domingo, 8 de enero de 2017

6 características de cómo ven los narcisistas a las otras personas



¿Cómo ven los narcisistas al resto de los mortales? ¿Qué hay en la mente de los narcisistas sociópatas cuando interactúan con los demás? La respuesta a estas preguntas es relativamente sencilla: los que sufren este trastorno nos ven siempre desde el prisma de su burbuja, es decir,  desde esa realidad ilusoria del  “Falso yo” que se han creado.

Los narcisistas se valen de nuestra presunción de que somos percibidos por él conforme a nuestros estándares cognitivos, emocionales y éticos. Como buenos maestros del disfraz, simulan perfectamente compartir nuestros valores y nuestra visión de lo que significan las personas, y las relaciones humanas.

Pero ellos no siguen las reglas del juego que rigen la convivencia humana: el respeto, la reciprocidad, la honestidad, el desinterés, la lealtad, etc.

Todo es una máscara, ellos no perciben a las personas igual que nosotros. Nos engañan, y nos engañan para atraparnos en su ilusión, es decir, en su tela de araña.

¿Cómo nos ven, entonces, los narcisistas? He aquí 6 características:

1. Como fuentes, o potenciales fuentes, de “suministro” narcisista: 

El suministro narcisista es la droga que requiere para regular su autoestima, alimentar su falso e inflado “ego”, y sentirse en control. Un narcisista sólo o aislado colapsaría. Por eso necesita relacionarse continuamente con las personas, de ellas, de sus reacciones emocionales, positivas o negativas, extrae el combustible al que es adicto.

Las personas serán relevantes en la medida en que sean, o no, una fuente confiable, o potencial, de buen combustible. Por supuesto, cuando por cualquier motivo dejan de serlo, son sustituidas o intercambiadas sin ningún problema.

Es una visión pragmática, utilitarista, de los seres humanos, simplemente como medios que sirven para saciar una adicción. No hay ningún otro vinculo, ni afectivo ni emocional, porque él nunca ha estado interesado en la otra persona en cuanto tal, sino sólo en el “suministronarcisista que le proporciona.

Cuando conocen a alguien lo evalúan según su potencial como fuente de “suministro”. Si hay perspectivas de generar buen combustible se muestran interesados en la persona, y despliegan todas sus armas de seducción; en caso contrario, se vuelven indiferentes e incluso fríos y distantes.

2. Como espejos:

Para el narcisista los otros son el reflejo especular de su propia imagen inflada. La confirmación de que su “falso yo”, su mundo de ilusión, es cierto. El narcisista está enamorado de la fotografía que nosotros percibimos de él, la que él proyecta en los demás en sus relaciones.

Toda su autoestima depende de la validación que le viene de los espejos que le reflejan.

Es por eso que cuando el espejo se atreve a criticarlo, reacciona de manera muy negativa, o directamente no lo acepta. Entonces, sin pensarlo mucho, devalúa y descarta al espejo, porque ya no cumple su función de validarlo.

Otro aspecto de las personas como espejos es la imitación que hacen los narcisistas de ciertos rasgos de personalidad de los que carecen, especialmente de la empatía. Como buenos actores, son muy observadores, copian esos atributos y los reproducen en el momento en que los necesitan.

3. Como objetos: 

El narcisista no reconoce el concepto de dignidad humana, la singularidad de lo que significa ser persona, con todas sus consecuencias éticas. Él, sencillamente, cosifica a las personas, las convierte en objetos que están a su uso. Por eso no tiene ningún reparo en explotarlas al máximo para lograr sus objetivos y cumplir su agenda.

Explota y aprovecha todo lo que pueda extraer de la víctima: sus relaciones, su tiempo, su dinero, sus conocimientos e ideas, su trabajo, y un largo etcétera.  

Por supuesto, si la persona con la que se relaciona es sólo una cosa, no tiene caso ocuparse de sus gustos, ideas, sentimientos, necesidades, metas, etc. Nada de esto existe en la mente del depredador narcisista.

Es por eso que en la fase de descarte, cuando la cosa ya no les interesa o no les sirve, la dejan tirada como si se tratara de cualquier objeto que ya no funciona y es arrojado a la basura.

Esta es, quizás, una de las verdades más duras a las que tiene que enfrentarse la víctima del abuso narcisista.

4. Como extensiones de sí mismo

Para el narcisista las personas que están dentro de su burbuja carecen de autonomía, son meras extensiones de sí mismo. No existen límites que respetar, sino que le pertenecen como si formaran parte de su propio ser.

