con verdadera autoestima, segura de sí misma, no tendría ninguna necesidad de recurrir a estas tácticas para relacionarse con la gente ¿Qué merito tiene lograr el amor de una persona por estos medios? Ninguno, por supuesto.

Ojalá que todo esto nos ayude a desidealizar al narcisista, y que la venda se nos caiga definitivamente de los ojos.

Por supuesto, ellos defenderán con uñas y dientes su fachada, las que nos proyectaron y la que exhiben ante el mundo. Lo que hay detrás del espejo, debe permanecer en secreto, guardado con siete llaves y, si es posible, en el fondo del mar.

Pero nosotros ya lo sabemos. 

@libresdelnarcisista



lunes, 24 de julio de 2017

¿Odiar al narcisista? La fuerza sanadora del perdón


Esta tarde he estado viendo unos vídeos sobre las distintas formas de vengarse del narcisista, o cómo tomar revancha de sus acciones abusivas. Incluso encontré uno que instruía acerca de torturarle. Todo este lenguaje que habla de odios, de venganzas y torturas, me resulta francamente chocante y contradice por completo mis valores personales.

Por cierto, seamos prudentes frente al abundante material que sobre el narcisismo circula por la Red. No todas las fuentes tienen el mismo valor, y, además, no basta con haber sufrido en primera persona el abuso narcisista para convertirse en un experto. A veces se escuchan algunos consejos, como los vídeos que he visto hoy, que lejos de ayudar a las víctimas del abuso, sencillamente las desorientan aún más o, lo que es peor, las exponen a vivir situaciones francamente peligrosas.

Conocimiento, experiencia, y también sentido común. Todo esto es necesario en un tema tan delicado como este.

Odiar al narcisista es caer en la trampa de su lógica. Él espera nuestra venganza porque, precisamente, ese es su terreno de juego. Estos trastornados son vengativos por naturaleza. Su odio, que nace de su envidia patológica, no tiene límites. Además, conviene no olvidar, nuestra reacción les sirve de combustible.

Frente a estos “gurús” que hablan de odios y de venganzas, mi experiencia personal de recuperación del abuso ha sido bien distinta.

Nuestra respuesta natural frente a las devastadoras acciones del narcisista es el resentimiento y la ira. Cuando descubrimos cómo fuimos engañados, burlados, manipulados, explotados, cómo fue minando nuestra autoestima, la forma cruel que nos descartó, etc. sentimos un deseo natural de hacer justicia y de vengarnos de nuestro maltratador.

¿Qué hacer con estos sentimientos, muchas veces abrumadores, que se convierten en una pesada cadena que nos ata al narcisista?

Debemos estar conscientes de que el odio es una fuerza destructora de la vida. El odio nunca ha curado a nadie. El resentimiento es una atadura que nos mantiene ligados a situaciones irremediablemente pasadas y, lo que es peor, a nuestro maltratador.

Cuando guardamos resentimiento a alguien le estamos dando poder a esa persona en nuestra vida. Ella sigue presente en nuestras emociones y en nuestros pensamientos.

¿Cómo liberarnos? La respuesta está en el perdón.

El perdón del que hablo no se basa en los merecimientos del narcisista, de hecho desde el punto de vista de la justicia, no lo merece en absoluto. Tampoco depende de su posible arrepentimiento porque de sobra sabemos que no es real, por la sencilla razón de que ellos no sienten ni culpa ni remordimiento por las cosas que nos hicieron.

El perdón tampoco significa la restitución de la situación anterior, no es darle carta blanca al narcisista para que pueda seguir manipulándonos y engañándonos como si no hubiera pasado nada. No implica volver a abrirle la puerta una vez que nos hemos desenganchado de sus garras. Por el hecho de perdonarle no deja de ser una persona altamente tóxica.

El perdón no consiste en negar la realidad del abuso que hemos sufrido, con todas sus consecuencias, ni quitarle importancia. Sabemos que su conducta ha sido intencionada, y que esta persona se ha alimentado de nuestro sufrimiento y lo ha procurado por distintas vías.

El perdón es una decisión libre de nuestra voluntad por la cual reconocemos y aceptamos todo el daño que se nos ha hecho y optamos por no guardar resentimiento a la persona que nos ha herido. No le deseamos mal, ni queremos que sufra lo que nosotros hemos padecido. Simplemente, la perdonamos, y al hacerlo purgamos nuestro corazón de cualquier semilla de odio que haya echado raíces en él.

El perdón es un acto libre de amor por nosotros mismos. La sensación es como quitarse un gran peso de encima. Nosotros somos los principales beneficiarios.

El perdón no se fundamenta en nuestros sentimientos, porque no siempre controlamos lo que sentimos. Es un acto generoso y valiente de nuestra parte que nos ayuda a sanarnos y a quitarnos de encima una pesada carga, más allá de lo que podamos sentir o no. Días vendrán en que esta persona deje de despertarnos sentimientos tan negativos como el odio o la ira.

Fruto del perdón es la compasión, sentir el dolor y la tragedia de otro, una experiencia genuinamente humana. Los narcisistas son víctimas de situaciones traumáticas que afectaron su desarrollo temprano a nivel psicológico y, sobre todo, emocional. No tengamos miedo de sentir compasión por los que sufren este trastorno, ellos no saben ni pueden amar, no son capaces de sentir alegría o tristeza, toda su vida es una continua mentira, la búsqueda incesante de combustible los convierte en verdaderos esclavos.

Detrás de su fachada hay un ser terriblemente inseguro que se siente inadecuado y vacío, y que se ha construido una máscara para esconderse.

Por supuesto que debemos estar alerta para que el narcisista no se aproveche de nuestra compasión para manipularnos, especialmente cuando juega la carta de victimizarse. Pero una vez que estamos conscientes de su trastorno y de sus manipulaciones psicológicas, no sé a otros, pero en mi caso por supuesto que despierta mi compasión.

Perdonamos de corazón, y al hacerlo le quitamos poder y control al narcisista sobre nuestras emociones y pensamientos. Nuestra atención y energía tienen que estar puestas en nosotros, en nuestra vida, y ello no es posible si alimentamos ideas de venganza y nos sentimos abrumados bajo el peso de nuestros resentimientos.

Perdonamos de corazón, y cerramos la puerta definitivamente al narcisista en nuestra vida, no para vengarnos de él, sino para protegernos de su patológico comportamiento altamente destructivo. En este sentido, el No Contacto es una muralla de defensa para recuperarnos y mantenernos fuera del área de influencia de estos depredadores emocionales.

Este perdón también debe alcanzarnos a nosotros. A veces nos sentimos resentidos con nosotros mismos por haber permitido que alguien nos engañara de esa manera, por no haber visto a tiempo las banderas rojas, por haber dejado que nos devaluara y nos tratara de la forma como lo hizo, por no lograr desengancharnos y por romper en algún momento el Contacto 0, etc.

Hay que perdonarse a sí mismo. Fuimos víctimas de una ilusión, no conocíamos la realidad de este trastorno, nuestra recuperación tiene sus tiempos y sus etapas, debemos aceptarlo. La compasión y el amor comienzan por casa.

Cesemos de reprocharnos nuestros errores y debilidades. Si en algún momento flaqueamos, seamos humildes, aceptemos lo sucedido y volvamos a levantarnos y a seguir avanzando en nuestra recuperación.

Por mi parte, me desmarco totalmente de cualquier fórmula que promueva el odio o la venganza, ya sea al narcisista o a cualquier otro ser humano. Odio, eso sí, la mentira, la falsedad y toda forma de manipulación y explotación interpersonal; odio el abuso y el maltrato en cualquiera de sus manifestaciones. Quiero mi corazón libre de todo resentimiento, quiero centrarme en mi vida, en la experiencia de los valores hermosos que dan sentido y significado a mi existir: el amor, la entrega de uno mismo por una causa noble, la amistad, la solidaridad, etc.

Sencillamente, no tengo espacio en mi vida ni para el odio ni para el resentimiento, dos sentimientos que enferman el corazón y lo encadenan.

El perdón no es un mero acto puntual, es un proceso de sanación que lleva su tiempo. Sigamos reflexionando sobre ello y avanzando en el camino de nuestra liberación.

Siempre atento a sus comentarios y aportes, un saludo

@libresdelnarcisista


sábado, 22 de julio de 2017

Aprende a reconocerlo: 7 características del abuso narcisista


En una relación cualquiera, una amistad, una pareja, cabe esperar que se presenten a menudo choques de caracteres, que surjan tensiones y momentos de conflicto.

Ello forma parte de una dinámica relacional que pudiéramos catalogar como normal. La gente emocionalmente sana tiende a resolver sus diferencias a través del diálogo, en un clima, ojalá, de respeto y reciprocidad.

Estas confrontaciones, en el contexto de una relación, no constituyen necesariamente abuso por ninguna de las dos partes.

El abuso es, claramente, otra cosa.

Saber diferenciar una situación de abuso o de maltrato de los conflictos normales que se suceden entre las personas cuando se relacionan entre sí, es fundamental para establecer el grado de toxicidad de una relación.

Vivimos, de hecho, en una sociedad que ha normalizado, a todos los niveles, la violencia y el maltrato. De allí la dificultad que tienen algunos en reconocer las conductas abusivas cuando se presentan. Incluso en ciertos ambientes se legitima o racionaliza el abuso alegando, por ejemplo, el carácter “fuerte” del abusador, o, lo que es peor, la “debilidad” de la víctima.

Pero el abuso es abuso, y no tiene justificativo de ninguna especie.

Abuso es toda interacción humana que afecte la integridad de la persona, que perjudique su bienestar bio-psico-social, que traspase sus límites, que condicione o manipule sus emociones para lograr determinados fines, que la despoje de sus derechos y libertades valiéndose de sus vulnerabilidades.

En una palabra, que atente contra su dignidad, ese valor inalienable que tiene todo ser humano en sí mismo, por encima de su raza, condición social, credo, género, etc.

En una relación de abuso existen dos componentes: la víctima y el abusador. Hay que distinguir quién es quién en cada circunstancia. En este punto no existe neutralidad posible: o estamos de parte de la víctima, o nos unimos al coro de los que justifican al abusador.

Existen muchas clases de abuso: emocional, psicológico, físico, sexual, financiero, etc. Dentro de este marco tan amplio, el abuso narcisista posee unas características peculiares que nos permiten distinguirlo de otras formas de maltrato. Saber identificarlo nos ayuda a establecer una estrategia adecuada de defensa, a comprender las secuelas que sufren las personas que lo padecen y nos posibilita el camino de la recuperación.


 7 características del abuso narcisista:

1. Es, fundamentalmente, emocional y psicológico:

Aunque en una relación narcisista se pueden presentar todo tipo de conductas abusivas, incluyendo la agresión física o la explotación económica, lo propio del abuso de este tipo de personalidad tóxica es su carácter eminentemente emocional y psicológico. Ello es así porque el objetivo fundamental del maltratador es obtener suministro narcisista, es decir, la reacción emocional de la víctima, convirtiéndola en su fuente, primaria o secundaria, de combustible, tanto positivo como negativo.

La búsqueda de combustible es lo que explica el uso que hacen los narcisistas de toda una gama de tácticas de manipulación emocional y psicológica: el gaslighting, el tratamiento silencioso, la triangulación, la culpabilización, la proyección, el love bombing o bombardeo de amor, etc.