Como un maestro titiritero maneja a los otros conforme a su agenda, mueve los hilos de sus vidas para que comiencen a girar en torno a él y a sus intereses.

De allí la acuciante necesidad que tienen de controlar a sus víctimas, lo que piensan, en que ocupan su tiempo, lo que hacen. Él quiere estar siempre al mando, tener el control, lo mismo que haría cualquiera de nosotros con un miembro de su propio cuerpo.

Por eso cuando la víctima declara su independencia y se separa, lo que él siente es que una parte de sí mismo se desprende, porque el “yo” del otro ha sido subsumido por el depredador, que no lo reconoce como un ente aparte. Ello explica la ira del narcisista, y sus reacciones cuando la víctima se rebela y logra marcharse.


5. Como competidores

Para el narcisista no existe el concepto de cooperación entre las personas, ni las relaciones en términos de ganar/ganar. El siempre ve al otro como un posible competidor, y no en raras ocasiones, como una amenaza, ya sea real o ficticia.

Sus relaciones son siempre ganar/perder.

En su mente los seres humanos se dividen en dos clases: los fuertes y los débiles. En medio de la selva, donde todos luchan y se enfrentan por lograr sus intereses, los fuertes vencen y destruyen a los débiles. Por supuesto, él siempre se coloca del lado de los fuertes, racionalizando así su frialdad emocional y su falta de empatía.

En esta contienda de los fuertes contra los débiles todo vale: la mentira, la manipulación, la traición, la amenaza, el robo, el abuso emocional, la violencia psicológica, y, por supuesto, en algunos casos extremos, la violencia física. Es la vida, dirán ellos.

No está de más decir que odian toda forma de vulnerabilidad, en sí mismos o en los demás. De hecho, cualquier manifestación emocional o sentimental, la consideran una debilidad y por eso la detestan.

El narcisista siempre, pero siempre, está compitiendo, y se planta frente al otro como si fuera un enemigo en una batalla. Conceptos como colaboración o generosidad le resultan inadmisibles o propios de perdedores.

El narcisista, por su naturaleza, es individualista, aunque en algunas circunstancias, cuando le convenga, trabaje en equipo, él nunca verá a sus compañeros como iguales.  

Dos aspectos de la psicología del narcisista se relacionan directamente con su carácter competitivo: su envidia patológica, o su creencia de que otros lo envidian, y su tendencia a la paranoia, es decir, a sentirse vigilado o perseguido muchas veces sin un motivo aparente.

6. Como inferiores a él

En la mente del narcisista, las personas que le rodean son siempre inferiores a él. Cuando la superioridad del otro sea muy evidente en el  campo que sea, especialmente ante los ojos de los demás, encontrara motivos suficientes para devaluarla y degradar la opinión positiva que los demás tengan de ella.

En el pódium de su grandeza, el narcisista no acepta compañía. Los demás están allí como floreros o monaguillos, pero él siempre estará en el centro. Por lo general, el narcisista tiene su pequeña corte de fieles aduladores, a quienes manipula según sus fines y que le sirven como fachada y entretenimiento.

Mucho del abuso emocional del narcisista, especialmente cuando busca combustible negativo, es decir, cuando hiere emocionalmente a la víctima o la humilla y desprecia, no tiene otro objetivo que demostrarse a sí mismo su superioridad, el control o dominio que tiene sobre los demás.

Para el narcisista no existe el concepto de relaciones humanas basadas en la igualdad de derechos o en la reciprocidad. Parte de su estrategia es hacer que la víctima se perciba frente a él como inferior. En este punto, sobre todo los narcisistas encubiertos, van destilando su veneno sutilmente, pasito a pasito,  erosionando día tras día la autoestima de la otra persona, hasta lograr desvalorarla completamente.

Matar la "esperanza":

Hasta aquí las características de cómo nos ven los narcisistas. Tomemos conciencia de esta realidad, y actuemos en consecuencia. Conceptos tan hermosos como amistad, amor de pareja, compañerismo, están completamente distorsionados a causa de su trastorno de personalidad.

Tener la expectativa de que el narcisista reaccione frente a nosotros como un verdadero amigo o un compañero es completamente ilusorio, y a larga puede hacernos mucho daño, porque hace posible que sigamos atrapados en las redes de nuestro depredador, o que volvamos a sus garras, perpetuando o recrudeciendo su abuso emocional y psicológico.

Si queremos librarnos del abuso narcisista tenemos que matar en nosotros esta esperanza.


@libresdelnarcisista

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