2. Es, mayoritariamente, encubierto

El abuso narcisista es difícil de reconocer y de probar porque casi siempre se ejerce en forma encubierta, especialmente a través de un comportamiento pasivo-agresivo. La misma víctima apenas se va dando cuenta de que está siendo sometida a un trato abusivo porque su verdugo, desde el comienzo mismo de la relación, la va acondicionando para que vaya aceptando progresivamente el maltrato que ejerce sobre ella.

Los narcisistas se valen del engaño para disfrazar su agenda, en muy pocas ocasiones declaran abiertamente su hostilidad, de allí su insidia y el desconcierto de las víctimas cuando se dan cuenta de la trampa que les han tendido.

3. Es continuo y se ejecuta al compás del ciclo de la relación

El abuso narcisista es continuo y el ciclo de la relación narcisista: idealización-devaluación-descarte marca su dinámica. En la idealización, el depredador seduce a la víctima a través de tácticas como el love bombing o el mirroring, el objetivo es lograr su “enganche” emocional. Por medio del reforzamiento intermitente la va convirtiendo en dependiente de su atención y afecto.

Sutilmente, como un goteo incesante, comienza la etapa de denigración: unas palabritas dobles por aquí, un comentario cargado de veneno al día siguiente, pronto vendrán el tratamiento silencioso, la triangulación, la siembra de dudas a través del gaslighting, etc. Combinan este trato vejatorio con momentos breves de vuelta al período dorado, desconcertando a las víctimas, que se sienten cada día más atrapadas y confundidas.

Dejándolas emocionalmente exhaustas y rotas, finalmente, las descartan, sin ofrecer, la mayoría de las veces, una explicación que sirva de cierre psicológico a la relación y demostrando su falta de empatía y su malignidad. Luego, al tiempo, intentarán regresar de nuevo, comenzando otra vez el ciclo de engaños y de manipulaciones.

El abuso se realiza a través de todo este ciclo de tira y afloja, “pull-push”, típico de las relaciones narcisistas.

4. Es intencional

La conducta abusiva de los narcisistas no es espontánea, responde a una agenda y tiene una intención: obtener combustible, un asunto que ellos nunca dejan al azar. Puede suceder que aprovechen alguna circunstancia imprevista para maltratar a sus víctimas y de paso obtener combustible extra, pero su actuación sigue unos lineamientos generales y obedece a un esquema.

Los narcisistas están conscientes de los efectos de su comportamiento, saben que están destruyendo emocionalmente a la otra persona, pero carecen de empatía, y no sienten ningún remordimiento por el daño que hacen.  

5. Se basa en el estudio de las características, valores y vulnerabilidades de la víctima

Los narcisistas, como buenos depredadores, estudian muy bien a sus víctimas, especialmente sus valores y sus vulnerabilidades, y en base a este conocimiento despliegan su conducta abusiva. Atacarán aquello que más valora la persona, saben que botones pulsar para provocar la reacción emocional de la que se alimentan.

Lo mismo con respecto a las vulnerabilidades. Si se dan cuenta que la víctima arrastra, por ejemplo, un trauma infantil de abandono, se aprovecharán de ello para manipularla emocionalmente, amenazándola, directa o indirectamente, con dejarla.
  
6.  El abuso genera en la víctima un vínculo traumático con el depredador

Entre los narcisistas y sus presas se establece un vínculo emocional traumático que es fruto del abuso perpetrado. Esta atadura, que tiene incluso un componente de tipo bioquímico, es la responsable de que las víctimas no logren fácilmente romper los lazos que las sujetan a sus verdugos y ello a pesar de estar conscientes del maltrato sufrido.

Los narcisistas, por su parte, no establecen ninguna conexión emocional real con sus víctimas. Todo su foco de atención ha estado en el combustible que han podido extraer de ellas.

Precisamente, una de las dificultades a la hora de decretar y mantener un Contacto 0 es la lucha que se da en el interior de la víctima entre su adicción al maltratador y la necesidad imperiosa de escapar de sus garras y comenzar su camino de recuperación.

7. Ataca directamente la autoestima de la víctima y sus rasgos de carácter más positivos

En el abuso narcisista juega un papel primordial la envidia que siente el depredador hacia todos los bienes, especialmente de orden moral y psicológico, que posee la víctima. Es por eso que su maltrato se centra en destruir el sistema de autoestima de la otra persona, el núcleo de su personalidad, y sus características más positivas: su alegría, su vitalidad, su expresividad, su talento creativo, etc. Desvalorándolas sistemática y continuamente, logran calmar su envidia y sentirse superior y por encima de sus presas.

En consecuencia, las víctimas del abuso narcisista presentan como síntoma principal una autoestima completamente erosionada. Dejan de confiar en ellas mismas y se sienten paralizadas e invadidas de sentimientos de angustia, tristeza, inseguridad, etc.


Identificar el abuso y establecer un buen sistema de defensa

El abuso de los narcisistas no es fruto del carácter “fuerte” del depredador ni de sus cambios de humor, es un patrón establecido de comportamiento que se corresponde con los rasgos de su trastorno de personalidad. Si nos encontramos atrapados en una relación marcada por este tipo de maltrato, debemos aprender a identificarlo y a establecer un buen sistema de defensa.

Aunque lo ideal es decretar un Contacto 0, hay circunstancias en las que nos vemos obligados a relacionarnos con personas que padecen este trastorno, en esos casos tomemos algunas medidas de protección:

1. No alimentar a los narcisistas con nuestras reacciones emocionales, no ofrecerles combustible, ni positivo ni negativo.

2. Fortalecer nuestro sistema de autoestima y desarrollar habilidades comunicacionales asertivas. Establecer con claridad nuestros límites personales.

3. Estar conscientes que todas las estrategias de manipulación de los narcisistas se basan en el engaño. Una vez que dejamos de creerles totalmente, lo despojamos de su control sobre nosotros.

4. Excluir al narcisista de nuestro círculo de confianza, dejar de comunicarle nuestros temores y estados emocionales.

5. Desconectarnos “emocionalmente” de nuestro depredador, no buscar su aprobación o atención.

6. Cultivar relaciones interpersonales sanas que nos sirvan de escudo de defensa y nos ayuden a recuperarnos de los efectos altamente tóxicos de las relaciones narcisistas.

Sigamos avanzando cada día más en nuestra recuperación, mantengamos siempre la esperanza, que el conocimiento sea nuestra principal arma en la lucha contra el abuso narcisista.
 @libresdelnarcisista



jueves, 13 de julio de 2017

Contacto 0: Un vídeo de "Identifica un narcisista"


Una de las plataformas que conozco en español, de las pocas que existen, sobre el tema del trastorno narcisista de la personalidad, y de apoyo a las víctimas del abuso, es el canal de Youtube: "Identifica un narcisista", de la mexicana Tabatha Lepe. Con un lenguaje directo y sencillo, esta mujer expone los principales temas del narcisismo patológico y ofrece orientaciones sobre como enfrentar, y prevenir, una relación con una personalidad tóxica de estas características.

De los muchos clips disponibles en su canal, he querido compartir este, titulado: "Como escapar de un narcisista peligroso", cuyo contenido me ha resultado sumamente interesante en relación al tema que hemos venido trabajando en este blog sobre el Contacto 0, primordial para la recuperación de las víctimas.

Resalto su insistencia en la preparación que debe preceder al establecimiento de esta medida de corte de la relación  con el narcisista, así como de las precauciones que hay que tomar a la hora de marcharnos de la vida del depredador emocional. 

Es relevante también su consejo de adecuar la estrategia de escape o de salida a las características del narcisista, sea de tipo histriónico, limítrofe o encubierto, estos últimos los más peligrosos, sin duda alguna. 

Finalmente, coincido con ella en la necesidad de buscar, con la prudencia necesaria, aliados que nos apoyen en nuestra decisión y de proteger a los niños, en el caso de que los hubiera, para que no se vean expuestos a situaciones traumáticas o, incluso, peligrosas para su integridad emocional y física.

Compartamos recursos, hagamos que la información ruede por la Red y se multiplique. El conocimiento es la mejor arma de prevención y defensa ante el abuso narcisista.  


@libresdelnarcisista

martes, 11 de julio de 2017

¿Comenzar el CONTACTO O?: ¡No se lo digas al narcisista!


En la entrada anterior, ¿Cómo terminar la relación con el narcisista?, nos quedó pendiente la pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de cerrar la relación con el narcisista y comenzar el Contacto 0?

Antes de meternos de lleno a resolver esta cuestión, quisiéramos recordar algunos principios básicos, que debemos tener en mente a la hora de cerrar la relación con un  narcisista o con otra personalidad tóxica.

Para las víctimas del abuso estos principios son de vital importancia, dado que el narcisista ha ejercido sobre ellas un control totalmente abusivo, desconociendo sus necesidades y derechos, arrebatándoles continuamente el poder de decisión sobre su propia vida.

Si compartes día y noche con una persona que controla todos los aspectos de la relación, y que ejerce en tu vida un poder casi omnímodo, los efectos sobre ti son, con el tiempo, altamente destructivos, a nivel psicológico y emocional.

Esta es la realidad cotidiana de una relación con un narcisista.

La victima ha sido condicionada, por medio de la manipulación y el engaño, a actuar siempre en función de las necesidades y los deseos de su depredador, a postergarse continuamente, a depender emocionalmente de su validación.

De esta cárcel se sale poniendo fin a la relación con el narcisista, y decretando un Contacto 0 con el abusador.


Principios Básicos

A la hora de cerrar la relación con el narcisista, no olvides nunca los siguientes  principios:

1.  Tú tienes todo el DERECHO a DECIDIR con quién mantienes una relación en tu vida o con quién no;

2. Tú tienes el DERECHO a poner fin a la relación con el narcisista si así lo decides y en el momento en que lo decidas;

3. No estás OBLIGADO/A ni a comunicar tus decisiones personales ni a dar explicaciones al narcisista de las razones que las justifican, incluyendo la de decretar un Contacto O y terminar la relación.

4. No tienes ninguna MISIÓN que cumplir con el narcisista. Hagas lo que hagas, él no va a cambiar nunca su patrón perverso de comportamiento porque está en el núcleo de su personalidad trastornada.

5. No estás OBLIGADO/A a mantener una relación que no ofrezca las condiciones mínimas de reciprocidad, respeto, comunicación y confianza que es legitimo esperar en cualquier relación humana.

Estos principios son fundamentales para recuperar el control y el poder sobre tu vida, los pilares sobre los que se asienta el Contacto 0


¿Cuándo debemos implementar el CONTACTO 0?

La respuesta es muy sencilla: lo haremos en nuestros términos, en el momento que escojamos nosotros y cuando sintamos que estamos preparados.

Nadie debería presionarnos, y lo mejor sería, incluso, no comunicar a otros la fecha de nuestra ruptura con el narcisista, a menos que sea absolutamente necesario.

Seamos cautos con nuestras decisiones personales, máxime con todo aquello que guarde relación con el narcisista.

Para muchas víctimas elegir ellas mismas cuándo van a dar este paso es una forma de recuperar el control y el poder, que les había arrebatado el narcisista,  sobre su vida. En ese sentido, es un ejercicio claro de empoderamiento que nos fortalece para poder enfrentar la intensa reacción que cabe esperar del depredador cuando intente recuperar a su presa y hacer fracasar el Contacto 0

Lo fundamental es no retrasarlo por ninguna razón asociada con el narcisista, no podemos permitir que siga ejerciendo sobre nosotros ningún control. Sucumbir y condicionar nuestros planes a la realidad de nuestro maltratador, es dejarse llevar de nuevo por el lavado de cerebro que nos ha condicionado a actuar de manera dependiente y sumisa.

Eso debe terminar. La hora del Contacto 0 es nuestra, nosotros marcamos la prioridad sin dejar que el narcisista interfiera en la ejecución de nuestros planes de marcharnos.


¿Cómo debemos implementar el CONTACTO 0?

La respuesta es simple y directa: ejecutándolo. No cometamos el error de decirle al narcisista que no queremos estar envueltos en una relación con él nunca más.

No hay que decirle que vamos a decretar con él un Contacto 0. Salvo en el caso, como explicaremos luego, que nuestra relación sea con un narcisista maligno o con un psicópata, ni siquiera conviene informarle de nuestra salida.

El narcisista sabe perfectamente el abuso emocional y psicológico que hemos sufrido, y que él ha perpetrado, deducirá inmediatamente la causa de nuestra marcha. Si no le avisamos, estaremos en ventaja sobre sus maquinaciones, y escaparemos a todo el arsenal manipulador que pondría en acción para evitar nuestra salida y la pérdida de su fuente de suministro o combustible.

Como explicamos en la entrada anterior, ni conversaciones de despedida, ni una carta final, ni un texto explicativo, ni confrontaciones para echarle en cara su comportamiento o decirle que sabemos quién es. Nada de eso, simplemente, recogemos nuestras cosas, cerramos bien la puerta y nos marchamos, es todo.

No nos dejemos llevar por nuestros rasgos empáticos, por esa necesidad que sentimos de dar un “cierre” a la relación. No caigamos en la trampa de pensar que le debemos una explicación a nuestro maltratador.

¿Nos explico alguna vez el narcisista, por ejemplo, por qué nos aplicó el tratamiento silencioso? ¿Por qué deberíamos explicarle nosotros ahora nuestra decisión?

Salgamos directamente de la vida del narcisista. Sin anuncios, sin explicaciones, sin preámbulos que no merece.

Si nos sentamos a explicarle, si le advertimos sobre nuestra marcha, si le enviamos un escrito preparatorio, el narcisista no se va a sentar y pensar “Sí, es cierto, ¡qué mala persona soy!”. En absoluto. Ni siquiera prestará atención a nuestras razones, por más brillantemente expuestas que estén.

Se llenará de rabia pues decretando el Contacto 0 nos estamos liberando de sus garras y él pierde su fuente de combustible. Lo considerará una audacia de nuestra parte, un desafío a su control y a su sentido de superioridad.

En resumen, terminemos por nuestra cuenta la relación con el narcisista, hagamos nosotros mismos el cierre, y marchémonos, centrados en el paso que estamos dando, olvidando la reacción inmediata del abusador.

Mantengámonos firmes, enfocados en nosotros, resistamos las primeras semanas, y el narcisista se largará por un buen tiempo, por la sencilla razón de que necesitará aprovisionarse de combustible y tendrá que buscarlo en otra parte lo más rápido posible.


Variedad de casos

Lo expuesto sólo son las orientaciones generales de un tema de por sí delicado y, en algunas circunstancias, particularmente difícil.

El cómo y el cuándo vamos a implementar el Contacto 0  debe tomar en cuenta también otros factores, y cada uno debe aplicarlo según su propio caso.

Un aspecto muy importante a tomar en cuenta es el perfil de la personalidad tóxica con la que hemos estado enganchados. Por ejemplo, si se trata de un narcisista maligno, o de un psicópata, conviene, a pesar de lo dicho anteriormente, avisarle por cualquier medio posible nuestra decisión de terminar la relación y de marcharnos, sin necesidad, por supuesto, de grandes explicaciones ni de mensajes de cierre. Esto es así para evitar cualquier reacción impredecible o potencialmente violenta.

Eso por eso, que cada situación amérita su propio discernimiento, y es difícil establecer una pauta común aplicable a todos los casos

Debemos considerar, además, el momento en que nos encontramos en el ciclo de la relación narcisista: el post-descarte, la devaluación, el hoover. Las dificultades son diferentes y el contexto de la víctima también.

Por otra parte, dependerá también del tipo de vínculo: amistad, pareja, compañeros de trabajo, nexo familiar, etc.; de los años que lleve la relación, no es lo mismo unos meses que 10 años; si viven o no en común, etc.

Un elemento de suma importancia a tomar en cuenta es cuando exista el peligro de agresiones físicas por parte del narcisista, o haya antecedentes de este tipo de violencia. En esos casos, el Contacto 0 ha de ser inmediato y total, y se debe pedir la protección policial conforme a los protocolos legales de cada país.

Hay situaciones muy difíciles en las cuales aplicar el Contacto 0 se hace imposible: existen hijos en común, la víctima depende económicamente del maltratador, se trabaja en la misma empresa que el narcisista, es nuestro vecino, etc. Para todos estos casos, la opción es el método de la piedra gris: no ofrecerle al narcisista ninguna reacción emocional, y tener un Contacto Mínimo.  Sobre este tema comentaremos en otra oportunidad.

Sea cual sea nuestro caso, nunca insistiremos demasiado en la necesidad de preparar con antelación nuestra salida de la vida del narcisista, prever todos los detalles y anticiparse a las dificultades que puedan presentarse.

Del tema del Contacto 0, central para la recuperación de las víctimas, debemos seguir reflexionando. Desde aquí estaremos atentos a sus aportes y comentarios

@libresdelnarcisista


jueves, 6 de julio de 2017

¿Cómo terminar la relación con el narcisista? 3 errores que hay que evitar


¿Cómo decirle adiós al narcisista?, ¿cómo comunicarle que la relación ha terminado? Aunque la respuesta a estas preguntas va a depender de cada caso, terminar con un individuo que padezca este trastorno de personalidad no sigue la misma lógica que en una relación con una persona emocionalmente sana.

Nuestra tendencia natural como personas empáticas es enfrentar este momento, de por sí difícil, de una manera fuertemente emotiva.

Debemos estar conscientes que nos encontramos ante una persona que no responde a nuestra naturaleza. Él, en realidad, no tiene ningún vínculo afectivo con nosotros, sólo nos ha visto como fuentes proveedoras de combustible o suministro narcisista y poco más.

Plantear el cierre de la relación con el narcisista desde una perspectiva emocional, nos hace muy vulnerables a sus juegos y manipulaciones.

No entremos en esta batalla con él.

Tenemos que cambiar nuestra perspectiva mental de cómo debería terminar idealmente una relación. No, no estamos rompiendo una relación de las que hemos tenido anteriormente, donde cabe esperar lazos afectivos mutuos, o una dinámica dialogante y de reciprocidad.

No encuentro un nombre adecuado para denominar el tipo de vínculo que tenemos con este sujeto trastornado. Él nunca nos ha visto en un plano de igualdad, ni siquiera nos reconoce como personas autónomas con necesidades y derechos propios. Somos, ante sus ojos, seres inferiores que le proveen de combustible, a quienes controla y domina.

Es un vínculo claramente tóxico que nos ha convertido en seres emocionalmente dependientes, erosionado nuestra identidad y quebrantado nuestra autoestima.

Quizás porque no nos detenemos a pensar esto fríamente, caemos en la trampa de creer que podemos concluir nuestra relación con el narcisista como si se tratara de un vínculo con una persona adulta y emocionalmente sana.

Precisamente, los tres errores sobre los cuales quisiera comentarles a continuación, responden a la expectativa ingenua que podemos tener sobre el modo de poner fin a la relación con el narcisista:


1. Tener una última conversación con el narcisista como cierre de la relación:

En una relación normal necesitamos tener esa última conversación con el otro a fin de hacer el cierre de lo vivido, quizás aclarar algún punto o exponer las razones por las cuales decidimos marcharnos.

Nada de esto funciona con el narcisista.

Primero, porque el narcisista normalmente no cierra sus relaciones con ninguna de sus víctimas, simplemente las descarta la mayoría de las veces de la noche a la mañana, o en el peor momento posible, y sin darles ninguna explicación. Detenerse a exponerle a la víctima las razones de su partida sería tratarla como una persona, pero él nunca le ha reconocido ese estatus, en su mente se trata de una cosa, de un dispositivo que ha dejado de servirle y que echa a un lado.

Además, saben que dejando así a la víctima está se quedará paralizada, a la espera de una explicación de su parte. De esta manera, dejan la puerta abierta para el hoover, la aspiradora, cuando vuelva disfrazado de oveja y la intente meter de nuevo en su rebaño.

Los efectos psicológicos de este “no-cierre” de la relación pueden ser, sencillamente, devastadores.

Si no nos encontramos en el post-descarte, si estamos, por ejemplo, en la fase de devaluación del ciclo narcisista y decidimos terminar nosotros  la relación, no soñemos con tener con el narcisista una última conversación de despedida, donde le expongamos calmadamente las razones de nuestra salida.

Si hacemos esto su reacción más probable será manipularnos, y, créanme, se empleará a fondo con todo su arsenal: culpabilización, victimización, negación, proyección, etc. Seguramente, hará falsas promesas de cambiar, intentará engañarnos, despertar nuestra compasión, etc.

También se puede dar el caso que reaccione en forma iracunda, se haga el “ofendido” por nuestras palabras, y nos monté una pequeña escena. Es un enfado totalmente fingido y con fines manipuladores, no nos quepa duda.

Tomando en cuenta que debido al vínculo traumático, la mezcla potente, estamos todavía bajo los efectos del condicionamiento psicológico y afectivo que nos ha atado perversamente a esta persona tóxica, es probable que sucumbamos ante esta reacción tan intensa, y fracasemos en nuestro intento de salir de las manos de nuestro verdugo.

Por otra parte, lo digo por experiencia, ¡no vale la pena tener esa última conversación con el narcisista! No va a reconocer absolutamente nada, nos culpabilizará de todo, torcerá nuestras razones con su lógica perversa, nos pondrá excusas, nos hará dudar e intentará confundirnos. Esta es la realidad que yo viví varias veces cada vez que intenté una conversación de cierre con mi depredador. Hasta que me di cuenta de lo inútil de mi intento y no caí más en su juego.


2. Escribirle un e-mail o un Whatsapp explicándole nuestras razones para terminar:

Las personas empáticas solemos ser bastante expresivas, nos gusta comunicarnos y compartir lo que sentimos, especialmente con las personas que son significativas para nosotros.

No parece mala idea hacer el cierre con el narcisista a través de un escrito donde de una manera razonada le expondríamos nuestros motivos para terminar la relación.

Escribirle  nos libraría del trago amargo de tener que enfrentarnos con él cara a cara. Además, cuando escribimos organizamos mejor nuestro pensamiento y ponderamos con calma lo que queremos expresar.

Mi consejo: no nos esmeremos en esta tarea, realmente no merece la pena, y, de nuevo, nos exponemos a las manipulaciones y juegos del  narcisista. Además, corremos el riesgo de que utilice nuestro escrito como argumento para atacarnos durante la campaña de difamación. Es capaz de acusarnos delante de terceros de estar obsesionados con él, de haber perdido la cordura, de estar desequilibrados,  etc., y usará nuestras palabras como prueba. Créanme, es capaz, lo he visto.

Por cierto, en nuestras comunicaciones por escrito con el narcisista debemos evitar a toda costa cualquier expresión de tipo emocional y hacer confesiones de índole personal. Utilicemos siempre un lenguaje neutro y objetivo, y vayamos directamente al objeto de nuestra comunicación, sin rodeos, lo más corta y fría posible dentro de los márgenes de una amabilidad razonable. Esto vale tanto para un E-mail, como para un mensaje de texto o un Whatsapp.

No se nos ocurra decirle al narcisista por escrito, por ejemplo, el dolor que nos ha causado, ni comentarle nuestros sentimientos de soledad, depresión, etc.,  lo único que estaríamos haciendo es surtiéndolo de un rico combustible que lo empodera enormemente y lo hace sentir en control.

Por otra parte, el narcisista, a la hora de responder a nuestro escrito, jugará vilmente con nosotros, pues sabe perfectamente que estaremos pendientes de su respuesta, y no desaprovechará la ocasión para maltratarnos y obtener combustible. Puede decirnos, por ejemplo, que no ha recibido nuestra comunicación, o que no ha tenido tiempo de leerla, etc.

Puede también, sencillamente, ignorarla por completo, y aplicarnos el “tratamiento silencioso”.

Sí opta por respondernos nos mandará  a lo mejor un par de frases escuetas o una ensalada de palabras a través de las cuales es probable que juegue a victimizarse y a hacerse el ofendido, intentando así manipularnos de nuevo.

Por todo esto, no merece la pena escribirle, es exponernos a nuevas situaciones de abuso y manipulación. El narcisista no valorará el trabajo que nos hemos tomado en hacerlo, ni se mostrará interesado en aclarar las cosas con nosotros, aunque pueda aparentar lo contrario, su objetivo real será confundirnos y que desistamos de nuestra decisión de abandonarlo, con el agravante, además, de que tendrá en su mano una prueba escrita de nuestros sentimientos personales

Otra cosa bien distinta es que, cómo terapia, le escribamos al narcisista una carta donde  desahoguemos todo nuestro dolor y nuestra rabia, pero sólo con fines de liberación emocional y nunca con la intención de que llegue a manos de nuestro depredador. De esto hablaremos en otra ocasión.


3. Confrontar directamente al narcisista a la hora de cerrar la relación:

Es muy normal que la víctima cuando se da cuenta del abuso que ha sufrido y de cómo ha sido engañada y explotada, quiera confrontar directamente al narcisista, reclamarle a la cara  su comportamiento y quitarle la máscara a su depredador.

Aunque parezca que, en justicia, es lo que merece esta persona trastornada, no lo hagamos.

Primero, porque nos exponemos a causarle una herida narcisista, él se lo tomará como una injuria a su persona, y su reacción más probable será de ira, que se  puede manifestar a través de una explosión de rabia incontrolable, que lo convertiría en una persona verdaderamente violenta y peligrosa.

Esta ira narcisista se puede expresar también de una manera pasivo-agresiva a través de una furia fría, totalmente malévola, que lo arrastraría a maquinar cómo hacernos daño y de una manera, casi siempre, encubierta.

Estemos conscientes que los narcisistas son tremendamente vengativos, y no se detienen a la hora de tomar represalias contra aquellos que se atreven a confrontarlos.

Por otra parte, toda nuestra explosión emocional, nuestro desahogo, no es más que una rica fuente de precioso combustible que lo empodera enormemente. En el fondo, él está esperando nuestra reacción, incluso la provoca, quiere que perdamos el control, que lo insultemos, que le digamos el daño que nos ha hecho, que le reclamemos sus mentiras, que lloremos a moco tendido, etc. Todo esto es combustible de la mejor calidad para el narcisista,  el cual siente un subidón cuando nos ve totalmente rotos y devastados.

Así de malignos son estos trastornados.

Por lo demás, no esperemos nunca que él acepte nuestros reclamos. Manipulará hasta lo indecible nuestros argumentos, nos tratará de paranóicos, desequilibrados, etc., nos acusará de ser nosotros los narcisistas. Tomemos en cuenta que mucho del abuso que hemos sufrido se ha perpetrado de forma sutil y encubierta, como un goteo venenoso, casi siempre de una manera pasivo-agresiva, por lo que es muy difícil probarlo y sólo nos damos cuenta de su toxicidad con el paso del tiempo.

Por todo lo dicho, no recomendaría nunca esta vía para cerrar la relación con el narcisista, es abrir la puerta a problemas que pueden ser incluso mayores, con el agravante de que el narcisista interpretará nuestras acusaciones como una verdadera declaración de guerra, con todas las consecuencias que esto puede tener para nuestro bienestar y seguridad personal.

Así pues, no caigamos en la trampa de utilizar el cierre para confrontar al narcisista, busquemos otras vías de liberación de nuestra rabia y de nuestro dolor. Si no le reclamamos nada, si no nos mostramos enfadados o heridos, se sentirá desconcertado. No le demos el gusto de que nos vea desestabilizados. No le ofrezcamos ningún argumento para que nos ataque. Mostrarnos fríos e indiferentes, sin mencionar nada sobre el abuso que hemos sufrido, es como una bofetada que los deja sin combustible.

En realidad, la única revancha efectiva, el arma definitiva que dispone la víctima y que los destruye totalmente, es decretar y mantener con ellos un Contacto 0.


A modo de conclusión

En síntesis, ni conversaciones de despedida, ni comunicaciones por escrito, ni confrontaciones o reclamos de última hora.  Nada de esto es aconsejable a la hora de cerrar la relación con el narcisista y dar inicio al Contacto 0.

Nos queda la pregunta: ¿Cómo debemos, entonces, terminar esta relación tóxica e iniciar el Contacto 0? La respuesta, como he dicho al principio, dependerá de cada caso. Es un tema que requiere cierto detenimiento, por lo que lo dejaremos para nuestra próxima entrada.

Como siempre, encantado de recibir sus aportes y comentarios. Un saludo.


@libresdelnarcisista


martes, 4 de julio de 2017

Ni alegría ni tristeza: el vacío emocional del narcisista


He vuelto a ver esta tarde la película "Inside-out" (Pixar, 2015), que trata sobre el desarrollo emocional de una adolescente visto desde su interior y a través de una serie de personajes que representan las emociones más básicas: la alegría, la tristeza, la ira, el disgusto y el miedo.

En un momento culminante de la historia, Alegría y Tristeza son arrojadas a una especie de vertedero oscuro y tenebroso, relegadas a permanecer allí para siempre; sin embargo, gracias a un carro del Amigo Imaginario, logran escapar y toman de nuevo el control del centro de mando de las emociones de la joven.

Haciendo un paralelismo con la vida del narcisista, estas emociones, alegría y tristeza, a una edad muy temprana de su existencia, también fueron lanzadas a un precipicio oscuro,  pero, a diferencia de lo que sucede en la película, no han salido de allí y no se desarrollaron. Es como si nunca hubieran existido.

La consecuencia es sencilla, y terrible, a la vez: el narcisista no siente ni alegría ni tristeza. Así se defendió del trauma que vivía, y evitó el dolor, aunque el precio que ha pagado por ello es bastante alto: el vacío emocional que lo corroe por dentro.

Por supuesto, sabe de la existencia de esas emociones, puede fingirlas adecuadamente cuando la situación así lo requiere. Ha aprendido a copiarlas de los demás: gestos, palabras, expresiones faciales, etc. Pero todo es una brillante actuación, en realidad no las siente nunca.

Todas las experiencias gratificantes de la vida, que para una persona empática son una fuente natural de gozo y satisfacción: el nacimiento de un niño, el logro de una meta, el encuentro con las personas que amamos, la victoria de nuestro equipo deportivo, etc. el  narcisista las vive siempre en términos de obtención de suministro o combustible, la droga que requiere continuamente: control, poder, atención, admiración, etc.

He llegado a la conclusión que cuando nos percibe alegres y contentos, le invade una envidia destructiva y patológica: sabe muy bien que es una experiencia que él no puede tener y eso le hace sentir inferior. Además, si a causa de nuestra alegría nuestra atención y admiración están puestas en otra cosa que no es él, se llenará de rabia y hará cualquier cosa para que nos centremos de nuevo en su persona.

Lo mismo sucede con la tristeza. Ni la muerte de un familiar, ni una pérdida económica, ni una traición, ni siquiera un fracaso o una enfermedad, le provocan este sentimiento. Sentirá quizás el fuego de la ira, el deseo de revancha, o el temor ante la incertidumbre del futuro, incluso puede presentar cuadros de angustia o de ansiedad, pero nunca tristeza tal y como la entendemos nosotros.

Tomemos en cuenta que los sistemas de apego emocional del narcisista están fundidos completamente. Por eso, ni nos extraña ni se siente afligido por nuestra ausencia. Lo único que puede experimentar es la necesidad del combustible que puede succionar de nosotros como un vampiro, y esa sería la única razón que lo movería a ir en nuestra búsqueda. 

Por cierto, la tristeza forma parte de la vida emocional de las personas sanas. En esta sociedad narcisista de hoy estar tristes tiene muy mala prensa, nadie quiere mostrarse afligido, todos nos afanamos por proyectar una imagen de permanente sonrisa y felicidad.

A veces pienso que estamos promoviendo, especialmente a través de las redes sociales,  el surgimiento de personalidades individualistas, profundamente egoístas e insensibles ante el dolor ajeno. Por supuesto, que el narcisista es un caso extremo y patológico, pero el caldo de cultivo es esta sociedad que esconde emociones humanas tan básicas como la tristeza

Gracias a ella somos capaces de ser compasivos con los demás, de ponernos en los zapatos del vecino cuando éste se queda sin trabajo, de abrazar el dolor de quien vive una perdida, porque lo hemos sentido y llorado en nosotros mismos. El experimentar tristeza hace que nuestro corazón se quiebre ante el llanto de un niño víctima de la guerra en Siria, o ante el espectáculo de una familia sin hogar.

Por supuesto, tiene que haber un equilibrio, tristeza y alegría deben balancearse a lo largo de la vida, las dos forman parte de nuestra salud emocional.

Si el narcisista fuera capaz de sentir tristeza sería el principio de su salvación, cabría una esperanza para él. Pero esta emoción ha sido totalmente desconectada de su cerebro, ni siquiera logró desarrollarla, los cables están cortados.

El narcisista sabe, por otra parte, que si logra manipular en nosotros, tanto la tristeza como la alegría, nos tiene bajo su poder y control, y eso es lo que hace continuamente cuando se relaciona con nosotros.

Con frecuencia, como toda esta realidad nos resulta tan extraña, a mi por lo menos me lo parece, cometemos el error de tratar al narcisista como si fuera una persona empática, y utilizamos con él un lenguaje emotivo, que para nosotros es natural, y que lo único que hace es convertirnos en presa de sus juegos y manipulaciones.

No utilicemos este tipo de lenguaje, el lenguaje emocional, con el narcisista. Es la única forma de no darle combustible

Si le compartimos al narcisista nuestras tristezas no esperemos que se ablande o que sienta algo de compasión, lo único que estamos haciendo es que se sienta hinchado de poder, en control y superior a nosotros.

Para el narcisista nuestras emociones nos hacen tremendamente vulnerables, por eso su objetivo es provocarlas en nosotros manipulándonos, así nos controla y se llena de poder.

Lo paradójico es que él no experimenta nunca ni tristeza ni alegría, simplemente las suscita en nosotros como un medio para dominarnos y sentirse superior. Ese es todo su juego.

De este tema tan importante de la dinámica narcisista debemos seguir profundizando. Esperamos sus comentarios y aportes.

@libresdelnarcisista